HISTORIAS DE ALGECIRAS | EL TRIENIO LIBERAL La reedificación del puente del río de Palmones

  • El desencuentro entre los cargos locales se agudiza, llegando el tema hasta los tribunales mientras la administración a duras penas prepara un proyecto para cruzar el curso fluvial

Imagen de época de la ciudad de Algeciras Imagen de época de la ciudad de Algeciras

Imagen de época de la ciudad de Algeciras

A la espera de mayores y necesarios cambios en los procedimientos en la concepción de la nueva y liberal administración española, el consistorio local algecireño, se ha de enfrentar a la oposición que desde su posición de juez de instrucción realiza el desbancado y constitucionalista exalcalde Pedro Barte, viéndose forzada la institución a enviar una exposición: “Que hace el Ayuntamiento de Algeciras, para que se diga al juez letrado […], que no está en sus atribuciones intervenir en el manejo de Caudales que dicha Corporación tiene á su cargo”. Que difícil, al parecer, resultó asumir la realidad vigente. El tiempo le daría otra oportunidad.

Y nuevamente el vecino de Algeciras con propiedades en San Roque vuelve a dirigirse al jefe político del Partido, en los siguientes términos: “Dn Antonio de los Santos Izquierdo, vecino de esta Ciudad de Algeciras […], quejándose del Ayuntamiento de Sn Roque por no haber cumplido las reiteradas órdenes que se le han comunicado para que no incluyese en el marcolado (márcola o herramienta para limpiar árboles) que está haciendo a las leñas de su propiedad”.

Otro vecino de nuestra ciudad, se dirige al mismo órgano unipersonal para hacerle saber, que: “Dn Lorenzo Arata y Ortiz, para que se le confiera una de las cuatro plazas de procurador que deben crearse en la Ciudad de Algeciras”. Sin especificar el cumplimiento de los supuestos requisitos exigidos. La sombra del “recomendado”, seguiría presente por los pasillos de la administración española per saecula seculorum.

Mientras estos hechos ocurren, las vidas de los algecireños transcurren con la normalidad lógica en el devenir de cada individuo. Tal fue el caso de un vecino de nuestra ciudad y la enfermedad que padecía: “Instancia que registra Antonio Ydalgo (sic) quinto en el sorteo que se realizó en Algeciras en el anterior año de 1819, en la cual hace mérito de la enfermedad reumática que dice padecer para que se le exonere del servicio […], acodándose se diga al interesado exponga su enfermedad en los reconocimientos por el Cuerpo ó Cuerpos en el que sirvió, para qué, si fuese verdaderamente inútil se le despache su licencia. Advirtiéndole que de ninguna manera, puede producirlo en el día como agravio respecto á que no aparece su reclama en el tiempo oportuno en que debió hacerlo”. Nuevamente las trabas de la administración dificulta la acción ciudadana.

Al mismo tiempo que la atemporal instancia del reumático local, prosigue su devenir administrativo, el jefe del Partido, recibe de las autoridades provinciales la siguiente documentación oficial: “De acuerdo a la Orden de 19 de Julio, se prohíbe la entrada de jabones extranjeros en las Yslas Antillas”. Otra:“Orden de 21 de Julio que señala método que debe seguirse en las causas de los Guardias del Rey”. Siguiente:“Orden del 29 del mismo sobre derechos que deben pagarse sobre la extracción del aceite”. Continúa la remisión oficial:“Orden para que la Junta de Montepío militar entienda de los expedientes sobre pensiones que designa”. Otras: “Decreto del 17, concediendo indultos general á las personas que sean capaces de él”. Y, por último en aquella valija institucional: “Orden relevando del cargo de Ministro de la Guerra al Marques de las Amarillas”. En definitiva: nada de nada. Ni la más mínima normativa que pudiera hacer frente a los muchos problemas de los ciudadanos de la comarca del Campo de Gibraltar.

Eso sí, como muestra de la gran preocupación de los nuevos gobernantes: “Se reforma el mapa geográfico de los Partidos de Cádiz, según Decreto del 19 de Agosto por el que se aprueba nueva división de Partidos de los Pueblos de esta provincia y asigna las dotaciones de los alguaciles”. Quedando el Partido de Algeciras, como estaba. Ni en eso hubo cambios.

Mientras la nueva administración central y liberal, se sigue olvidando como la anterior -igual de central pero absolutista- de la comarca, el desencuentro entre los cargos locales se agudiza, llegando el tema hasta los tribunales, teniendo que intervenir las autoridades provinciales: “Exposición del Alcalde Primero de Algeciras Dn Juan Casaus á los oficios del segundo Alcalde DnIldefonso Almenara, advirtiendo la Excma. Diputación que este asunto ha tomado ya el giro judiciario, acordando siga su procedimiento […], advirtiendo que no tiene atribuciones para impedirlo”. Difícil solución podrían tener los problemas de los algecireños si sus autoridades locales estaban en guerras politico-particulares con carácter permanente.

