Algeciras

Brisa Fenoy vuelve a clase en el instituto Getares

  • La cantante, modelo y ahora escritora presenta en Algeciras su primer libro, Amor o poder

Brisa Fenoy presenta su primer libro en la biblioteca del instituto Getares, en Algeciras. Brisa Fenoy presenta su primer libro en la biblioteca del instituto Getares, en Algeciras.

Brisa Fenoy presenta su primer libro en la biblioteca del instituto Getares, en Algeciras. / Erasno Fenoy

La cantante, modelo y ahora escritora algecireña Brisa Fenoy ha vuelto este miércoles al instituto Getares en el que estuvo matriculada en su aún más tierna juventud. No se trata de un regreso al pasado, no. Compartió la biblioteca circular de este centro educativo con los alumnos y profesores de primero de Bachillerato para presentarles su primer libro, Amor o poder (Editorial Planeta). Estrella brillante y encantadora, cantó, repartió besos, abrazos y se hizo cuantas fotos le pidieron a la vez que, de forma inteligente y clara, difundió a conciencia su mensaje: "El mundo es de todos y entre todos tenemos que cambiarlo porque este sistema no vale". 

La artista, a la que que falta tiempo para atender compromisos cada vez que regresa a su Algeciras natal desde Madrid, se ha topado en su antiguo instituto con la realidad de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y el Bachillerato. Traducido: máximo entusiasmo al recibirla, rodearla y agasajarla por parte de los más jovenes (primero, segundo y tercero de Secundaria) y mayor resistencia y timidez a expresarse entre quienes han empezado el Bachillerato y con cuya complicidad le ha costado mucho más hacerse durante su exposición. Y mira que los mensajes que lanzaba eran contundentes: "Atención a nuestro consumo porque casi todo lo que compramos viene de la explotación de otros y encima estamos acelerando el cambio climático", afirmó. 

Fenoy vestía una camiseta negra con un mensaje en letras blancas que ya era toda una declaración de intenciones aunque no hubiese abierto la boca: "El pop necesita contenido, música y conciencia". Todo en ella es una llamada a replantearse y profundizar, a no dejar las cosas en la superficie ni sin sustancia. 

Brisa lee el capítulo 4, su favorito del libro. Brisa lee el capítulo 4, su favorito del libro.

Brisa lee el capítulo 4, su favorito del libro. / Erasmo Fenoy

Contó una fábula que fue el definitivo agarrón por la solapa que necesitaban quienes la oían. Ahí se los metió en el bolsillo. En una mesa se sientan un multimillonario, un inmigrante y un obrero y hay 1.000 galletas para repartirse. "En un momento determinado el multimillonario se levanta y se lleva 999 galletas. Deja una sola y le dice al obrero... Ten cuidado, que el inmigrante te quiere quitar la galleta. Así estamos funcionando", añadió.

La cantante aseguró que todos hacemos las cosas por amor o por poder. Hay que ser conscientes de por qué hacemos. Esa es la explicación del título del libro. Lo integran capítulos que constituyen reflexiones para buscar una reconstrucción constante. "Tenemos que ser conscientes de qué comemos y consumimos porque cada gesto cuenta. Vosotros sois el futuro y hay que arriesgar, innovar y ser valientes", abundó la artista. 

Antonio Jiménez, uno de los profesores del Getares, verbalizó el deseo de esa biblioteca repleta de estudiantes y le pidió a Brisa Fenoy que cantase como colofón a su presencia en el centro. Y ella accedió encantada y feliz. Su voz, dulce y especial pero con mucho carácter, encandiló. Interpretó Generación, un trocito de Lo malo -su canción más célebre- y adelantó otro fragmento de una que se incluirá en su próximo disco y es todo un manifiesto contra el consumismo y el maltrato al medio ambiente. Resuena en esta última una frase que se repite: "La tierra no es nuestra, ni tuya ni de nadie". 

Cada gesto cuenta

Colocó la guinda cuando una alumna se animó a cantar con ella. Momento muy especial y cerrado con una prolongada y cálida ovación. Luego salió casi volando, porque tenía que atender entrevistas radiofónicas y preparar la presentación del libro en la asociación Alcultura en la dársena de El Saladillo. Un no parar. 

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