Ultimátum al Ayuntamiento y un matrimonio concertado
El Sexenio Democrático en Algeciras (1868-1874)
El Gobierno refuerza posiciones y envía tropas mientras Algeciras demuestra otra vez su valor estratégico ante la inquietud creciente norteafricana
Las autoridades provinciales dictan normas presupuestarias mientras clero y ciudadanos debaten asuntos religiosos y políticos en una España socialmente exhausta
Ricos sustituidos por pobres sustitutos en Algeciras
El mes de octubre, siguiendo la estela de aquella época, también comenzó con sobresalto teniendo, en este caso como escenario, el hasta entonces “tranquilo” norte de África. Ciertos movimientos entre las kábilas más belicosas habían alertado al Ministerio de la Guerra; y nuevamente Algeciras, especialmente su fondeadero, volverían a tener la oportunidad de demostrar su gran importancia estratégica: “Si de Málaga salió el vapor San Antonio conduciendo á Melilla 266 individuos de tropa y 200.000 cartuchos, de Algeciras han salido también dos compañías de tropa para Ceuta con sus almacenes”.
Con la esperanza de que los kabileños ánimos se calmaran, prosigue la actividad política y administrativa en las corporaciones locales. Por aquellos días se ordena desde la administración provincial: “Publicar en el Boletín Oficial de la Provincia una circular minuciosa dictando reglas á las cuales deberán ajustarse los Ayuntamientos en la redacción de los presupuestos municipales del actual ejercicio y propuestas de medios para cubrir el déficit y encargar al negociado presente redacción de los ayuntamientos que aún se hallan en descubierto”. Recordemos que, recientemente, el Ayuntamiento de Algeciras había recibido un “recordatorio”, junto a los de Vejer y Villamartín, en el cual se le concedían ocho días para que remitiera las cuentas municipales correspondientes a los años de 1868 y 1869, bajo la clara amenaza de la imposición de una multa por valor de 500 rv.
Al mismo tiempo que se dictan reglas para facilitar que los ayuntamientos cumplan con la preceptiva normativa, otro tipo de reglas -y de privado carácter- se respetan escrupulosamente, como así lo demostraron y procedieron: “Francisco Alba Frurado, Abogado de los Tribunales del Reyno, Fiscal del Juzgado Municipal de Algeciras, á cuyo domicilio pertenece y dice: Que tiene concertado celebrar matrimonio, según el orden de nuestra Santa madre la Iglesia, con la señorita Dña. Juana Labado y Cabezas, soltera, hija de Dn Juan Labado Nó y de Dña. Ana Cabezas, á cuyo acto no puede concurrir como tampoco á prestar dicho y con conformidad previa en el expediente matrimonial por impedírselo las funciones del cargo que ejerce para que por su ausencia no deje de tener efecto en la forma marcha y por derecho [...] dá y confiere poder á Dn Juan Labado Nó, padre de la novia, para que le represente su persona en el expediente matrimonial su dicho y conformidad y para que oportunamente se despose por palabras de presente que constituyen verdadero y legítimo matrimonio con la citada su hija Dña Juana Labado y Cabezas, precedidas las amonestaciones que previene el Santo Concilio de Trento [...] la reciba por su esposa y mujer suya, pués desde ahora la quiere y admite como tal”.
Siguiendo dentro del contexto civil-religioso, un tema -además de las incursiones carlistas, el levantamiento bereber y el sangrante problema de Ultramar-, ocupa y preocupa muy seriamente a las autoridades religiosas hispanas: “La cuestión de la infalibilidad del Papa agita mucho los ánimos en Alemania. En el Congreso de los Católicos que se llama de Viejos, se ha reunido una junta de delegados protestantes alemanes y han votado una resolución en la que consignan: que ese dogma sirve para atacar la soberanía del Estado moderno y en particular del Estado alemán, y amenaza la libertad del espíritu, de conciencia y en general la civilización entera. En su consecuencia los protestantes alemanes y todo el pueblo alemán se cree en el deber de organizar contra ese dogma una oposición enérgica y de evitar muy seriamente los serios peligros que envuelve”.
