Historias de Algeciras La Medicina (LXXVI)

  • La sanidad algecireña registró a comienzos del siglo XX el auge del grave problema del alcoholismo, aumentado por la gran crisis social que la nación atravesaba en aquellos años

Una taberna en la Plaza Alta de Algeciras, a principios del siglo XX.

Una taberna en la Plaza Alta de Algeciras, a principios del siglo XX.

Al mismo tiempo que en nuestra ciudad seguía la controversia entre defensores y detractores de la creación de una Casa de Socorro en aquellos primeros años del nuevo siglo, también persiste la preocupación por las ventas del pescado azul al cual se le señalaba como responsable de muchos males sanitarios para la población, siendo este muy consumido dado su bajo coste. Dentro de este contexto social-sanitario, un conocido médico local decide actuar ante la administración local por lo que considera una injusta y arbitraria forma de proceder, rellenado la siguiente instancia: “Salvador Rocafort y Ramos, vecino de esta ciudad, soltero, Doctor en Medicina, expresa: Al ir hace un momento a la Casa Capitular con el fin de hacer entrega al Señor Alcalde de una solicitud y documentación necesaria para tomar parte en el concurso anunciado en el Boletín Oficial de la Provincia, el 23 del corriente por termino de 15 días a contar desde el siguiente a la publicación en el Boletín, para el nombramiento de un Médico titular de esta población se ha negado aquella autoridad a admitirle la solicitud y documentos, y con el fin de hacer constar […], por medio acompaña en acta las razones que expuestas por el Señor Alcalde en la Casa Ayuntamiento [...] y presente el Alcalde Don Juan Guadalupe Sánchez, manifestó que no puede admitir los documentos que le presenta el Señor Rocafort, porque al encargarse de la Alcaldía esta mañana se ha encontrado conque ayer la Junta Municipal haciendo caso omiso del anuncio del Boletín Oficial, había celebrado sesión y nombrado en ella Médico titular á Don Pedro Pérez Petinto; que no puede decir ni conoce otra cosa respecto a este asunto”. Se desconoce si el médico afectado recurrió la decisión de la Junta Municipal.

El consumo de pescado azul era considerado como el origen de muchas enfermedades

En otro orden de asuntos, la comunidad sanitaria local también se proyecta en otros ámbitos de la vida económica y social de Algeciras: “El farmacéutico don Cristóbal Medina Sarrias, de 50 años de edad y soltero, vendió por la cantidad de 5.000 pesetas varias habitaciones del popular patio llamado de Ramos, sito en el calle Munición a don Francisco Cumbre Castillo, de 57 años, viudo y militar retirado”. Las citadas viviendas las adquirió el conocido farmacéutico Medina por compra que hizo el 25 de septiembre de 1892 a Miguel Martín. El comprador, era hermano del también farmacéutico José Cumbre, quién tenía su botica en la calle Carretas. Este último, cuando la actividad lo merecía, también ejercía como prestamista, aunque no siempre la parte deudora respondía debidamente a la obligación contraída, viéndose entonces empujado el boticario-acreedor a acudir a la justicia, según recoge el texto de la siguiente demanda: “José Cumbre Castillo, soltero y farmacéutico […] nombra procurador a D. Juan Guerra Ríos y letrado a D. Amador Salas y Alcoba […], para demandar á Rosario García García y Sebastiana García García, hermanas, la primera casada con Francisco Parra Paredes, y la segunda soltera, con domicilio ambas en calle Carretas, 48 […], por reclamación de cantidad que el demandante facilitó en préstamo 500 pesetas de capital, 20’80 pesetas de intereses vencidos y no satisfechos á razón de 4’16 pesetas por mes”. Como cabía esperar el resultado del litigio fue favorable al farmacéutico-demandante, obteniendo en el fallo judicial: “Ejecución, trance y remate de los bienes embargados a las deudoras”.

