Campo de Gibraltar

Abejas contra avispones orientales en el Campo de Gibraltar

  • Los apicultores eliminan cada día cientos de ejemplares de esta especie invasora que amenaza ya a las colmenas y a la biodiversidad de la comarca

José Alconchel cuida de sus abejas con Los Barrios como telón de fondo. José Alconchel cuida de sus abejas con Los Barrios como telón de fondo.

José Alconchel cuida de sus abejas con Los Barrios como telón de fondo. / Erasmo Fenoy

Solo la mirada experta de quién se ha criado en estos montes puede verla. “Está ahí”, señala al árbol. Hay que afinar la vista, pero lentamente el ojo enfoca sobre una rama una pequeña figura marrón oscuro, con una extraña franja amarilla. El insecto hace un rápido movimiento y deja caer algo a plomo. Es la cabeza de la abeja que había atrapado y que le servirá de alimento. El hombre suelta entonces un fuerte golpe con el grueso guante que protege la mano derecha y busca en el suelo. “Una menos”, murmulla. Debajo de lo que parece un traje de astronauta está José Pedro Alconchel, el protector de estas colmenas entre las que se libra cada día una batalla por la supervivencia. En el campo yace una avispa oriental, una especie invasora que en el Campo de Gibraltar prolifera en las zonas urbanas y rurales y se ha convertido en una de las principales amenazas de las colmenas que apicultores más o menos profesionales cuidan desde hace años.

La Vespa Orientalis está poniendo en serio riesgo la supervivencia de cientos de miles de abejas en la comarca. Y poner en peligro a estos insectos es hacerlo con el propio ecosistema, que se sostiene gracias a su labor de polinización. Utilizan el polen y el néctar de las flores para alimentarse o para producir miel, por lo que a la vez que se alimentan y recolectan de los estambres de las plantas, transfieren semillas. La supervivencia de la flora depende de la actividad directa de las abejas que cuidan apicultores en Los Barrios, Tarifa o Castellar. La desaparición alarmante de las abejas -los científicos han constatado que entre 1985 y 2005 las poblaciones disminuyeron un 25% en Europa y el declive continua- no solo disminuye la biodiversidad sino que también significa que las cosechas y la producción de alimentos están en riesgo, según explica Alfonso Pecino, técnico de Acción Ambiental del Ayuntamiento de Los Barrios y un experto en el Parque Natural de Los Alcornocales.

La avispa oriental -no confundir con la asiática- es especialmente agresiva con estas fabricantes de miel, de las que se alimenta en un número de 25 a 50 ejemplares al día. Las mata con un golpe de mandíbula y las trocea para poder transportarlas hasta el nido. Casi siempre ataca a medio día y se ceba primero con las colonias más débiles. Alconchel se deshace de una decena en el rato en el que atiende a sus abejas. “Es una plaga”, advierte, “que nos está haciendo ya mucho daño”.

El apicultor muestra una foto de un avispero hallado en Los Barrios antes de destruirlo. El cambio climático está afectando el ciclo de vida habitual de estas especies, que se retrasa casi un mes en función de la temperatura. Alconchel recomienda hacer un sencilla trampa fabricada a partir de una botella de plástico transparente. Hay que cortar la parte superior, que se coloca invertida en el propio cuerpo de la botella. En el tapón se realiza un agujero de unos 9 milímetros que permita la entrada de la avispa oriental y que evite que entren otros insectos de mayor tamaño como mariposas. Dentro se puede poner vino, cerveza, zumo de arándanos e incluso una cuchara de miel. Una vez que el avispón entra ya no puede salir. Si se atrapa una reina, se evita que llegue al nido, que implica unas 2.000 obreras.

El peligroso avispón oriental. El peligroso avispón oriental.

El peligroso avispón oriental. / Erasmo Fenoy

Un artículo del Instituto de Estudios Campogibraltareños elaborado a partir de un estudio de los biólogos María del Carmen Fajardo e Íñigo Sánchez, alertaba hace meses sobre la presencia de esta avispa de gran tamaño que, supuestamente, ha llegado a la zona a través del Puerto algecireño, procedente de países como Italia, zona oriental de Africa y puntos del este europeo.  Aunque los adultos se alimentan de néctar, frutas, etc, cuando llega la fase de alimentar a las larvas, las obreras utilizan una dieta carnívora, atacando a las abejas y provocando en muchas ocasiones destrozos tremendos en las colmenas. Muchas veces matan y trocean más de las que pueden transportar. En esto se diferencian del avispón nativo, que a veces también ataca a las abejas, pero solo en la cantidad que necesita para alimentar a sus larvas.

El colectivo ecologista Verdemar alertó este verano de la invasión. “Representan un serio problema para la apicultura, ya que en las colmenas de abejas (Apis mellifera) pueden encontrar la mejor combinación de proteínas (abejas o larvas) y carbohidratos (néctar y miel) para alimentar a sus larvas”, apuntó la asociación. “Si las reinas han podido sobrevivir al invierno se deben eliminar antes de que la especie logre su pleno desarrollo y se establezca en las zonas de avistamientos”, apostilló.

Un escarabajo no autóctono y la Varroa, otros peligros

Estudios realizados en Israel, donde sí es autóctona, reflejan que la tasa de depredación estimada para esta especie sobre abejas melíferas es de 33 por cada avispón al día. También obtienen proteínas depredando otros insectos para alimentar a la cría de la colonia.

La avispa oriental no es la única amenaza de las colmenas. En los últimos años ha proliferado un pequeño escarabajo que supuestamente llegó en cargamentos de hortalizas desde el norte de África y que supone una plaga que ataca a las colonias más débiles, realizando en sus panales su ciclo de vida, lo que los destruye, y puede acabar con la colonia si no es capaz de defenderse. También puede atacar a los panales almacenados con miel, destruyéndolos igualmente. Alconchel abre las colmenas y muestra al pequeño escarabajo, un destructor contra el que también es difícil luchar.

La tercera batalla la libran los apicultores de la comarca contra la Varroa, un ácaro cuyo aspecto recuerda al de una garrapata que se adhiere al cuerpo de las abejas causándoles heridas, atacando a las crías y chupándoles la hemolinfa. En definitiva, debilita a las colmenas y las vuelve susceptibles al ataque de cualquier virus.

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