Directo
Última hora de los ataques a Irán

Guardería en Los Pastores, Algeciras: 'Another brick in the wall'

El territorio y sus signos

El edificio se define por una composición dinámica de volúmenes de diversos tamaños y alturas que se superponen y retranquean, creando patios y porches

Esta disposición da lugar a una imagen cambiante que se intensifica o suaviza a lo largo del día, en función de la luz solar y sus sombras

Intervención en el castillo de Jimena de la Frontera: 'The sound of silence'

Vista general del centro de educación infantil de Los Pastores, en Algeciras. / Erasmo Fenoy

"Cómo es verdaderamente la ciudad bajo esta apretada envoltura de signos, qué contiene o esconde"

('Las ciudades invisibles'. Italo Calvino)

En 1972, los arquitectos Fernando de la Cuadra Durán y Joaquín Barquín y Barón, ambos de familias con tradición en el ejercicio de la arquitectura, proyectaron, por iniciativa privada, una guardería en la barriada de Los Pastores, en las afueras de Algeciras. Esta barriada se caracteriza por una trama de baja densidad generada principalmente por viviendas unifamiliares, sin referencias arquitectónicas significativas que cualifiquen el espacio urbano. En concreto, la parcela reservada para la guardería se ubicaba junto a la Carretera Nacional 340, y constaba de una topografía escalonada.

El aspecto exterior del edificio se define por una composición dinámica de volúmenes de diversos tamaños y alturas que se superponen y retranquean, creando patios y porches. Esta disposición da lugar a una imagen cambiante que se intensifica o suaviza a lo largo del día, en función de la luz solar y sus sombras. Esta operación de fragmentación volumétrica no solo cumple un propósito estético, al diferenciar y dar identidad a las áreas funcionales del edificio, sino que también permite acomodar eficazmente el programa requerido a la topografía de la parcela mediante el uso de diferentes plataformas.

Además, esta estrategia hace que el edificio se perciba como un juego de distintas piezas, con una escala más adecuada a sus usuarios principales, los niños, en lugar de como un bloque institucional compacto. Las fachadas del edificio se crean mediante variaciones de planos ciegos y aperturas controladas de huecos, lo que da lugar a diferentes matices según la ubicación de cada fachada. La fachada principal, orientada a la calle de acceso, se presenta como un plano cerrado que protege la intimidad del interior, que se perfora estratégicamente para indicar la entrada. Por otro lado, las fachadas interiores se abren generosamente a los patios con los que el edificio se disuelve en la parcela mediante grandes huecos acristalados que permiten la continuidad visual y funcional entre interior y exterior.

Uno de los huecos acristalados de la fachada. / Erasmo Fenoy

El programa de la guardería contiene aulas diferenciadas por grupos de edad, espacios de descanso, aseos, comedor y cocina, áreas administrativas y espacios comunes. Estos elementos se despliegan según una planta, de traza esencialmente ortogonal, que se quiebra y se adapta al solar. Su diseño se basa en un sistema modular que conecta las aulas con una serie de patios, extendiendo el espacio de aprendizaje al exterior y creando una transición fluida entre ambos.

Estos patios, rodeados por muros bajos que delimitan las zonas de juego, crean espacios seguros y abiertos para los niños. Las comunicaciones del conjunto se basan en la claridad y la corta distancia de sus recorridos, lo que evita la confusión a sus usuarios. El vestíbulo del edificio, al que se accede mediante una pasarela quebrada que resuelve la diferencia de cotas con el exterior, muestra la organización general de las circulaciones. Estas se organizan mediante un corredor que conecta con un patio central alrededor del que se disponen las aulas. Los elementos conectores del edificio, pasillos y rampas, permiten la sociabilidad y el juego, actúan también como fisuras que fragmentan los volúmenes del edificio introduciendo luz y generando profundidad visual al exterior, impidiendo con ello el ensimismamiento de los espacios interiores. De esta manera, el edificio actúa como un pequeño microcosmos protegido, pero permeable a las condiciones atmosféricas.

Detalle de los módulos del edificio y uno de los patios. / Erasmo Fenoy

La guardería utiliza en su construcción una paleta de materiales sobria y funcional, destacando el ladrillo visto. Este material se emplea en las fachadas, los paramentos interiores, los muros bajos que delimitan los patios de juegos y los cerramientos de la parcela. Su uso sin concesiones ornamentales unifica el conjunto, sin distinciones entre interior y exterior, y aporta durabilidad, bajo mantenimiento y la capacidad de envejecer con dignidad. Además, la textura y el aparejo del ladrillo crean una percepción cambiante del edificio según la incidencia solar.

Cada ladrillo de sus muros es una pieza de un juego infantil con el que se delimitan y modulan los espacios interiores y exteriores

Estilísticamente, la guardería de Los Pastores puede adscribirse a una variante de la arquitectura funcionalista en la que se prioriza la claridad programática, la economía de medios y la expresión honesta de los materiales, sin tratamientos superfluos, para adoptar principios de orden y lógica constructiva a la escala infantil. La tipología de edificios educativos ha evolucionado desde las escuelas decimonónicas de patio central hasta los modelos abiertos del siglo XX, influenciados por pedagogías dinámicas. En estos últimos, la arquitectura deja de ser un simple contenedor de actividades para convertirse en un elemento activo del aprendizaje temprano. Es el caso del edificio que nos ocupa, que, al adaptar el espacio a las necesidades y experiencias de los niños y favorecer la continuidad entre los espacios interiores y exteriores, se inspira, particularmente, en la arquitectura escolar escandinava de mediados del siglo pasado.

El edificio establece una relación armoniosa con su entorno a través de su escala, fragmentación y patios. Su tamaño permite que se integre en el tejido residencial de baja altura, evitando la imposición de una masa monolítica. La fragmentación volumétrica y la disposición estratégica de los patios no solo responden a criterios climáticos, sino que también crean una continuidad con el espacio exterior. De esta forma, la guardería se constituye en un hito de calidad espacial que genera identidad urbana en un área periférica carente de referentes arquitectónicos significativos. Este logro no se alcanza a través de la extravagancia formal, sino mediante la coherencia entre programa, lugar y construcción.

Uno de los laterales y patios interiores del centro. / Erasmo Fenoy

En definitiva, la guardería de Los Pastores es una obra discreta que, sin estridencias y lejos de la espectacularidad mediática, constituye un ejercicio de sensibilidad pedagógica y rigor disciplinar que responde con eficacia a un programa exigente mediante soluciones sencillas y bien resueltas. Una respuesta arquitectónica que dignifica un entorno urbano periférico, destacando por la escala de su gesto formal, su claridad funcional y su honestidad material.

Un signo en el territorio en el que cada ladrillo de sus muros es una pieza de un juego infantil con el que se delimitan y modulan los espacios interiores y exteriores que los niños habitan, atraviesan y reinventan con sus actividades. Un juego de ladrillos con el que se construyen muros para el cuidado y desarrollo de la primera infancia. Muros entendidos no como barreras que condenan al aislamiento, sino como una piel protectora que entiende la educación como un proceso de apertura, lo que explica su continuidad natural con los patios exteriores.

La guardería de la barriada de Los Pastores es otro ladrillo en el muro de la arquitectura contemporánea de Algeciras. Una arquitectura que revela con precisión y coherencia su potencial para transformar realidades cotidianas cuando se compromete con su lugar, su tiempo y su comunidad.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último