Cuando la fe se convierte auxilio: Adamuz, un ejemplo cofrade de solidaridad
Cofradías | Por el camino más corto
La Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno muestra su cara más devocional y servicial ante los momentos más agudos de la tragedia ferroviaria
Qué sencillo es todo cuando las cosas verdaderamente importantes se ponen el centro de la devoción y las personas muestra su mejor perfil, el de la solidaridad. Por anticuado que suene, las hermandades y cofradías no sólo se dedican a procesionar por las calles durante la Semana Santa, a simplemente “sacar pasos” a bombo y corneta. Su labor, muchas veces discreta [por aquello de que una mano desconozca sobre la otra], aflora con especial fuerza cuando la tragedia irrumpe en la vida cotidiana, colocando el amor por el prójimo en el epicentro de la ecuación. Así ocurrió en Adamuz (Córdoba), donde el reciente accidente ferroviario sacó a la luz el papel humano, servicial y solidario de las hermandades que entienden la fe como compromiso con los demás. Descubrimos un poco más sobre su historia y el papel de una de las cofradías más señeras de la localidad.
La Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Algeciras, que alcanzará el Miércoles Santo de 2026 su 36ª salida procesional, es un claro ejemplo de esa vocación de servicio que va más allá de los cultos y procesiones. “Somos una hermandad humilde, nacida y forjada en un pueblo pequeño como Adamuz, donde cada gesto cuenta y cada esfuerzo se hace desde el corazón”, explica su hermana mayor, Petra Jordán. Una definición sencilla que encierra una manera muy concreta de vivir la religiosidad popular.
Aunque su trayectoria no se mide en siglos, la devoción que despierta su titular es, en palabras de la propia hermandad, absolutamente “profunda y sincera”. Esa fe compartida fue sin duda el motor que ha permitido en los últimos tiempos a la corporación cordobesa avanzar “año tras año, pese a las dificultades”, consolidando un proyecto cofrade marcado por el sacrificio y la unión. Un camino en el que el relevo generacional, como en casi todas las entidades de poblaciones relativamente densas, juega un papel fundamental, con “la implicación de muchos jóvenes, que trabajan con ilusión en las distintas tareas de la hermandad y garantizan la continuidad”.
Pero fue en las horas más duras tras el accidente ferroviario cuando esa vocación cristiana y de hermandad se transformó en hechos concretos. Lejos de los focos y sin protagonismos, la hermandad abrió “de par en par” las puertas de su casa de hermandad “para servir y ayudar”. Allí se improvisó un centro de apoyo donde se preparó “caldo caliente, café, infusiones, bocadillos”, además de ofrecer mantas, agua y todo lo necesario para atender a víctimas, familiares y a los profesionales que participaron en las labores de auxilio.
“Fue un momento duro, pero también una oportunidad para demostrar que la caridad y la solidaridad forman parte esencial de nuestra fe”, subrayan desde la corporación sita en la Parroquia de San Andrés. Un testimonio que resume el verdadero sentido de unas hermandades que entienden la religiosidad popular como cercanía, entrega y compromiso con el prójimo, especialmente cuando el dolor golpea con más fuerza.
Precisamente, toda esta historia llega de la mano de la petición, de manera unánime por todo el Parlamento de Andalucía de concederle la Medalla de Andalucía a la localidad de Adamuz el próximo 28 de febrero. Y, por lo tanto, un reconocimiento a todas aquellas personas que salieron del confort de una noche de domingo para dar atención, auxilio y consuelo ante la desgracia cuando más era necesario.
Así que una vez más [la pandemia fue otro gran ejemplo de ello] el mundo de las hermandades vuelve a demostrar que su presencia no se limita a la Semana Santa. Son, ante todo, parte viva de una comunidad, capaces de transformar la fe en consuelo y la devoción en ayuda real. Una lección silenciosa que recuerda que, en los momentos más impactantes, la solidaridad también procesiona y no necesita Cruz de guía, cera, incienso o tambores y cornetas. Adamuz es la prueba viva de ello.
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