MONUMENTOS Y EDIFICIOS HISTÓRICOS DE ALGECIRAS

La Plaza Alta (I)

  • Capítulo 26. El ingeniero belga Jorge Próspero de Verboom reservó dos amplios espacios cuadrados destinados a plazas públicas en el proyecto de repoblación de la ciudad

Grabado de 1807, realizado por Tomás López de Enguidanos, con el proyecto de urbanización promovido por el General Castaños. Grabado de 1807, realizado por Tomás López de Enguidanos, con el proyecto de urbanización  promovido por el General Castaños.

Grabado de 1807, realizado por Tomás López de Enguidanos, con el proyecto de urbanización promovido por el General Castaños.

En el proyecto de repoblación de Algeciras, elaborado por Jorge Próspero de Verboom entre 1724 y 1726, además de la red viaria constituida por calles anchas que se cruzaban perpendicularmente proporcionando al plano de la nueva ciudad una gran regularidad y la necesaria ordenación a las manzanas de casas que debían sustituir a las barracas y viviendas de autoconstrucción existentes, el ingeniero belga al servicio del rey Felipe V reservó dos amplios espacios cuadrados destinados a plazas públicas, que en el proyecto se denominan respectivamente Plaza Alta y Baja, por encontrarse una a nivel del mar y la otra sobre una terraza a unos 18 o 20 metros por encima del nivel marino.

Desde sus orígenes, la Plaza Alta estaba destinada a ser el centro de la actividad política, religiosa y social de la nueva ciudad al instalarse en ella la primera iglesia parroquial en sustitución de la Capilla de Nuestra Señora de Europa y, en sus cercanías, el Convento de Nuestra Señora de la Merced, el Pósito y el primer Ayuntamiento.

Las dos plazas permanecieron terrizas y sin urbanizar hasta principios del siglo XIX. Cuando, en el año 1804, el general Francisco Javier Castaños trasladó la Comandancia General del Campo de Gibraltar desde San Roque hasta Algeciras, la ciudad comenzó a ser objeto de mejoras urbanísticas por iniciativa de la autoridad militar. Una de ellas consistió en la urbanización de la Plaza Alta.

El proyecto fue elaborado por el coronel del cuerpo de artillería Joaquín Dolz del Castellar y las obras estuvieron dirigidas por el maestro Navarro con personal militar de la guarnición asentada en la ciudad. En un grabado de la época elaborado por Tomás López Enguidanos, titulado “Vista en perspectiva de la nueva plaza del Almirante en Algeciras”, aparece un texto que dice: “Construida por la ciudad, su comercio y ejército al mando del Excmo. Sr. D. Francisco Xavier Castaños, quienes la dedican a la perpetua memoria del Serenísimo Señor Príncipe Generalísimo por su exaltación a la dignidad de Gran Almirante de España e Indias. Año 1807”.

Este céntrico espacio urbano de Algeciras ha recibido diversos nombres a lo largo de su historia, según soplaban en una u otra dirección los vientos de la política y cambiaban los regímenes y los gobiernos de la Nación. Verboom la había denominado, como ya se ha mencionado, Plaza Alta, por contraposición a la otra que se ubicaba en la parte baja de la ciudad; Castaños la renombró Plaza del Almirante, nombre de corta duración, pues desapareció con la caída en desgracia de Manuel Godoy, recibiendo, en 1814, el título de Plaza del Rey. Según Pérez-Petinto, en 1823 se denominó “de la Constitución” y en 1824, con la segunda entronización de Fernando VII, de nuevo “del Rey”. En 1834 se le puso el nombre de Isabel II. En 1857 aparece de nuevo citada como Plaza Alta. Con la caída de la monarquía, en 1868, volvió a nombrarse “de la Constitución”, denominación que se mantuvo hasta el año 1931 cuando fue titulada “de la República”. En 1936 fue rotulada con el nombre de “Generalísimo Franco”. A pesar de las numerosas denominaciones que la plaza recibió en el transcurso de los siglos, los algecireños siempre la conocieron, y la conocen, con el nombre primero que le puso Verboom: Plaza Alta.

