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Las relaciones de Tarifa con el norte de África en los siglos XV, XVI y XVII (VI)

Retazosd de historia

La toma y el recate de cautivos fue una constante en la vida de las ciudades, villas y lugares de la costa sur y levantina de la península. En los rescates intervinieron las autoridades, órdenes religiosas como mercedarios y trinitarios o fundaciones pías como patronatos

Subtitulo: La vida de los cautivos era dura, algunos procuraron una vida mejor convirtiéndose, de manera más o menos convencida, al Islam, tal y como se narra en el proceso inquisitorial Cristóbal de Ochoa

Las relaciones de Tarifa con el norte de África en los siglos XV, XVI y XVII (V)

Intermediación de órdenes religiosas en los rescates.

Tarifa, Tetuán y el rescate de Cautivos

Sabemos que durante la baja Edad Media la máxima autoridad en la redención de cautivos era la del alfaqueque mayor, en manos de la familia Saavedra desde 1439 al recaer en la persona de Juan de Saavedra, hasta que el cargo desapareció en tiempos de Felipe III. En 1458 la condición de alfaqueque mayor pasó a su hijo Juan de Saavedra, posteriormente en 1468 a su hermano Fernán Arias de Saavedra y en 1508 a Juan de Saavedra, al que se refrendó en el monopolio de la contratación de los rescates, con la excepción de los realizados por encargo de las órdenes religiosas y de algunos particulares que buscaban aliviar sus conciencias. Y ello a pesar de la oposición de muchas ciudades y villas marítimas andaluzas que habían desarrollado en gran medida relaciones con las ciudades norteafricanas basadas en el rescate y en el intercambio de cautivos, una labor de la que obtenían grandes beneficios marinos, comerciantes y alfaqueques particulares que actuaban al margen de la jurisdicción real y de su alfaqueque mayor.

Málaga tuvo el papel de cabeza en la oposición a la figura y actividad del alfaqueque mayor. Finalmente, el 6 de junio de 1511, la reina Juana reconoció a Juan de Saavedra como tal otorgándole jurisdicción “… por todos los puertos de la mar desde Lorca a Tarifa…”. Alfaqueques mayores que en el reino de Sevilla recibían un arancel por cada rescate consistente en siete doblas y media, quienes independientemente de su religión, debía pagar dos doblas y media -la dobla según las fuentes equivalía entre 485 y 340 maravedís- al alcalde del lugar desde donde salía el cautivo en concepto de “puertas e hierros”. La cuestión culminó con el nombramiento del primer lugarteniente del oficio en Málaga en 1513, que recayó en Alonso de Cuéllar, con la misma facultad de rescatar cautivos entre los puertos situados entre Lorca y Tarifa.

De los primeros cautivos de Tarifa de los que se tienen noticias son dos hermanos, hijos del vecino Juan de Salazar, cautivos en algún lugar del reino de Fez y capturados en la incursión que realizaron los comendadores de Sabiote y La Membrilla “cuando entraron en tierras de moros e se perdieron”.

Otras noticias nos llevan a 1504, fecha en la que Diego Canelas recibió de la reina Isabel I 250.000 maravedís como limosna para liberar cautivos. En Vélez de la Gomera pudo rescatar 23 cautivos “hombres y mujeres, naturales de Gibraltar, Marbella, Sanlúcar, Vejer, Tarifa, Cádiz, Córdoba, Baeza y Valladolid". El cautivo de Tarifa liberado en Vélez se llamaba Diego Rodríguez, tenía aproximadamente unos 35 años y el coste de su liberación fue de 66 ducados. Canelas aportó 18 ducados, mientras que el socorro enviado quizá por sus familiares ascendió a 48 ducados.

Firmas de protocolos para liberación de cautivos.

En los rescates tuvo protagonismo el convento de padres trinitarios calzados de Tarifa, el convento de la Santísima Trinidad, con un papel destacado en la redención de cautivos del año 1620 “… el único administrador de esta redención el Pdo. Fr. Juan de Aguilar, ministro de Tarifa, que redimió 36 cautivos en los reinos de Fez y Tetuán, que junto con otros 358 cautivos liberados por nuestros religiosos de Portugal condujo a Sevilla donde fueron recibidos con una solemne procesión acompañándoles religiosos de todas las Órdenes…” existentes en la ciudad hispalense.

