Algeciras

El octavo yate más grande del mundo, de escala en Algeciras

  • El yate Yas, un antiguo navío de guerra holandés, pertenece al jeque árabe Hamdan Bin Mohammed bin Rashid Al Maktoum

Dos personas limpian el casco del 'Yas' en el dique norte de Algeciras, este jueves. Dos personas limpian el casco del 'Yas' en el dique norte de Algeciras, este jueves.

Dos personas limpian el casco del 'Yas' en el dique norte de Algeciras, este jueves. / Jorge del Águila

Una escala singular. El dique norte del Puerto de Algeciras acoge esta semana el buque de recreo Yas, considerado el octavo yate más grande del mundo y propiedad del jeque árabe Hamdan Bin Mohammed bin Rashid Al Maktoum.

En origen fue un navío de guerra de Holanda, reconvertido desde hace años en un lujoso salón flotante que cuenta con piscina, aeródromo y todo tipo de comodidades. Durante la jornada de este jueves se encontraba en labores de limpieza y mantenimiento, con personal de varias empresas trabajando sobre el yate.

El Yas mide 141 metros de eslora por 14,4 de manga y tiene bandera de las Islas Caimán. Cuenta con una tripulación que alcanza el medio centenar de personas.

Sobre el buque rigen especiales normas de seguridad para garantizar la privacidad de su propietario y allegados, según recogió Diario de Cádiz en un reportaje publicado a principios de año. Cádiz es el puerto de invernaje del buque, en el que pasa los meses previos a la temporada de navegación estival.

Cualquiera que quiera acceder al barco con autorización, sin formar parte de las entre 40 y 50 personas que forman de su tripulación, lo primero que tiene hacer es firmar un contrato de confidencialidad en el que se impone una serie de normas. Entre ellas, evidentemente está la prohibición extrema de hacer fotos del interior del buque. Otra norma, posiblemente la más dura, es que el visitante puede preguntar lo que quiera sobre el jeque, con el único impedimento de que nadie le responderá, ya que la tripulación tiene terminantemente prohibido hablar del dueño del barco.

Pero el contrato no es menos singular que otras normas que impone directamente la tripulación. Entre ellas, queda prohibido tocar las paredes del barco, hay que andar por sus dependencias con una especie de patucos para no ensuciar el suelo. Y si quiere sacar el móvil sólo le estará permitido si es para llamar y siempre en presencia de un miembro de la tripulación que le acompañará en todo momento.

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