Recordemos que el pueblo alemán había sufrido recientemente el conflicto contra Francia, arrastrando la pérdida de 52.000 soldados y 200.000 civiles; sobrándole, por tanto, motivos suficientes para que su sociedad afrontara los terrenales problemas resultantes de la guerra, como: la falta de todo los más básico para su población, y no otras cuestiones tan espirituales a la par que constitucionales que bien podían esperar. En la neutral España, entre quejas y críticas hacia el gobierno por la no supresión de las Quintas ni del Consumo y la más que evidente carestía de la vida, no faltó púlpito religioso, ni tertulia de rebotica, ni mucho menos mentidero de café donde ocuparse y también preocuparse del tal asunto. Trento y la Contrarreforma aún estaban muy presentes.
Siguiendo en la nada “celestial” España de aquella época; y ante tanta presión política y social, más de uno se preguntó: “¿A ver que hace Ruiz Zorrilla?”. Y don Manuel, ante tanta presión exterior e interior, harto de la incomprensión de los opositores y cansado de las zancadillas de sus correligionarios, presentó su dimisión nada más comenzar el otoñal octubre. Aquel cuyo nombre sería puesto al tramo alto de la popular y algecireña vía llamada Secano sería sustituido por el natural de San Fernando (cañaílla por tanto), José Malcampo, marino nacido en buena cuna, quién habría de esperar hasta las navidades de aquel 1871 para hacerse cargo de la Presidencia del Consejo de Ministros. Su marítima ruta política naufragaría pronto.
Puesto a esperar, quién no tenía espera alguna era la Hacienda Pública; y, muy especialmente, las siempre exiguas y pobres arcas municipales como la algecireña. Y es por ello, como por el fiel cumplimiento de su obligación ciudadana, por lo que el vecino de Algeciras, José Apolinario (del que se ha hecho referencia en un capítulo anterior), remite escrito a la alcaldía de la calle Alfonso XI, en los siguientes términos: “Sr. Presidente de este Ayuntamiento. Dn José Apolinario y Fuentes, de esta vecindad, como administrador notorio del Comandante de Ynfantería de Reemplazo Dn Joaquín Gallardo de la Banda á VS con el debido respeto, dice: Necesitando hacer constar que su representado posee en esta Ciudad una casa gnral. de dos cuerpos en la calle del Río de la misma nº 12 de Gobierno y que la Contribución que por ella satisface es la que expresa el recibo que acompaña respectivo al 1er trimestre del año Económico actual, que tiene satisfecho su importe dieciocho pesetas y cuatro céntimos, procede g. por el Secretario del Cuerpo Capitular se certifique á continuación con el Visto bueno de VS ser dicha contribución en efecto la que está repartida á la mencionada finca y que hecho se me entregue original para los usos convenientes. Suplico se sirva decretarlo así con la espera de su justificación. Firma José Apolinario”.
Resultando del reseñado escrito la siguiente respuesta municipal: “Dn José Díaz y Ramírez, Secretario del Ayuntamiento Constitucional de ésta Ciudad Certifico Que en los amillaramientos formados por dicha corporación para el repartimiento de la Contribución de Ynmuebles del presente años económico aparece comprendido bajo el nº 102 Dn Joaquín Gallardo con una casa vaja, Calle del Río nº 12 por cuyo concepto paga en el expresado año bajo el número 104, ochenta y cinco pesetas y veinte céntimos teniendo en completa ruina amillarado los altos de dicha casa. Y con la debida referencia libro la presente de orden del Sr. Alcalde [...] Firmas y sello" . Y es que, como dijera cierto personaje galdosiano de la novela Ángel Guerra (1891), "los españoles somos pueblo hidalgo y acomodado, pagamos religiosamente las contribuciones y obedecemos á quién manda; nos apreciamos de católicos, apostólicos y romanos, y vivimos en paz con Dios y con el César”.
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