Historias de Algeciras La medicina (LXXVII)

  • En aquellos primeros años del siglo XX doctores como Laureano Cumbre trataban de concienciar a la población de beneficios de prácticas hoy comunes como la traqueotomía

El cuartel militar de El Calvario. El cuartel militar de El Calvario.

El cuartel militar de El Calvario.

Efectivamente como se expresaba en la entrega anterior, constituía una verdadera desgracia para nuestra ciudad –y para el resto de la nación-, el carecer de un fuerte sistema educativo y de una serie de medidas sociales de prevención y choque que afrontaran los problemas de adicción más importante de aquella sociedad algecireña y española, como lo eran el alcoholismo y el juego (ludopatía).

Y mientras la sociedad local, carecía de políticas sanitarias que paliaran sus carencias, al menos podía presumir de contar con buenos profesionales cuya trayectoria era reconocida, tal y como le ocurrió al médico militar destinado en Algeciras el Dr. Almansa, quién, según expresa la documentación consultada: “Antonio Almansa, Director médico que fué de éste Hospital Militar, ha sido destinado al de Valencia. El consistorio algecireño le reconocido públicamente su labor. A ocupar su puesto ha venido el también médico Fidel Lombana, persona que ya ha pasado por Algeciras dejando en su anterior visita una grata impresión profesional”. 

Por aquellos días y en cumplimiento de la sesión plenaria correspondiente: “El  Ayuntamiento de nuestra localidad, acordó nombrar enfermero del Hospital Municipal a Francisco Márquez”, quién estaría destinado en el popular centro hospitalario durante varios años, dejando una gran muestra de entrega en su trabajo. Coincidiendo Márquez en el puesto, con otro gran profesional de la enfermería como lo fue Felipe Guallar Liceñena. El enfermero Guallar asistió como testigo cuando expresó su última voluntad estando ingresado en el Hospital Civil, el que fuera mancebo de la farmacia de Cumbre Juan Pérez, acompañándole en el acto el capellán y sacerdote del hospital José Baca Ponce y dada la gravedad del enfermo, el responsable del mantenimiento del centro y pintor de profesión, Ángel Pano Pinto. 

Siguiendo con el Hospital Militar, comentar que al igual que el Hospital Civil, también asistía casos de suma urgencia, como el siguiente, según extracto del parte castrense dado al respecto: “El día 2 y encontrándose de guardia en el Cuartel de El Calvario de esta plaza, el segundo Teniente del Regimiento de Infantería de la Reina, Don Máximo Pérez, fué atacado de un fuerte y violento vómito de sangre que puso en peligro grave su vida […], el médico de dicho Regimiento que se encontraba en el Cuarto de Banderas le prestó los primeros auxilios. Siendo trasladado el referido oficial en muy grave estado al Hospital Militar […], no volviéndose a repetir el ataque al enfermo que se halla restablecido de su dolencia”. El asunto dado el contexto en el que se produjo, bien pudo sugerir el inicio de algo más grave que pudiera afectar a la milicia  destinada en el conocido cuartel. Dedicándose desde el primer momento al teniente enfermo, y según asegura el parte consultado: “El Director del Hospital, el médico del Regimiento y todo el personal facultativo a las órdenes de estos”. Prosiguiendo: El Excmo. Sr. Comandante General de este Campo, el Coronel D. Antonio García Mesa y demás Jefes y Oficiales del Regimiento de la Reina, han pasado por el Hospital para interesarse por el enfermo”. Afortunadamente el asunto no tuvo la gravedad de lo que pareció tener en un primer momento. 