Labor de liberación a las que se sumaban los legados y mandas testamentarias, en nuestro caso ligadas a fundaciones pías. Por ejemplo, sabemos que el patronato de Juan Ximenez Serrano establecía una obligación de asignar 20 ducados para redimir cautivos “de su generación” y sino no eran parientes 5.000 maravedís, mientras el patronato fundado por García de Cárdenas en su testamento otorgado en la ciudad de México el 23 de abril de 1610, dejaba parte de su herencia “ para redimir captivos naturales de Tarifa, prefiriendo a sus parientes, en la inspección de sus cuentas realizada en la Visita Pastoral del Obispo Armengual de la Mota en 1717, se indica que el legado para redimir cautivos constaba de 82 censos, aunque algunos no estaban al corriente e importaban por entonces 20.086 reales.

Mazmorras de Tetuán, donde se relcuía a los cautivos.

Algunas de estas obras pías no radicaban en la población, así en el cabildo de 15 de julio de 1638 se indicaba como hacía unos días que “los moros circunvecinos a ella cautivaron a Juan del Moral y a Juan Pascual naturales de ella con otros vecinos y naturales de esta ciudad y porque haber sido arráez de fragatas y gente honrada y pobre estando… en el cautiverio y sin caudales para su redención acuerda” se escribiese al prior y monjes de un convento sevillano de Las Cuevas, Santa María de las Cuevas, la Cartuja, para que de las limosnas que había dejado “el alcaide de Arcos que lo fue de esta ciudad y natural de ella” se ayudase a los cautivos.

La ligación del alcaide Alonso de Arcos con Sevilla procede de que Enrique IV premió al conquistador de Gibraltar con el cargo de Asistente de Sevilla, donde murió en 1477, siendo sepultado en el monasterio de Santa María de las Cuevas, “de religiosos Cartuxos extramuros de Sevilla” tal y como nos señala López de Ayala. Sobre su losa sepulcral está grabada la siguiente inscripción:

AQUI YACE SEPULTADO EL HONRADO CABALLERO

ALONSO DE ARCOS, ALCAIDE DE TARIFA, QUE GANÓ

A GIBRALTAR DE LOS ENEMIGOS DE NUESTRA

SANTA FE. FALLECIO EN EL AÑO DE 1477. FUE BIENHECHOR

DE ESTA CASA. RUEGUEN A DIOS POR EL.

Peticiones al convento sevillano que se repiten en el año 1639 en los casos del cautivo Melchor de Arcos, de Benito Rodríguez, de Andrés González o el de “Cristóbal de Córdoba vecino de esta ciudad que está cautivo”, todo lo cual indica que los recursos locales para el rescate de cautivos eran insuficientes en aquellos momentos. Una petición de ayuda para rescate de un cautivo que se repitió unos años más tarde, en concreto el 7 de marzo de 1684, cuando se acordó por el cabildo municipal de Tarifa escribir una carta al prior de la Cartuja para que mandase librar para Bartolomé Salguero vecino de Tarifa y “cautivo de tierra de moros” la limosna que el convento acostumbraba librar para el rescate de los cautivos vecinos de Tarifa.

De nuevo las actas del cabildo municipal nos informan sobre este aspecto y el papel de Ceuta como lugar de referencia para comenzar las negociaciones tocantes al rescate de los cautivos en Tetuán.

Así el 14 de septiembre de 1632 el cabildo tarifeño acordó que se escribiese al “general de Ceuta” para que sirviese de intermediario a favor de un cautivo y el rescate de Juan de Arcos Robles, que era escribano del cabildo, “y los demás cautivos que están en Tetuán”.

El papel de Tetuán como lugar de reclusión de cautivos fue puesto de manifiesto por Guillermo Gozalbes Busto en un ya clásico artículo, donde recoge referencias al elevado número de cautivos retenidos, situándolo entre 3.000 y 5.000 personas y era tan antiguo como la llegada de los reinos cristianos peninsulares a las riberas del Estrecho, así en 1399, el monarca castellano Enrique III había ordenado el saqueo de Tetuán por ser uno de los centros de cautivos cristianos en la Berbería.