Panorámica de la Plaza Alta en 1870. Fotografía de George Washinton Wilson. Panorámica de la Plaza Alta en 1870. Fotografía de George Washinton Wilson.

Panorámica de la Plaza Alta en 1870. Fotografía de George Washinton Wilson.

En el año 1796, el famoso dramaturgo Leandro Fernández de Moratín visitó Algeciras y nos dejó la siguiente descripción de esta plaza: “En la Plaza Alta, que es la mejor de las dos, hay un buen café, con dos mesas de billar, y allí es la reunión de la gente decente. Cuando yo estuve había teatro; nunca he visto tal cantidad de palitroques... Allí vi Las armas de la hermosura, y El negro más prodigioso, y El Tejedor Palomeque, y no sé qué más: el espectáculo siempre concluía con el bolero o el fandango”. Pascual Madoz, en 1845, refiere que la plaza era… “un hermoso y elegante cuadrilongo que deja anchas calles alrededor, embaldosado, de 165 pies de largo por 145 de ancho, circuido por asientos de piedra con respaldos de hierro, postes, marmolillos con cadenas y árboles colocados de trecho en trecho: en medio contiene una hermosa fuente circular que sirve de basamento a una columna que se eleva a la altura de unos 70 a 75 pies…” Entre 1908 y 1911, Luis de Armiñán estuvo en Algeciras y nos dejó esta descripción de la Plaza Alta en su novela La Calle Real y el callejón del Muro: “La plaza era cuadrada, amplia, enlosada y limpia. A su alrededor, la calle para los coches... El Casino a la izquierda, y una iglesia escayolada y fría. En el centro de la plaza, famosa columna rodeada de cadenas, sin fecha, sin inscripción y sin estatua... Se partía la plaza en dos espacios que llamaban la sala y la cocina, por la índole de personas que por ellos paseaban, sin mezclarse ni fundirse”.

La plaza en el siglo XIX

Las obras de la plaza se iniciaron el 23 de febrero de 1807, inaugurándose el 12 de mayo de ese año, cumpleaños de Godoy. Se diseñó un espacio urbanizado de 4.420 varas cuadradas (3.088 metros cuadrados), rodeado de chopos de Lombardía, quedando en sus cuatro frentes calles de 8 a 12 varas de anchura. Hubo que nivelar el terreno y construir un muro en el lado oriental para compensar el desfase de altura existente entre la calle que daba a la iglesia parroquial y la que daba a la Capilla de Nuestra Señora de Europa.

La fuente antigua de la Plaza Alta según fotografía de George Washinton Wilson (1870). La fuente antigua de la Plaza Alta según fotografía de George Washinton Wilson (1870).

La fuente antigua de la Plaza Alta según fotografía de George Washinton Wilson (1870).

La plaza estaría toda enlosada y tendría ocho entradas, cuatro en los frentes y otras cuatro en los chaflanes del cuadrado, flanqueando cada entrada dos pedestales rematados con grandes vasos de tipo etrusco y, sobre ellos, unas farolas. Bancos de piedra con respaldo de hierro forjado, repartidos en los cuatro frentes, ofrecían descanso a los paseantes. A cada lado de los bancos se colocaron columnillas de jaspe del Guijo ―según dice Pérez-Petinto― que sostenían gruesas cadenas de hierro que colgaban entre las citadas columnillas y los respaldos de los bancos.

En el lado sur se instaló una fuente con cuatro chorros que surgían de cabezas de leones. En el centro de la plaza se colocó otra fuente de forma circular situada sobre gradas también de planta circular que servía de base a un gran obelisco con cuatro figuras alegóricas en sus esquinas a cuyos pies se hacían brotar otros tantos chorros de agua. Según una carta del propio Castaños dirigida a Godoy, en cada una de las caras del obelisco debía figurar una inscripción en español, francés, inglés y árabe.

En opinión de Emilio Santacana la inscripción desapareció a poco de estallar el levantamiento del 2 de mayo de 1808. Según este autor, en su lugar se pusieron medallones con los nombres de Bailén, Zaragoza, Gerona y otros hitos destacados de la Guerra de la Independencia.

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