El Hospital Militar de Algeciras registraba una importante actividad asistencial

También por aquellos días, se produjo en aquel hospital una sustitución al frente de su Farmacia Militar, según se hizo público en la  resolución previa correspondiente: “Ha tomado posesión en el día de hoy en el cargo de farmacéutico encargado de la farmacia del Hospital Militar de Algeciras, Don Francisco de P. Millán”. Siguiendo con el hospital castrense algecireño, comentar que su amplia actividad, no solo para atender a las tropas aquí destinadas, sino como también a las provenientes de los centros sanitarios militares abiertos en el norte de África, hace necesario y genera una importante labor administrativa periódica, según recoge la obligada publicidad del acto: “Para el día 31 del actual y a las 14 horas se anuncia por la Comisaría de Guerra, la subasta de los artículos de inmediato consumo para el Hospital Militar de esta plaza, para el próximo mes de Febrero”. En aquellos años ejercía como Comisario de Guerra en nuestra ciudad, Diego Candón Sanduvete, quién estaba casado con Olimpia Calatayud, pocos después fallecería este, quedando ella viuda y a cargo del hijo de ambos Juan Antonio Candón y Calatayud.

Mientras esto ocurría dentro del contexto sanitario castrense, el Hospital Civil seguía ofreciendo sus servicios médicos a situaciones -no tan alarmante como la anteriormente acontecida en el centro sanitario militar- para el general de la población  como así se recogió en el parte correspondiente: “Un carruaje atropelló en la esquina de la calle Sacramento y Santa María en la mañana del Jueves, á una vendedora de almejas y á una niña pequeña, produciéndolas algunas contusiones, aunque por fortuna no fueron graves”. El servicio médico municipal y más concretamente la asistencia de los adscritos al padrón de beneficencia, se vería mermado al caer enfermo el galeno Laureano Cumbre, tanto fue así que el citado facultativo se vio obligado a solicitar del consistorio algecireño una licencia temporal: “Para reponer su quebrantada salúd”. 

Lógicamente se accedió sin problema alguno a lo solicitado por tan respetado y admirado médico local. Curiosamente la solicitud de licencia temporal reiterada, excusándose en el padecimiento de algún tipo de enfermedad, es lo que sirve de base para la siguiente denuncia realizada al consistorio local: “El año anterior terminado el periodo de vacaciones solicitó licencia desde Estepona por enfermo, el auxiliar de esta escuela pública de niños. La clase estuvo en una porción de días sin sustituto que la ley exige. Este año también por enfermo ha solicitado licencia desde Estepona, su pueblo, el mismo auxiliar sin haber designado sustituto, encontrándose la escuela sin más personal que el maestro y con una asistencia de más de 100 niños. Llamamos la atención al Consistorio para que exija la correspondiente responsabilidad al expresado funcionario cuya negligencia en el cumplimiento de sus deberes es motivo de general censura”. Añadiendo la demanda ciudadana: “La auxiliar de la clase de niñas también ha pedido licencia por enfermedad, encontrándose los párvulos en el mismo caso”. 

La calle Larga de Algeciras, a principios del siglo XX. La calle Larga de Algeciras, a principios del siglo XX.

La calle Larga de Algeciras, a principios del siglo XX.

