Intervención en el castillo de Jimena de la Frontera: 'The sound of silence'
El territorio y sus signos
La arquitectura del recinto refleja superposiciones constructivas y usos diversos a lo largo de milenios
La intervención de restauración se concibió como una nueva capa de tiempo, la actual, que se superpone a la existente, la histórica, creando un diálogo respetuoso entre presente y pasado
Torres de Hércules de Los Barrios: 'Knockin' on heaven's doors'
"Cómo es verdaderamente la ciudad bajo esta apretada envoltura de signos, qué contiene o esconde"
('Las ciudades invisibles'. Italo Calvino)
A principios de la década de 2000, el Ayuntamiento de Jimena de la Frontera, con el apoyo del Ministerio de Fomento y la coordinación de la Junta de Andalucía, llevó a cabo una intervención en el castillo de la localidad para su recuperación y puesta en valor paisajística y cultural.
El castillo de Jimena es un elemento patrimonial de gran complejidad histórica. Situado en el Cerro de San Cristóbal, en un paraje de gran belleza del Parque Natural de Los Alcornocales, su arquitectura refleja superposiciones constructivas y usos diversos a lo largo de milenios. Su ocupación documentada se remonta a épocas prerromanas, pasando por fases tartésicas, fenicias, romanas, musulmanas y cristianas. Posteriormente, en los siglos XVIII y XIX, fue objeto de reformas militares. Declarado Monumento Nacional en 1931, el conjunto constituye el origen del asentamiento urbano y un símbolo identitario de la ciudad. Antes de la intervención, su estado de conservación era desigual: algunos paramentos y torres conservaban gran parte de su estructura original, mientras que otros elementos presentaban colapsos parciales, vegetación invasiva y añadidos modernos que alteraban la lectura histórica.
Tras campañas arqueológicas de investigación, el arquitecto Francisco Reina, al frente de la firma Reina & Asociados, redactó un proyecto para la intervención en el castillo. El objetivo principal era estabilizar y consolidar las estructuras defensivas más deterioradas. Además, se buscaba dotar al castillo de itinerarios, miradores y elementos interpretativos que permitieran al público recorrer y comprender la historia del lugar. Estas actuaciones se desarrollaron bajo tres principios fundamentales: mínima intervención, para que su escala no eclipsara los restos históricos; reversibilidad, para que pudieran modificarse con el tiempo sin dañar la fábrica original; y máxima documentación, para que quedaran registradas y justificadas. Las obras se llevaron a cabo por fases, en estrecha colaboración con los organismos competentes en materia de patrimonio. Los hallazgos arqueológicos durante la ejecución de los trabajos requirieron replantear las soluciones constructivas y ajustar los materiales previstos. Estos hallazgos, lejos de ser contratiempos, enriquecieron y mejoraron el resultado final.
Los elementos introducidos priorizan la sobriedad geométrica y la adaptación al terreno. Las pasarelas y rampas se adaptan a las curvas de nivel del promontorio, mientras que los muros de contención siguen la morfología del cerro. Los volúmenes contemporáneos, compuestos por piezas prismáticas y trazos rectilíneos, contrastan con la irregularidad de la fábrica antigua sin resultar estridentes. Gestos que responden a un acto de escucha atenta de las preexistencias históricas, resaltando la huella humana en el conjunto sin anular su carácter natural. Estos gestos enriquecen la exploración del visitante con nuevas y sutiles experiencias espaciales que reinterpretan la relación entre fortificación y territorio.
En cuanto a funcionalidad, la intervención incorporó dispositivos de interpretación paisajística y descanso, como itinerarios señalizados y plataformas-miradores. También recuperó espacios interiores para exposiciones temporales y actividades culturales. El diseño priorizó la gestión eficiente y sostenible del patrimonio mediante accesos controlados, itinerarios unidireccionales en zonas sensibles y soluciones de mantenimiento que minimizan futuras intervenciones. Las infraestructuras de iluminación y seguridad se integraron discretamente para preservar la percepción histórica del conjunto.
A nivel material, la intervención se concibió como una nueva capa de tiempo, la actual, que se superpone a la existente, la histórica, creando un diálogo respetuoso entre presente y pasado. Para ello, se eligieron materiales contemporáneos, distinguibles en la masa histórica, para no pasar desapercibidos ni competir con ella, incorporando nuevas texturas y tonalidades de contraste. Se emplearon morteros con tonos adecuados para envejecer de forma coherente con la piedra existente, acero corten en barandillas y pasarelas, madera tratada en pavimentos y elementos de descanso, y hormigón de acabado mate en piezas de apoyo y contención.
Los criterios de intervención sobre el patrimonio han evolucionado desde la restauración historicista del siglo XIX, que reconstruía los elementos según un pasado idealizado y estático, hacia enfoques críticos que priorizan comprenderlos como compuestos en los que coexisten respetuosamente distintos tiempos, todos identificables. La intervención en el castillo de Jimena se alinea con esta corriente contemporánea al evitar la reconstrucción especulativa y emplear técnicas y materiales que realzan, en lugar de alterar, los restos históricos. Esto permite que su extensa historia se muestre en capas, como un hojaldre hecho de distintos tiempos, todos claramente distinguibles.
Además, la intervención ha reforzado la relación del castillo con el lugar y el paisaje, recuperando su condición de hito visual y punto de observación sobre un territorio de alto valor ecológico. Los nuevos elementos introducidos facilitan la comprensión de las conexiones históricas entre el asentamiento y su entorno. Las pasarelas y miradores no solo ofrecen vistas panorámicas, sino que también establecen secuencias de lectura que vinculan la arquitectura defensiva con los recursos paisajísticos, reubicando el monumento en su contexto natural y cultural.
En definitiva, la intervención ejecutada en el castillo de Jimena de la Frontera, cruzada con investigaciones arqueológicas transversales, es un ejemplo notable de actuación patrimonial contemporánea. La estrategia desarrollada prioriza la sutileza y la discreción, recurriendo a materiales y geometrías que no eclipsan las estructuras históricas preexistentes. De este modo, no solo se ha garantizado la preservación del legado histórico de un complejo monumento, sino que, además, se ha transformado en un recurso cultural accesible y respetuoso con su propia memoria y con el entorno físico en el que se sitúa.
Esta intervención arquitectónica ha eliminado el ruido provocado por el deterioro y ha convertido el vacío en protagonista, transformando el silencio en mensaje.
Un silencio que no es una ausencia, sino una presencia cargada de significado. Es un silencio que deambula por las pasarelas, líneas que atraviesan el tiempo, se detiene en los miradores, ojos que devuelven la mirada al paisaje, y envuelve la piedra consolidada, lienzo que guarda la memoria del elemento.
Tras la intervención, el castillo de Jimena es un signo en el territorio en el que solo desde el silencio puede sonar el significado auténtico de su historia y su relación con el lugar.
La intervención en el castillo de Jimena fue finalista en los II Premios de Arquitectura 2011-2015 del Colegio Oficial de Arquitectos de Sevilla y recibió una Mención en la categoría de Rehabilitación y Restauración en los Premios Sánchez Esteve 2014-2015 del Colegio Oficial de Arquitectos de Cádiz.
El silencio ha sido apreciado.
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