Algeciras El Río de la Miel entra en estado de alarma

  • El paraje natural es uno de los puntos más representativos de Algeciras, pero desde hace tiempo las organizaciones ecologistas denuncian la acumulación de basuras en el entorno

Residuos acumulados en el sendero del Río de la Miel. Residuos acumulados en el sendero del Río de la Miel.

Residuos acumulados en el sendero del Río de la Miel. / Erasmo Fenoy

El Río de la Miel es uno de los lugares más icónicos de Algeciras. El sendero que parte de la barriada de El Cobre y discurre a través del valle es recorrido cada semana por un gran número de visitantes que desean recuperar el contacto con la naturaleza

Junto con la Garganta del Capitán, es uno de los puntos más reconocibles de Algeciras. Es raro encontrar a un algecireño que no haya ido nunca a este sendero. En su parte final, el visitante se encontrará con varios molinos, uno de ellos abandonado, así como con cascadas que poco harían pensar que nos encontramos a pocos kilómetros de una urbe. Pero este paraje no puede acoger a un número ilimitado de visitantes. La presencia de demasiados senderistas puede dañar la naturaleza.

El estado de alarma ha dado un respiro al Río de la Miel. Sin la afluencia de visitantes, la naturaleza ha podido respirar, pero tras el confinamiento, las ganas de disfrutar del aire libre se han disparado entre los algecireños y los visitantes que acuden a la zona y el río de la Miel ofrece una alternativa a las a veces masificadas playas del Campo de Gibraltar. El problema viene cuando el volumen de personas que visitan la zona es más elevado de lo que el propio entorno admite. Desde hace años, las asociaciones ecologistas de la comarca denuncian la masificación del entorno y el daño que eso puede producir al medio ambiente.

Tanto Agaden como Verdemar señalan la falta de civismo de una parte de los visitantes al Río de la Miel. Además de la acumulación de residuos, la elevada afluencia tiene otros efectos negativos, como el pisoteo o la rotura de ramas. Según destaca Javier Gil, portavoz de Agaden, en el entorno existen especies de helechos amenazadas que sufren un incalculable daño cuando los visitantes las pisan en su camino. Gil destaca que las conductas incívicas hacen un "daño considerable al valle de El Cobre".

Otro de los problemas que encuentran ambas asociaciones ecologistas es la presencia de bañistas en las pozas. El sendero acaba poco después del abandonado molino del Águila, a la altura de la primera poza, donde un pequeño muro delimita el final del sendero, y el paso más arriba no está permitido. Más allá de este punto, no es raro encontrar visitantes que suban para darse un baño e incluso pasar el día en alguna de las pozas.

Falta de vigilancia

Los ecologistas alegan que las administraciones deberían hacer más para evitar esa gran afluencia de personas. Desde Verdemar, su portavoz Alfredo Valencia incluso llega a proponer medidas estrictas si la situación no mejora. "Debería haber un mayor control in situ", opina. Estas medidas cristalizarían en la imposición de multas a todo aquel que tire residuos al entorno e incluso propone, en un caso extremo, que se limite el aforo a la zona para terminar con la masificación, más en una época en la que el riesgo de incendios es elevado.

En Agaden lamentan que las mismas autoridades que ofertan el sendero luego no se preocupen de su propio mantenimiento. Gil explica que el Ayuntamiento de Algeciras ofrece la visita al río como una de las actividades de su programa de verano 2020, pero luego no se encarga de su correspondiente mantenimiento. "Igual que se limpia la playa, el Río de la Miel es parte del ocio de la ciudad y es necesario hacer una limpieza y vigilancia de la zona", comenta. El portavoz de Agaden añade que parte de la ruta entra en el Parque Natural de los Alcornocales, por lo que insta a ambas instituciones a ponerse de acuerdo para esa ansiada limpieza.

Este mismo domingo, el consistorio algecireño ha lanzado una nota con el objetivo de concienciar a los ciudadanos de la necesidad de cuidar el sendero del Río de la Miel, aunque sin ninguna medida práctica, tal y como reclaman Agaden y Verdemar. Desde el Ayuntamiento piden el cumplimiento del decálogo de buenas prácticas del parque de los Alcornocales, que incluye mantener la distancia de seguridad y llevar mascarilla, llevar la basura al contenedor más próximo, no salir de los senderos señalizados, así como la prohibición de encender fuegos, capturar animales, pescar y recolectar plantas o minerales.

La concejal delegada de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, Laura Ruiz, ha insistido en que “está totalmente prohibido el baño recreativo en este enclave natural, así como recordar a los visitantes que el sendero finaliza a la altura de la primera poza, existiendo un murete de piedra que así lo indica; con lo cual, continuar más allá no está permitido, de nuevo por razones de seguridad para las personas y por la existencia de flora y fauna amenazada y/o en peligro de extinción”.

Nuevos residuos

La vuelta del confinamiento también debe hacernos tener cuidado con unos nuevos residuos que hasta ahora no estaban presentes y pueden ser potencialmente peligrosos para cualquier paraje natural: mascarillas, guantes y recipientes de gel hidroalcohólico. Su riesgo no está solo en su potencial para expandir el coronavirus, ya que puede ser un agente de contagio, sino también en el tiempo que permanece presente en el medio ambiente. Según explican desde Verdemar, una mascarilla quirúrgica puede tardar varios cientos de años en degradarse totalmente. Pero el peligro no se queda ahí. Las gomillas también se pueden enganchar en algún animal y favorecer su asfixia.

El Río de la Miel sigue siendo uno de los puntos de más belleza de Algeciras, pero si no lo cuidamos, su entorno puede verse amenazado. En todos está respetarlo y conseguir que lleve en buenas condiciones a las próximas generaciones.

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