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¿Cuándo se cambia la hora?

La lección de amor de Patricia Pérez junto su marido, Luis Canut, que se ha quedado ciego

La presentadora gallega, que se dio a conocer en toda España por 'El gran juego de la oca', ha pasado por el programa de 'Y ahora Sonsoles' y ha explicado lo que sucede con su esposo

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Francisco Andrés Gallardo

11 de febrero 2026 - 18:20

Para la popular presentadora Patricia Pérez su retirada de las cámaras se ha debido a un drama personal, a una grave dolencia de su marido. La comunicadora gallega, que se dio a conocer en El gran juego de la oca, en su primera etapa con Emilio Aragón, en Antena 3 en 1993, siempre ha hecho gala de una energía generosa, allá en los formatos donde ha estado, sobre todo de contenidos del corazón, pero ahora atraviesa una etapa desafiante por la salud de su esposo, Luis Canut, como revelaba este martes en Y ahora Sonsoles. Su marido, tras tres años de lucha contra una meningitis criptocócica que había contraído, ha perdido la vista, por lo que necesita toda la atención en este proceso y el matrimonio ha decidido dejar atrás Valencia para refugiarse en el norte. El destino elegido es Vigo, la tierra natal de Patricia y donde vive su familia. Al dirigirse a Galicia atiende a,una petición expresa de Luis para iniciar lo que ellos definen como una "vida nueva" en un entorno que él aún conserva nítido en su memoria.

La realidad que afrontan es compleja. Patricia se ha confesado a Sonsoles Ónega. Luis Canut sufre una discapacidad del 80%, marcada principalmente por una ceguera que se manifestó de forma dramática durante su ingreso hospitalario. Patricia recordaba con consternación cómo, en apenas nueve días, la infección arrebató la visión de un ojo a su marido, para después apagar la del segundo de manera gradual. Lejos de instalarse en una depresión, la popular pareja, que frecuentaba tantos photocalls, ha optado por la naturalidad y afrontar su nueva situación. En redes ha ido compartiendo cómo se ha ido adaptando.

Luis, a quien Patricia define como un hombre que "nació feliz", mantiene intacta esa vitalidad que le permite redescubrir sus límites diarios sin sentirse desvalido, demostrando que la verdadera fortaleza reside en el espíritu por lo que aborda una vida de lo más cotidiana, pero adaptándose y aprendiendo a vivir con la ceguera.

Este traslado a Galicia es una búsqueda de tranquilidad tras un inicio de año accidentado por una rotura de cadera de Luis que los devolvió a las salas de hospital. Instalados en una zona que él conoce bien y por la que sabe orientarse gracias al recuerdo, el matrimonio se dedica ahora a "encontrar la luz en la oscuridad". Patricia, convertida en el mejor apoyo de su compañero, insiste en que su único deseo durante los peores meses fue que él, saliera como saliera, siguiera siendo el mismo. Y lo ha logrado: Luis sigue siendo ese motor de alegría y ahora debe reponerse del traumatismo y seguir afianzando su pericia y conocimientos sin el soporte de la visión.

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