Ricos sustituidos por pobres sustitutos en Algeciras
El Sexenio Democrático en Algeciras (1868-1874)
La sociedad algecireña utiliza mecanismos legales de sustitución y recursos económicos para afrontar de forma desigual las obligaciones militares y administrativas del Estado
Un recluta algecireño y un italiano afincado en Algeciras
Quizá por lo contraria que estaba la población algecireña en general -y especialmente su Ayuntamiento- con la citada Ley de Reemplazos; lo cierto era que la tal posibilidad legal de sustitución se hacía de modo muy “privado” casi a escondidas: "Algeciras. José Calderón Macías. Presentó como sustituto al paisano Ignacio de San Vidal Expósito. Medidas fueron las de 1.602 milímetros y reconocido los facultativos lo consideraron útil para el servicio. En su virtud la Comisión acordó admitir la sustitución sin perjuicio de la comprobación de los documentos y reclamación de algunos si faltara". El segundo apellido del sustituto (Expósito) bien puede aclarar de dónde podría nutrirse la posibilidad de eludir el servicio militar mediante la legal figura de la sustitución.
En igual circunstancias que el sustituido Calderón Macías, procedió el también algecireño: "Francisco Alcoba Mateos, presentó como sustituto al paisano Salvador Ruiz Ramírez tallado tuvo la de 1.732 y reconocido resultó útil para el servicio militar. En su virtud la Comisión acordó admitir interinamente la sustitución sin perjuicio de la comprobación de los documentos presentados y reclamación de algunos si faltasen. Siguiendo a los anteriormente nombrados, procedió en la misma acción: Antonio Parra y Farrera. Presentó como sustituto al licenciado del Ejército Ramón Hinojo Benasido. Tallado fueron 1.611 milímetros y reconocido por los facultativos lo consideraron útil para el servicio Militar. En su virtud la Comisión acordó admitir interinamente la sustitución sin perjuicio de la comprobación de la documentación presentada y reclamación de alguna si faltasen". Muchos de aquellos licenciados que habían sobrevivido al infierno de la disentería o la malaria en Ultramar, volvían a su patria sin posibilidad de asegurarse un porvenir y sintiéndose desplazados por lo mucho padecido. En estos traumatizados licenciados encontró la reseñada y legal figura del sustituto una muy buena cantera.
Al mismo tiempo que los algecireños expresados intentan eludir legalmente su obligación para con la patria, otros, en otro contexto, asumen la suya en su privada esfera: "José Apolinario Fuentes, y el sexagenario Juan de Arcos Vera. El primero como representante del segundo y este último como administrador de: Dña. María Josefa Izquierdo Gallardo de Ramiréz, viuda de D. Rafael Ramírez Arroyo, y de los hijos de esta: Cristóbal, Juan y Ana Joaquina Ramírez Izquierdo, todos vecinos de la ciudad de Sevilla, y del tío abuelo por parte materna de estos, D. Joaquín Gallardo de la Banda, Comandante graduado y capitán de Infantería vecino de Motril (Granada) [...] procediendo D. José Apolinario a poner en nombre de los anteriores en venta una casa sita en calle Río número 11, compuesta de dos cuerpos divididos cada uno en ocho habitaciones, el bajo distribuido en cinco viviendas con dos patios, teniendo por vecino a la derecha a D, Antonio López y a su izquierda á Dña Dolores Fontanilla de Guerrero, sin que esté asegurada de incendios[...] Siendo adquirida por el también vecino de Algeciras, D. Juan Bautista Poch y Ferrer en la cantidad de 4.500 pesetas ó sean 18. 000 reales".
El reseñado comprador, Juan Bautista Poch y Ferrer, junto a su socio y familiar Narciso Poch Marquez, eran dos industriales dedicados al aprovechamiento privado de los montes públicos. Juan Bautista, además, poseía diferentes inmuebles repartidos por la ciudad, como por ejemplo el número 32 de la calle de Las Huertas o el número 33 sito en la calle Larga. Narciso Poch -su socio-, era un prestigioso abogado local, propietario de los montes de La Arreijanosa (sic) y tejar sito en la llamada Huerta del Carmen; viudo de Isabel Zuloaga y Van Halen, tenía cuatro hijos: María de los Dolores, Victoria, Isabel y Juan Poch Zuloaga; teniendo su domicilio en la calle de Carretas. También poseía otros inmuebles repartidos por la ciudad como los números 17 y 18 de la calle Río, el 16 de la calle de Jerez o una casa sin numerar en la calle de San Quintín, banda sur del río de la Miel, junto al conocido almacén de los hermanos Santacana.
Y mientras los citados compradores y vendedores legalizan su situación, el Ayuntamiento de Algeciras recibe un apercibimiento por no actuar en legal consecuencia, según reza el siguiente texto: "Disponer se dirija recuerdo á los Alcaldes de Algeciras, Vejer y Villamartín, pª qe en el término de 8 días y bajo multa de 500 rs remitan las cuentas municipales del año económico 1868 á 69". Al mismo tiempo que su ayuntamiento recibe el administrativo “tirón de orejas” por no cumplir con sus obligaciones, un joven algecireño cumple con las suyas ante las autoridades castrenses, cuando según su expediente: "Rafael Orozco Palomo que se hallaba pendiente de observación y curación en la Caja fue reconocido nuevamente por los facultativos, quienes lo consideraron útil para el servicio militar por lo que la Comisión lo declaró soldado definitivamente".
Con la misma ansiedad que la que el joven algecireño buscaba la declaración de inútil, se cierra el itinerario del viaje real persiguiendo el Visto Bueno de los súbditos que serán visitados por la regia familia, a saber: Aragón, Cataluña y Valencia. Muchos y variados fueron los comentarios y críticas hacia este viaje, como por ejemplo: "La obligación impuesta a las operarias de una fábrica de costear un ramo de flores cada una so pena de ser despedidas". Otros hablan de la comunicación oficial recibida en el republicano Ayuntamiento de Játiva, para que saliera su corporación a recibir al hijo de Victor Manuel, de forma obligada, con: "Semblante, alegre y risueño". En su caso los amadeistas opinan que: "La situación está de pésame para carlistas, republicanos, unionistas y moderados. La nueva dinastía tiene ya más fuerza que un gigante". Tan solo bastarán unos meses para demostrar que el gigante tenía los pies de barro.
La situación política nacional, al parecer, crea tal tensión entre la clase política de medio pelo, que no pocos concejales gaditanos solicitan días de descanso a la máxima autoridad de la provincia: "Ayuntamiento de Medina, Francisco Álvarez Giménez, á quién se concede dos meses de licencia para atender el restablecimiento de su salud [...] Se acordó conceder otros dos meses de licencia con el mismo objeto al de Algeciras, D. Diego Bernal Barroso". Y así con esta pequeña epidemia entre los provinciales políticos, finalizó tan septembrino mes y verano de 1871.
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