Por aquellos días de desencuentros políticos locales, una buenanueva para la comarca, llega hasta el despacho del jefe político subalterno del Partido de Algeciras: “De acuerdo al dictamen de la Comisión Provincial de Justicia […], en el que se demuestra la necesidad de reedificar el Puente del río Palmones, ha acordado no se ofrece reparo en conformarse con el arbitrio que se propuso para atender este objeto de la renta del producto de la suerte de dos leñas en los montes comunes del término, que dice necesitar de limpia y tala para el fomento del arbolado, con tal que se sea de la pertenencia expresada, cuidando de remitir, como ofrecen los expedientes luego, que se concluyan los términos legales que se están siguiendo”. Tocaba esperar el montante resultante del arbitrio, que la cantidad fuera suficiente, y en tal caso el inicio de las obras.

Al mismo tiempo que las tan necesitas obras del puente de Palmones, al parecer, debían esperar para sus inicios toda una carambola económico-administrativa, el siempre cumplimiento de la normativa tributaria por el Ayuntamiento algecireño, que no pocas desavenencias le había originado con las autoridades provinciales, pasaba por la sesión correspondiente: “Oficio del Ayuntamiento de Algeciras en que manifiesta ha acordado el cumplimiento de la orden de 7 de Septiembre sobre los dos tercios de contribución […] acusando el recibo de la orden expresada”.

A la vista de una consulta del cabildo local, se tardará aún más en el inicio de las obras del puente del río Palmones y los arbitrios necesarios para su ejecución: “Consulta que hace el Ayuntamiento de Algeciras para que se le designe, si los montes que hasta ahora se han tenido como propiedad común y se reclaman como particular, se ha de incluir ó no en el repartimiento de bellota para el común de vecinos”. El momento no podía ser más inoportuno para este tipo de reclamación, teniendo en cuenta el papel de mediador al que estaba obligado por ser cabeza del Partido el consistorio algecireño.

Extracto sobre necesidad de reedificar puente del río Palmones. Extracto sobre necesidad de reedificar puente del río Palmones.

Extracto sobre necesidad de reedificar puente del río Palmones.

En otro orden de cosas, en su guerra particular con el Consejo de San Roque, el vecino de Algeciras, Antonio de los Santos Izquierdo, reitera: “Sus quejas contra el Ayuntamiento de Sn Roque, porque no le deja en posesión del arbolado que tiene en sus tierras”. Otro vecino, pero esta vez desde otra cercana provincia, presenta la siguiente petición ante el registro algecireño: “DnJosé María de Castro, solicita desde Málaga para que se le conceda una moratoria para pagar al Ayuntamiento de Algeciras, una cantidad de trigo que adeuda á su Pósito”. De igual modo procede Juan Morales, sobre la base de los servicios que prestan particulares al municipio, quién: “Reclama de los fondos de Propios de Algeciras, el pago de la conducción de quintos á Sevilla”.

De regreso al pendiente asunto de las plazas de procurador, se insta: “En vista de la solicitud de Dn Manuel Delgado para que se le confiera una de las cuatro plazas de agente procurador que deben crearse en Algeciras; se acordó remitirla al Excmo,. Sr. Gefe Superior Político á fin de que se sirva dirigirla á Ayuntamiento y Jueces de primera instancia de Algeciras para que con devolución informe separadamente sobre la conducta moral y política del pretendiente, su instrucción y si tiene algún caudal o rentas de que subsistir, ó habrá de verificarlo con solo los rendimientos del oficio de procurador que solicita, siendo extensivo el informe á calificar las circunstancias del pueblo en vecindario, riqueza, número de procuradores que existen y si el servicio público y pronta administración exije se provea la exigida plaza, o no hay necesidad de ella”. Recayó igual acuerdo sobre instancias promovidas por: “Dn Juan de Dios Puche del mismo vecindario; Dn Manuel Lorenzo y Arata Ortiz, del vecindario indicado; y Dn Antonio Blanco, vecino de la ante dicha Ciudad de Algeciras”.

De vueltas al contencioso entre los ediles algecireños se documenta: ”En consecuencia tras lo expuesto por el Ayuntamiento de Algeciras relativo á la acción que se intentó contra el Alcalde primero constitucional […] se acuerda se devuelva á dicho Ayuntamiento expediente original que pide de lo que se actuó de orden de aquel Gefe Político Subalterno y que se le diga que esta Corporación ratifica su acuerdo anterior de este asunto, y siga sus tramites judiciales por no tener entre sus atribuciones medios para impedirlo”. Las instancias superiores, al parecer, se lavan las manos. Prosiguiendo el controvertido asunto: “Oficio del Ayuntamiento de Algeciras, exponiendo las razones que ha tenido el segundo Alcalde con el Juez de primera instancia por haberse negado á otorgar á dicha Corporación la justicia que ha reclamado contra su primer Alcalde”.

Sobre este particular, se recibe en la comisión competente, el siguiente: “A la de Justicia, testimonio que remite Dn José Casaus de Algeciras para calificar las siniestras intenciones con que ha procedido el Excmo. Ayuntamiento hasta despojarlo de las funciones de Alcalde primero”. Dada la grave problemática de todo tipo que acuciaba al Partido de Algeciras y a la propia ciudad en aquellos primeros tiempos de cambio de sistema de gobierno, bien viene a colación -a tenor del comportamiento de ambos ediles-, la quijotesca aventura en la que narra las vicisitudes de los dos regidores rebuznadores; dando pie a parafrasear al Manco de Lepanto, para expresar: “Pues si bien rebuzna el primero, no le va en zaga el segundo Alcalde”. Y mientras tanto la ciudad y la comarca seguían sufriendo sus seculares problemas de todo tipo.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios