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El balcón de la saeta

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Saeta a Jesús de Medinaceli en la puerta de la Capilla de San Isidro, en 2023. / Erasmo Fenoy

Una de las suertes que, sin duda, se están perdiendo no sólo en la Semana Santa, sino en otros muchos ámbitos de la vida, es la naturalidad, la espontaneidad y todo aquello que generaba actos sin premeditación que permitían crear, de una manera orgánica y fluida, momentos que todos recordamos y que los hacían especiales y únicos. Todos tenemos guardado algo así en la memoria de nuestra infancia.

Es más que evidente que la saeta no atraviesa una época de auge, pese a la grandísima labor que hace la gente de la Tertulia La Levantá por preservar este arte, darle el sitio que le corresponde, custodiar un legado de tradición, de cultura y mantener muy viva su exaltación. Aunque en ocasiones, la saeta parezca lo menos protagonista en el evento para los exaltadores, pero eso sería harina de otro costal. La realidad es que la saeta es casi una suerte —o un palo flamenco— cada vez menos escuchado en Algeciras.

Por ello, no sería descabellado como se ha intentado en otros lugares: con más o menos suerte, con más o menos naturalidad o con mayor o menor acierto, fomentar y potenciar este cante. Sería extraordinario que, a través de incentivos, concursos o cualquier otra índole de promoción, jóvenes artistas y/o aficionados —del corte y estilo que sea— dispusieran de un espacio en el discurrir de los cortejos para reivindicar la saeta. Algo que repito, ya ocurre en otras ciudades.

En nuestro caso, particularmente, una vez trasladada la realidad de la carrera oficial a la Plaza Alta, es completamente papable que ha quedado muy descafeinado el discurrir de los cortejos por la calle Alfonso XI. Éste sería un enclave extraordinario.

Lo imagino desde el balcón del Casino o incluso a pie de calle. Se me viene a la cabeza lo que disfrutaría mi querida y añorada Cristina [de Las Duelas] si hubiera tenido en su abacería calentando la garganta a alguno de estos saeteros. Estoy convencido de que tanto el Consejo, como La Levantá o la Asociación del Cante Grande verían con buenos ojos colaborar en esta promoción de nuevos talentos y convertir cualquier enclave en un lugar mágico para el arte, en ese balcón y refugio para la saeta de nuestra tierra.

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