Diario de una gran hazaña | Capítulo 4 (21 de noviembre de 1519) Un caso de sodomía origina una bronca entre los capitanes de la flota de Magallanes

  • El almirante portugués apresa al veedor del Rey, Juan de Cartagena, y le releva al frente de la 'San Antonio'

  • La flota espera ver la costa de Brasil en cuestión de días

  • A un temporal de más de un mes le ha seguido un intenso calor sin nada de viento

Recreación por ordenador de la cubierta de la nao ‘San Antonio’, que ejercía como almacén de víveres de la flota de las Especias. Recreación por ordenador de la cubierta de la nao ‘San Antonio’, que ejercía como almacén de víveres de la flota de las Especias.

Recreación por ordenador de la cubierta de la nao ‘San Antonio’, que ejercía como almacén de víveres de la flota de las Especias. / Dibulitoon Studio

Un caso de sodomía en una de las naos que conforman la flota de las Especias ha originado un durísimo enfrentamiento entre los capitanes de estas embarcaciones que ha desembocado en la decisión de Fernando Magallanes de arrestar a Juan de Cartagena, el veedor del Rey en esta expedición a las Molucas.

Cuando las cinco embarcaciones están a pocas jornadas de ver la costa de Brasil tras casi dos meses de navegación, las discrepancias entre los capitanes españoles y Magallanes han llegado a su punto más álgido. El origen de la última disputa ha estado en un caso de sodomía producido en las últimas jornadas en una de las naos, en concreto en la Victoria.

El propio Magallanes, capitán general de la flota, ha tenido constancia de ese caso de sodomía, un delito que a estas alturas del siglo XVI –estamos a finales de noviembre de 1519– está penado con la muerte. Los implicados en dicho delito, que han sido detenidos, son el maestre de la nao Victoria, Antonio Salamón, y un grumete de dicha embarcación.

Una vez confirmados los hechos, Magallanes ha hecho embarcar a bordo de la Trinidad a los otros cuatro capitanes de la expedición, es decir, Juan de Cartagena (de la San Antonio), Gaspar de Quesada (de la Concepción), Luis de Mendoza (de la Victoria) y Juan Serrano (capitán de la nao Santiago). En esa reunión el máximo responsable de la Victoria confirmó los hechos y explicó que lo había solventado castigando a los dos implicados a latigazos. Ello no ha satisfecho a Magallanes, que ha recordado que las leyes actuales condenan a los acusados de sodomía –si los hechos fueron consentidos por ambas partes, como suele ser lo habitual en estos casos– a la pena de muerte por estrangulamiento. De momento el almirante portugués ha decretado la detención de los dos implicados, que quedan a la espera de ser ajusticiados cuando la flota toque tierra.

Esta decisión final no ha gustado a tres de los restantes cuatro capitanes, que han criticado la severidad de la condena. El cabecilla de la revuelta ha sido Juan de Cartagena, nombrado por el rey Carlos I veedor de esta expedición, es decir, una especie de supervisor general. Algunas fuentes señalan que su lugar preponderante en el organigrama de esta expedición se debe a que es familiar –algunos dicen incluso que es hijo ilegítimo– del arzobispo Juan Rodríguez de Fonseca, presidente del Consejo de Indias.

En la referida reunión a bordo de la Trinidad, Juan de Cartagena se ha enfrentado a Magallanes y le ha recriminado que jamás consulte con ellos las decisiones que está adoptando desde que partieron de Sanlúcar el 20 de septiembre cuando, bajo su punto de vista, está obligado a ello. Este argumentario de Juan de Cartagena fue respaldado por el resto de capitanes, salvo por el de la Santiago, que ha optado por mantener una posición equidistante.

La consecuencia de esta bronca es que Magallanes ha decretado la detención de Juan de Cartagena acusándole de protagonizar un intento de motín. De esta manera le ha despojado de sus cargos y le ha confiado el mando de la San Antonio a Antonio de Coca, hasta ahora contador de la flota. El propio almirante portugués ha decidido apropiarse personalmente de las responsabilidades que tenía Cartagena como inspector general de esta expedición. Tras varios días detenido, Magallanes autorizó que Juan de Cartagena fuera confinado en la Victoria, quedando allí a cargo de su capitán.

Todas estas discrepancias entre los mandos de la flota de las Especias se ha producido cuando las cinco naos han cruzado ya el ecuador y esperan que en cuestión de pocas semanas, quizás días, puedan ver la costa de esa zona de América a la que los portugueses han puesto el nombre de Brasil. Una vez que toquen tierra, las cinco embarcaciones buscarán el paso interoceánico que Magallanes está convencido que existe y que les conducirá directamente hasta las islas Molucas navegando hacia Occidente, es decir, sin que tener que tomar la conocida como ruta de los portugueses, que es la que bordea África para navegar luego por el Índico tras cruzar el cabo de Buena Esperanza.

En las últimas semanas esta flota de las Especias ha sufrido un durísimo temporal de viento que se ha prolongado durante más de un mes. En ese tiempo la tensión se ha disparado entre las diferentes tripulaciones por culpa de la comida, primero porque resultaba imposible encender el fuego de la cocina y también porque, debido al fortísimo oleaje, no se ha podido dispensar alimentos al resto de los barcos desde la San Antonio, que es el buque-almacén de víveres de toda la flota al ser el más grande de todos.

Este temporal ha sido sobre todo de mucho viento pero de poca lluvia, por lo que el racionamiento que se ha decretado entre las diferentes tripulaciones no ha sido sólo de alimentos sino también de agua.

Tras ese mes de temporal llegaron varios días de lluvias, lo que devolvió la alegría a la flota. Pero en la actualidad lo que impera es un intenso calor y una gran calma que impide navegar a un ritmo adecuado. En concreto, el viento es tan escaso que la expedición avanza a una velocidad media de apenas dos nudos.

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