Bolonia y costa hasta Barbate. / Juan Díaz Bernal

Un hecho curioso aconteció en 1637, en la sesión del cabildo municipal de Tarifa del día 12 de mayo, se leyó una orden del rey transmitida a la ciudad por el duque de Medina Sidonia, en la que se debía realizar un registro de todos los esclavos que había en la población, pero del que quedaban fuera “los moros que se han cautivado en los aduares de Anjar”. Ello suponía un perjuicio muy grande para cuatro cautivos de Anjar que habitaban en Tarifa, en la que ya llevaban viviendo tres años y en la que tres de ellos se encontraban casados y cargados de hijos, además de ser muy pobres.

El problema era difícil de resolver puesto que el Jate de Anjar exigía para devolver cristianos cautivos, no dinero, sino los cuatro “moros” que se encontraban en Tarifa, por lo que acordó escribir al duque de Medina Sidonia pidiéndole que dejara permanecer en la ciudad a “los dichos cuatro moros” por ser “el total remedio de sus casas e hijos”.

Un problema, el de sustituir personas por dinero viceversa, que ya se había planteado en la Granada Nazarí, cuando algunos dueños de cautivos cristianos se negaron a aceptar pagos en metálico o especie por su liberación y preferían intercambiarlos por parientes o amigos. Un tipo de intercambios que se extendió al norte de África, de forma que cuando un norteafricano era vendido, se daba preferencia en su compra a quien tuviera que redimir a un familiar o deudo.

Historia de un cautivo

Un caso digno de mención, y que nos llega a través del Archivo Nacional de Torre do Tombo, fue el de Cristóbal de Ochoa, quién entre el 24 de octubre de 1606 y el 6 de enero de 1608 fue sometido a un proceso por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición de Lisboa, acusado de haber apostatado, renegando del cristianismo y abrazar la doctrina musulmana.

Cautivo prsentado a las autroridades berberiscas.

Natural de Tarifa e hijo del guarda de costa Joan de Ochoa, y huérfano de madre siendo niño, según la documentación generada en el proceso, su padre lo llevó consigo a supuesto de vigilancia en “Bolonga”, una torre en la documentación portuguesa. Un día, su padre tuvo que ausentarse para tratar en Tarifa varios asuntos y lo dejó allí con otras personas. La llegada de una galeota “de mouros” cambió su vida, mientras los adultos que se encontraban junto a él lograron huir, el niño Cristóbal de Ochoa no pudo hacerlo siendo hecho cautivo. Fue conducido primero a Tetuán y luego al año a “Morrocos”, Marrakech, y lo entregaron “al rey” junto con otros mozos renegados, pasados algunos días, dos renegados le dijeron que se volviese “mouro”, porque de no hacerlo lo tratarían “mas ásperamente”, en principio se negó diciendo que era cristiano y no se convertiría en “mouro renegado”, durante varios días fue castigado y golpeado con varas, tras lo cual algunos de los renegados le volvieron a insistir en que se convirtiese en “mouro”, al ser tan menor de edad, accedió a la conversión, desde aquel momento realizó las oraciones, acudió a las mezquitas, se casó con una “moura” y pronunció las palabras de ingresó en la Umma, pero en verdad, confesó al tribunal inquisitorial, que siempre fue cristiano y procuró buscar una ocasión para huir.

Después de veinte años de cautiverio, finalmente logró huir a Mazagán, donde se presentó al vicario de la villa, quien lo confesó y le advirtió de su apostasía. Trasladado a Lisboa y examinado por la Inquisición, firmó una declaración junto a la del inquisidor Antonio Díaz Cardoso, finalmente fue absuelto con cautelas y por lo tanto las penas a cumplir de tipo espiritual, en las que tuvo un papel importante el convento de San Roque de la capital lisboeta, que sabemos era el principal centro jesuita en Portugal.

Breves testimonios el tráfico de cautivos entre ambas orillas del Estrecho en aquellos turbulentos años que conforman la Edad Moderna.

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