El desamparo del asilo San José
Al sur del Sur
Tras la aprobación del proyecto de privatización por parte del Ayuntamiento, nos queda encomendarnos al buen criterio del futuro concesionario. Qué pensarían aquellas monjitas si vieran qué hemos hecho de su legado
El asilo San José, por Antonio Torremocha
El Pleno del Ayuntamiento de Algeciras dio el pasado viernes luz verde al expediente de concesión del asilo San José a una empresa privada, durante 60 años, para su reapertura como residencia de ancianos. Votaron a favor el alcalde –en su primer Pleno como concejal no adscrito–, PP y Vox, mientras que el PSOE optó por abstenerse. La decisión llega tras muchos años en busca de una solución para un edificio muy presente en el paisaje cotidiano y en la memoria de varias generaciones de algecireños, aunque tan deteriorado que si se mantiene en pie es por la terquedad de su estructura.
De titularidad municipal y construido entre 1905 y 1914, su sobriedad arquitectónica responde a la austeridad de la época y a sus fines, lo cual no impide que ofrezca elementos destacados como su puerta principal, su armoniosa escalera, sus jardines y su capilla, la cual cuenta con seis originales vidrieras de gran valor y un elegante retablo de corte neoclásico.
Como desveló Europa Sur horas antes de la celebración del Pleno, el paso dado por el Ayuntamiento se produce a instancias de una compañía especializada en la gestión de residencias de ancianos que, acorde a lo establecido en la normativa, ha puesto sobre la mesa su intención de hacerse con el inmueble y devolverlo a la vida. Como promotora de la idea y conforme a la legislación, se le garantizará la posibilidad de igualar la mejor oferta que se presente para obtener la concesión. Hasta ahí, nada que objetar.
Sin protección
Las luces de gálibo se activan cuando se analiza la propuesta aprobada por el Pleno, en la que se abre la puerta a la demolición total del edificio. La excepción la conformarían los jardines y la capilla, únicos elementos protegidos al estar catalogados y que, de consumarse el proyecto de derribo, quedarían como elementos descontextualizados, huérfanos en un entorno para el que no fueron concebidos.
Ni la fachada ni el resto del conjunto gozan de amparo alguno pese a que, en julio de 2021, el Pleno del Ayuntamiento acordó por unanimidad restaurar el conjunto del asilo como bien patrimonial de todos los algecireños y darle alguna figura legal que lo amparase. Pasados cinco años de inacción, más otros muchos de olvido premeditado, las grietas se han abierto paso en los muros, como si anticiparan un final ya escrito.
Nos podemos encontrar con un remedo de la Plaza de Andalucía, un frío artefacto de acero y vidrio, o uno de esos diseños impersonales que se construyen repetidos acá y allá
La referencia expresa a que se pueda demoler y levantar en su lugar un edificio "con un lenguaje arquitectónico contemporáneo" lleva a pensar que nos podemos encontrar con un remedo de la Plaza de Andalucía, un frío artefacto de acero y vidrio, o uno de esos diseños impersonales que se construyen repetidos acá y allá, con leves modificaciones para ajustarse a las medidas de la parcela en cuestión.
Tampoco hay referencia alguna en la propuesta a la reserva de plazas públicas destinadas a residentes que no puedan costearse el pago, obviando así tanto las enormes necesidades de la ciudad a la hora de atender a sus ancianos con menos recursos como el pasado del asilo, fundado por las Hermanitas de los Pobres. Qué pensarían aquellas monjitas si vieran qué hemos hecho de su legado.
A lo largo del pasado y del presente siglo, bastan los dedos de una mano para contar los hitos alcanzados para mantener mínimamente vivas las señas de identidad de una ciudad milenaria
Llegados a este punto y dado el amplio margen de maniobra que se concede por parte del Ayuntamiento al futuro concesionario, nos queda encomendarnos al buen criterio de este y a que, a la hora de hacer las cuentas, le cuadre respetar al máximo las partes más vetustas del inmueble. Algeciras no está precisamente sobrada de elementos patrimoniales. Muy poco se ha hecho a lo largo del presente siglo y durante los últimos años del anterior por mantener vivas las señas de identidad de una ciudad milenaria. El palacio de Marzales, el antiguo Gobierno Militar, la vieja cárcel, la Comandancia de Ingenieros Militares, la casa Regino Martínez o el patio Soto son algunas de las cuentas del rosario de edificios que esperan su rescate. O la piqueta, me temo.
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