Otro miembro de la sanidad local en el ejercicio de actividades alejadas del ámbito sanitario fue el médico José Zurita y Gómez, quien aceptó la responsabilidad de representar al coronel de Infantería retirado José Urrutía y Abreu: “Para concurrir a la escritura de venta de casa propia sita en Los Barrios, propiedad de Elvira Mateo, viuda, al objeto de dar su conformidad”. Otro caso, pero en un plano más domestico fue el del médico primero del Cuerpo de Sanidad Militar, destinado en el Batallón de Cazadores de Talavera en Algeciras, Manuel García Sánchez, quién casado con Elena Dolores de Aspiruza y Noriega, fue nombrado representante de esta: “Para poder retirar de la Caja General de Depósitos establecida en Madrid, la cantidad de 22.500 pesetas nominales del 4% interior perpetuo que la esposa y poderdante tienen depositadas en garantía que prestó para poder casarse”, según les obligó la legislación militar vigente de la época para poder contraer matrimonio.

Fachada del Ayuntamiento de Algeciras Fachada del Ayuntamiento de Algeciras

Fachada del Ayuntamiento de Algeciras

En otro orden de asuntos y aún cuando la crisis económica del Hospital Civil no había desaparecido, la fiesta de la Inmaculada como era tradicional se celebró en aquellos primeros años del siglo bajo el auspicio del arma de Infantería, festejándose generosamente en el recinto hospitalario: “Como de costumbre en esta fiesta, los enfermos tuvieron comida extraordinaria, consistente en chocolate, bollo y gran vaso de leche para desayuno; sopa, asado, ensalada, pastel y vino para la comida y una cajetilla de tabaco de 25 céntimos para cada enfermo, esto último regalo del Ayuntamiento. Para cenar huevo frito, chuleta y café”. Recogiendo el informe de dirección del día: “El hospital, enfermos y camas, ofrecían el aspecto de limpieza de que tiene justa fama desde que este cuidado se halla á cargo de las religiosas de la Inmaculada Concepción”.

A pesar de las pantagruélicas viandas, la crisis persistía en la manutención del tan apreciado hospital, como lo demuestra la siguiente iniciativa: “Los próximos días se celebrará en La Perseverancia una becerrada que presidirán distinguidas señoritas siendo los encargados de la lidia varios conocidos jóvenes de la localidad. Los productos que se obtengan serán destinados á los pobres del Hospital Civil por lo que ha de verse muy concurrido el coso algecireño”. Prosiguiendo el documento consultado: “Se nota muchísima animación y dada la actividad desplegada por las distintas comisiones encargadas de albergar recursos, estos darán buen resultado […], así que todos luzcan sus aptitudes en el difícil arte de Pepe Hillo”.

Crisis aparte, la actividad sanitaria en el hospital proseguía como era habitual, recogiendo a veces, casos extraordinarios de violencia, tal y como recoge el siguiente informe de orden público: “En la mañana del martes último hubo de entrar en el establecimiento de bebidas del Sr. Valdivia, sito en la Plaza Palma, esquina calle Soledad (hoy, José Santacana) un sujeto alcoholizado cuyo nombre es Francisco Campillos, alias El Manco. Según nuestros informes, este después de no querer pagar el gasto hecho, insultó de palabra y obra al propietario, quién al tratar de contenerlo amenazándolo con una pistola se le fué el tiro hiriéndolo en el muslo derecho, por fortuna no de gravedad, encontrándose el herido en el Hospital Civil en estado satisfactorio, aunque aún no ha podido extraérsele el proyectil a pesar de la operación practicada por el Director del establecimiento Sr. Morón”.

Otro caso de intervención sanitaria por arma de fuego, según informaron las mismas fuentes del orden público que la anterior, y cuyas dependencias se encontraban en la calle Santísimo donde posteriormente se ubicaría la conocida Sociedad de Caza y Pesca La Oropéndola: “El jueves último a las 7 de la noche fué curado en el Hospital Civil de una herida de arma de fuego, un individuo llamado Enrique Gómez, cuyo proyectil fuele extraído por el director del citado establecimiento Sr. Morón. El hecho ocurrido en la tienda de bebidas la Riojana, y en ocasión de encontrarse sentado el Gómez, donde sin mediar palabra alguna le hizo el disparo un sujeto conocido por el sobrenombre del Melones. Es la segunda vez que repite en caso el tal Melones, pués no hace mucho tiempo hirió á otro con pistola llamado Sánchez”.