De regreso a la actualidad médica local, el médico Laureano Cumbre, que se encontraba en reposo, tras su convalecencia y tras una experiencia personal relacionada con la enfermedad de su hijo más pequeño, decide hacer publico el siguiente texto titulado: La Traqueotomía en Algeciras. En el que expone: “Ya era tiempo que los padres de familia en esta ciudad, tuvieran la valentía suficiente para decidirse á evitar en lo posible que sus queridos hijos perezcan victimas del Crup (laringotraqueobronquitis o garrotillo) una de las enfermedades más horrorosas que tan frecuentemente pone fin á la existencia de los seres que nos son más queridos. Veinte años hace que ejerzo en esta población y sería no acabar si citase los nombres de las familias á quienes he puesto como último medio ó recurso la operación de la traqueotomía, sin haber alcanzado nunca el consentimiento de los padres á pesar de mi insistencia á proporcionar a la humanidad por un lado y á la responsabilidad por otro. Ha sido preciso que la terrible enfermedad se cebara en el menor de mis hijos de 4 años y que yo, dando ejemplo, me decidiera como padre y como médico, para que el público rompiera ese silencio sepulcral conque respondía cuando más, al proponerle la operación... -prosigue el veterano galeno expresando en su escrito-... En Febrero de este año fué atacado del Crup mi hijo menor y agotados todos los tratamientos que se le ocurrieron á los cuatro compañeros míos que le asistían, me decidí á que lo traqueotomizara el reputado médico inglés Dr. Ker. Dios me concedió que se salvase y hoy llena de alegría á esta familia con su presencia. El 29 del pasado, el niño Francisco Quirós de 4 años que fué el segundo que se operó, lo operé yo con feliz resultado. A los siete días nuestro distinguido paisano don Buenaventura Morón, operó otro niño en la calle Alameda con muy buen éxito y á los dos días operó á otro en la calle Tarifa, que falleció á las pocas horas, por encontrarse tal vez en malas condiciones cuando se operó. Resulta, que de cuatro operados, se han salvado tres, ó sea un 75 por 100. No puede negarse que son pocos los operados hasta ahora en esta ciudad y que es demasiada halagüeña la cifra de los salvados, pero aunque variase en mal sentido, siempre se tiene la esperanza de un 50 por 100, cifra que comparadas con las estadísticas antiguas que de 49 operados fallecieron 48, de 100 fallecieron 93, resulta que no se debe mirar con tanto desánimo la operación de que me ocupo. No es mi ánimo al publicar este mal coordinado escrito darle la publicidad como anuncio pomposo de charlatán, porque en mi practica no he usado semejantes medios que no creo serios ni en armonía con la nobleza de nuestra carrera y que mis dignos compañeros también rechazan como yo y porque esta operación que se practica hace muchos años, como la talla y otras, no merecen en mi sentir se publiquen en los periódicos profesionales y no profesionales, como se lo merece la extirpación del estómago, la ligadura de la carótida y otras de alta cirugía, operación esta última que valió merecidamente al doctor Castro en Madrid, hasta el grabado de su fotografía; es solo mi objeto como llevo dicho, alentar á los padres con el resultado obtenido, para que no perdiendo la esperanza en esta operación, se pueda arrancar á la muerte tantas desgraciadas criaturas. Fdº. Laureano Cumbre”. 

Tras la misiva para la concienciación sanitaria de la población algecireña del Dr. Cumbre, regresemos a la actualidad local en la que al frente de las actividades municipales benéficas y sanitarias se produjeron cambios en los responsables políticos  de distintos departamentos: “El Ayuntamiento nombró para la Comisión de Beneficencia al Concejal Sr. Lledó”.

En aquellos días, nuevamente la vida de los algecireños correría un serio peligro tras provocarse un importante incendio en una de las más grandes corcheras de la ciudad. Industria situada por otro lado junto a viviendas humildes (barracas) construidas con material altamente inflamable. La emergencia se originó en el sur del río de la Miel teniendo como escenario el patio de la denominada Fábrica de corcho Hermanos Conte. La presencia del viento y la nocturnidad hicieron aún más difícil afrontar aquella terrible emergencia.

Desde el primer momento los precarios servicios sanitarios estuvieron al tanto de la situación. Entre campanadas avisando a la población, mientras un denso humo comenzaba a cubrir el cielo algecireño, los vecinos de Algeciras fueron alarmados. En los establecimientos públicos de todo tipo no se hablaba de otra cosa  desde el afamado Restaurant Colón, propiedad de los socios Abecasis y Zino Peralta, abierto en la calle Prim, donde su encargado Antonio Uría trataba de calmar a sus empleados; hasta el comercio de Jiménez Quesada en la calle Tarifa -tenía varios, uno en la calle Larga y otro en Cánovas del Castillo-, donde su dependiente principal Manuel de los Reyes Luque, intentaba sosegar a su distinguida clientela, o qué decir de la hojalatería abierta en el número 17 de la plaza Palma, donde en la tertulia habitual presidida por el propietario del comercio Miguel Torres, los asistentes asegurarían -sin faltar a la razón- que “apagar aquello era pocos menos que un imposible”. Las fuerzas vivas nuevamente eran testigos de las carencias de la ciudad, el difícil momento se superaría -nuevamente el milagro- y en poco tiempo, volvería el conformismo y la apatía -como característica propia de la personalidad local- ante la necesidad de reclamar los servicios básicos para una ciudad del siglo XX. 

Pero esa es otra historia.   

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