Real Balompédica Linense- Algeciras CF | La crónica Sonrisas y lágrimas (0-1)

  • El Algeciras vence a la Balona en La Línea y consuma su ascenso a la Pro

  • Los albinegros se aferran a sus remotas opciones para la última jornada

  • Edu Ubis decanta en el descuento un Clásico tenso y con pocas ocasiones

Antoñito, cabizbajo, tras el gol de Ubis en el Municipal.

Antoñito, cabizbajo, tras el gol de Ubis en el Municipal. / Erasmo Fenoy

La madre de todos los Clásicos solo podía contentar a uno. No existían medias tintas. Lo que para unos era una ocasión de hacer historia para otros era un todo o nada, por eso solo cabía un final con sonrisas y lágrimas. El Algeciras CF se apoderó de toda la alegría en La Línea y celebró su ansiado ascenso de categoría a la Pro, a la bautizada como Primera RFEF. La Real Balompédica Linense se quedó con todo el dolor y el llanto por dentro aunque muchos de sus parroquianos abandonaron el Municipal sin disimular el enorme disgusto.

El duelo de rivalidad del Campo de Gibraltar escenificó un triunfo albirrojo que ya forma parte del libro sagrado de éxitos del Algeciras. El equipo de Salva Ballesta obró el guion soñado por cualquier algecirista con una victoria en la casa del eterno rival. Bastaba con el empate después del resultado matinal del Tamaraceite en Huelva, sin embargo Edu Ubis hizo en el tiempo de descuento un gol que multiplicó al infinito la explosión de júbilo de un club y de una hinchada que saben como nadie lo que es padecer, sufrir y penar durante años y años. El Algeciras de Salva Ballesta rubricó con matrícula su salto de categoría una jornada antes de que termine la primera fase de la competición. Los del Nuevo Mirador pelearán como campeones del grupo IV-A de la Segunda B por el playoff de ascenso a Segunda. Un premio gordo en forma de regalo y sin la más mínima presión. Que se agarren los demás.

La Balona encajó un auténtico varapalo, la primera derrota de los linenses en su feudo desde diciembre de 2019, la primera en casa con Antonio Calderón en el banquillo. Y no podía ser más dañina. Pero la rueda del fútbol sigue girando y el conjunto albinegro se debe aferrar a una última jornada en la que dependerá de terceros para intentar aspirar a la tercera plaza en la que acompañaría al Algeciras en la segunda fase. Difícil, sí, pero no imposible. Y siempre quedará el camino largo hacia la Pro, que es otra forma de resarcirse con un ascenso.

El Clásico se libró como un partido grande y con la tensión propia de lo que había en juego. Qué pena que el Municipal de La Línea solo pudiese acoger a 800 espectadores por la limitación de aforo del dichoso Covid porque aquello habría sido una olla hirviendo. Las dos aficiones hicieron su parte. La del Algeciras despidió a sus guerreros en el Nuevo Mirador por todo lo alto y la de la Balona alentó y estuvo encima de los suyos hasta que el tanto de Ubis dictó sentencia en el minuto 93.

La Balona intentó repetir un partido como hizo ante el San Fernando, cuando mostró sobrados argumentos para superar al entonces líder, pero los de Calderón no tuvieron la pegada ni el desborde necesarios, sobre todo cuando en la segunda parte empezó a jugar contra la premura. El Algeciras planteó una estrategia y la bordó. Los de Ballesta demostraron que a la pelota también se puede jugar y ganar apretando los colmillos en defensa. Los visitantes tejieron un entramado consistente, jugaron con el reloj y pusieron la guinda en un último ataque en el que clavaron el aguijón que mataba las esperanzas linenses de un arrebato en el descuento.

La Balompédica entró al Clásico con la chispa esperada, con Paco Candela apretando a Yago en la salida de balón algecirista, con Antoñito y Koroma dando movilidad por las bandas y buscando algún resquicio para meter el balón en las entrañas del área de Vallejo, que se mostró infranqueable por arriba.

Ese dinamismo balono se reflejó en algunos centros con intenciones, en saques de esquina y en algún que otro balón comprometido en la frontal del área que siempre escupió la defensa del Algeciras. De hecho, Vallejo apenas tuvo que intervenir en el primer periodo. La Balona reclamó pasada la media hora una mano de un zaguero que se lanzaba ya de espaldas al césped tras un chut de Koroma, el más insistente. Difícil de apreciar incluso en la repetición de la televisión. Los de Calderón, no obstante, empezaron a perder empuje cuando Paco Candela pidió el cambio al sentir molestias. Luis Alcalde le relevó pero la Balona ya no funcionó a las mismas revoluciones.

La ocasión más clara de la primera mitad, sin embargo, fue para el Algeciras y la tuvo Raúl Hernández, la principal amenaza de los visitantes, en sus botas al filo del descanso con un disparo seco que abortó Nacho Miras con reflejos.

Tras el descanso, la Balona tuvo su llegada más clara en una acción a balón parado que cabeceó Mikel Fernández y despejó Vallejo detrás de la maraña. El Clásico, a partir del minuto 60, comenzó a virar poco a poco porque el Algeciras fue llevando el partido al terreno que quería. Los de Ballesta tuvieron más el balón y supieron parar el crono cuando la Balona se envalentonaba. El otro fútbol, que se dice, también entró en juego.

Calderón movió ficha con un cambio cuanto menos sorprendente al dar entrada a otro delantero, Iván Martín, por un defensa, Sergio Rodríguez -brillante en el primer periodo- para retrasar a Coulibaly. Minutos después tuvo que rectificar cuando quemó las naves con un triple cambio. Salva Ballesta, por su parte, se ciñó a la pizarra que traía montada y movió las piezas esperadas sobre su particular tablero de ajedrez. Uno de los refrescos, el ariete Edu Ubis, estaba llamado a hacer historia.

El último cuarto de hora fue el último toque de corneta de una Balona empujada por las gradas. Los de casa, con más corazón que claridad, intentaron poner cerco a un Algeciras que cada vez se defendía con más soltura a la hora de buscar un contragolpe. Y así fue como se decantó el Clásico cuando una pérdida de los albinegros acabó en una contra albirroja en la que Armando se metió hasta las cocina por la derecha para servir y que Ubis marcase con acrobacia. Un gol que silenció el Municipal por completo salvo por el banquillo de un Algeciras que ya no se pudo contener.

Mientras los balonos abandonaban el estadio resignados, tristes, entre lágrimas los más veteranos, sin pensar siquiera que la temporada continúa... Los jugadores del Algeciras festejaban sobre el círculo central. Es un ascenso y no uno cualquiera. Es un ascenso en la casa del eterno rival y un ascenso que abre la puerta a un horizonte esperanzador que apunta hacia las cotas más altas con el sueño de la Segunda A como una posibilidad.

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