Torres de Hércules de Los Barrios: 'Knockin' on heaven's doors'
El territorio y sus signos
Hasta 2015, cuando finalizó la construcción de la Torre Sevilla, las Torres de Hércules fueron el edificio civil más alto de Andalucía
Son un icono arquitectónico de gran visibilidad en el territorio que transforma la imagen industrial del entorno y redefine el skyline de la Bahía de Algeciras
Centro de Recepción de Visitantes de Baelo Claudia: 'Blowin' in the wind'
"Cómo es verdaderamente la ciudad bajo esta apretada envoltura de signos, qué contiene o esconde"
('Las ciudades invisibles'. Italo Calvino)
A comienzos del siglo XXI, un grupo promotor privado decidió construir un atractivo centro de negocios en el parque empresarial de Las Marismas del río Palmones, en Los Barrios, con el que dinamizar la actividad económica de la zona. Una actuación que, a nivel arquitectónico, debía identificarse como un hito de su tejido productivo.
Para ello, el arquitecto Rafael de La-Hoz diseñó un conjunto edificatorio formado por dos esbeltas torres idénticas y conectadas entre sí, inspirándose en el contexto geográfico e histórico del lugar. Esta solución arquitectónica evoca el mito de las columnas de Hércules, que, según la tradición clásica, una en Europa y otra en África, marcaban el límite del mundo conocido y señalaban a los navegantes el punto a partir del cual se adentraban en lo desconocido.
La aspiración de llamar a las puertas del cielo mediante la construcción en vertical ha acompañado al hombre desde sus orígenes. Levantar edificios que se elevaban del suelo no era solo un logro físico, sino también simbólico. Representaba superar límites, afirmar el dominio sobre el territorio y acercarse a lo divino. Las primeras referencias a estas construcciones incluyen la Torre de Babel, metáfora bíblica de la arrogancia humana, las pirámides egipcias, los zigurats mesopotámicos y las escalonadas torres precolombinas. En la Edad Media, la verticalidad adquirió un significado espiritual más evidente. Las catedrales góticas iniciaron un proceso de desmaterialización, reduciendo al mínimo la masa pétrea para alcanzar mayor altura y esbeltez. Este diseño permitió que la luz, símbolo de lo divino, se convirtiera en el elemento central del espacio.
La Revolución Industrial marcó un cambio significativo en la construcción vertical, alejándola de su simbolismo religioso en favor del progreso técnico y económico del hombre. El desarrollo del acero y el ascensor originaron el rascacielos, que no buscó el cielo como morada divina, sino como territorio de representación del poder empresarial. La arquitectura vertical contemporánea no se expresa solo en altura, sino en ligereza visual y eficiencia energética. La verticalidad alcanza hoy una dimensión casi inmaterial. Revestida de vidrio o membranas tecnológicas, se disuelve en el aire, reflejando el cielo más que imponiéndose a él, dejando de ser un gesto autoritario en forma de objeto monumental y cerrado. En esta evolución, las Torres de Hércules de Los Barrios se encontrarían en una vía intermedia, ya que no van a renunciar por entero a la materialidad, recurriendo a ella, además de con carácter simbólico, para reforzar la evocación de las columnas mitológicas, para mediar con el territorio. Veámoslo.
Las torres se definen mediante una planta circular de 25 metros de diámetro y 500 m² de superficie que determina volúmenes cilíndricos de 20 plantas y 126 metros de altura, contando la antena de telecomunicaciones que corona la construcción. La piel exterior está formada por una celosía de hormigón armado, con acabado visto en color blanco, compuesta, a modo de abstracto jeroglífico, por los caracteres de la expresión latina Non Plus Ultra, aquella que advertía que no había nada más allá de la frontera mitológica de las columnas de Hércules.
Tras la celosía de hormigón, sin contacto con ella, se esconde una segunda piel de vidrio que envuelve una torre interior, más delicada y ligera, en la que se resuelve el programa funcional requerido. De modo que la torre exterior actúa como pantalla solar de la torre interior, reduciendo su exposición térmica. La torre exterior se extiende por encima de la interior para proteger unas azoteas-mirador creadas en sus cubiertas. Esta composición de fachada ofrece una experiencia visual cambiante desde el exterior, con variaciones de luz, sombra y textura que enriquecen la percepción del edificio a lo largo del día y la noche, de lejos y de cerca. Desde el interior, las retículas de la fachada enmarcan vistas panorámicas a la Bahía de Algeciras, Gibraltar y África.
Las torres se conectan en cada planta mediante pasarelas acristaladas, que unifican el conjunto a pesar de su apariencia de dos volúmenes separados. Las pasarelas introducen una transparencia y un ritmo regular que contrasta con los claroscuros y el ritmo anárquico de la retícula de hormigón. En el encuentro entre las torres y el suelo se dispone un estanque de agua reciclada, que refuerza la metáfora de las columnas emergiendo del mar. Estos gestos del conjunto, que integran en una misma experiencia visual cuestiones formales y materiales de la escultura y de la naturaleza, hacen que se relacione con otras manifestaciones artísticas contemporáneas, como el land art.
Funcionalmente, la edificación está pensada para albergar oficinas con la máxima flexibilidad espacial posible, permitiendo crear espacios de trabajo que se abren a las excepcionales vistas al paisaje. Priorizando un modelo de espacio para el trabajo abierto y adaptable, con la funcionalidad y la experiencia del usuario como claves fundamentales. Para lo cual, los elementos servidores de las torres, los núcleos de comunicación vertical, los accesos a las oficinas, los aseos, etc., se disponen junto a las pasarelas de conexión de las torres, en el espacio entre estas, como intersección con ellas de una figurada circunferencia central, de manera que no interfieran en las vistas. Estos núcleos de servicios se diferencian del resto de elementos del conjunto mediante un cerramiento de chapa microperforada de aluminio. Las torres disponen además de aparcamientos, zonas comerciales y espacios destinados a restauración, situados estos en los niveles superiores para contar con vistas singulares.
La construcción se llevó a cabo entre 2007 y 2009, siendo la cimentación uno de los capítulos de obra más complejos, dadas las características del terreno, una marisma casi al nivel del mar, que exigió alcanzar una profundidad equivalente a un tercio de la altura de la edificación para asegurar su estabilidad estructural. Hasta 2015, cuando finalizó la construcción de la Torre Sevilla, las Torres de Hércules fueron el edificio civil más alto de Andalucía.
En definitiva, las Torres de Hércules de Los Barrios se alzan como un icono arquitectónico de gran visibilidad en el territorio, que transforma la imagen industrial de su emplazamiento y redefine el skyline de la Bahía de Algeciras mediante una narración contemporánea, coherente con el lugar, en la que se intercalan mitología, claves paisajísticas, criterios bioclimáticos y técnica constructiva.
Un signo que no emplea su materialidad para imponerse en el territorio. No al menos como cuestión determinante de su escala, sino que recurre a ella para crear -bajo una apariencia de abstracción geométrica- un mecanismo regulador de su relación con él. No se disuelve, pero se transforma visualmente a lo largo del día.
Un signo que asume la verticalidad como un acto de mediación con el territorio, no de distanciamiento, físico o cultural, sino para llamar a las puertas de su cielo para que podamos entrar en él, para poner a nuestro alcance, a través de su fachada, su aire, su luz, sus vistas.
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