Además de los casos extraordinarios expuestos, el hospital atendía a aquellos ordinarios como los frecuentes accidentes de trabajo, según se recoge en el texto del siguiente documento: “En la mañana del 21 fue curado en este Hospital Blas Fernández de una fractura en la parte inferior de la pierna derecha que se produjo al bajar a un pozo en construcción. La frecuencia conque estas desgracias se repiten en este tipo de obras es lamentable […] el municipio tiene que costearles curas y alimentos hasta su restablecimiento”. Otro caso de accidente laboral fue el siguiente, según informe hospitalario: “En este Hospital Civil fue curado un arriero de fractura en la pierna por el Director del centro. El herido según refiere por la declaración prestada, iba montado en un burro siendo este atropellado por otros que conducían varios arrieros, cayendo al suelo con tan mala suerte que le ocasionó el daño del que fue asistido”.

No siempre el protagonismo en la cura residía en el personal sanitario del Hospital Civil, el médico adscrito en el juzgado de primera Instancia algecireño, también prestaba no pocas asistencias, según expresa el parte elaborado por orden público: “Dos vecinas del Acebuchal, que según afirmaron los vecinos de aquellos contornos, tenían resentimientos antiguos, hubieron de encontrarse el jueves último y después de cruzarse palabras obscenas se sucedieron a patatazos (sic) resultado á que llegaron las contendientes fué que Dolores Paulete fué curada por el médico forense de dos fuertes contusiones en la cabeza y un bocado en el antebrazo que la infirió la otra interviniente en la riña”.

El abuso del alcohol provocaba frecuentes riñas y disputas en toda la ciudad

En aquella época la sanidad algecireña se ha de enfrentar a un grave problema como es el alcoholismo, aumentado por la gran crisis social que la nación experimentaba en aquellos difíciles tiempos a comienzos del siglo XX. Además del caso reseñado anteriormente acontecido en la Plaza Palma, un informe oficial reflejó los siguientes que tuvieron como escenarios diversos establecimientos expendedores de alcohol esparcidos por la ciudad: “Con ocasión de hallarse bebiendo en el establecimiento llamado Quitapenas, dos agentes de la Compañía Arrendataria de Tabacos o blanquillos (El crimen de los Blanquillos) , disparósele á uno de ellos llamado Juan Acosta Cortés, no se sabe como, una pistola yendo uno de los proyectiles á alojársele en el dedo índice de la mano derecha, fue intervenido en el Hospital Civil”. Otro incidente relacionado con el alcohol: “Un individuo cuyo nombre se ignora, fué herido en riña por otro bebido, en el labio y maxilar inferior y en el brazo izquierdo. La riña se desarrolló en un establecimiento frente a la Plaza de la Caridad, llegando á tomar serias proporciones durante largo tiempo. El agresor no fue localizado hasta la mañana siguiente en la que repitió el escándalo en otro sito en la Plaza de San Isidro”.

Desgraciadamente la falta de un sistema educativo apropiado al nuevo siglo que acababa de comenzar, unido a la no implantación de medidas que combatiesen lo que ya se estaba convirtiendo en un verdadero problema social como el alcoholismo, producía estos altercados con demasiada frecuencia en los pueblos y ciudades de aquella España abandonada sanitariamente a su suerte, al igual que en otras parcelas de la política nacional. Años atrás, Estanislao Figueras, el primer presidente de la república española, según recogió en sus memorias, tras múltiples reuniones con políticos incapaces, se levantó de la mesa del Consejo de Ministros y dijo: ¡Señores estoy hasta los cojones de todos nosotros! Bien pudo concluir la frase con la expresión… ¡Y el pueblo también!

Pero esa es otra historia.

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