Racistas

20 de febrero 2026 - 03:08

El ser humano es un diálogo violento entre su naturaleza y su contexto social, el resultado de su proceso de enculturación... sin abandonar al animal de fondo. Nos resulta grotesco aceptar lo ridículo de la bestia (la vergüenza y la risa son la base de la represión, el sexo) y asumimos la tradición como verdad estática laminada sólo por el pensamiento crítico, a sabiendas de que éste nunca agotará la fuerza irracional de aquélla.

Nunca se nos debe olvidar que lo normal no existe; mejor dicho: sólo podemos analizar lo que miramos desde fuera, la distancia nos da el criterio. Por eso vemos tan claro que el burka o el niqab, esas prendas que ocultan lo que una mujer aparenta ser, pueden rozar la opresión; pero cuidado, pensar que nosotros hacemos lo que queremos libremente y esas mujeres no, es racista. Ellas, como todo grupo social, entienden sus costumbres como algo natural y son nuestras cosas las que les extrañan y hasta repelen.

Una educación correcta debe promover el respeto mutuo dentro del marco legal; los servicios sociales, especialmente con los menores, deben estar atentos... Problema: si ante casos de discriminación, maltrato, desatención, abuso, etc., actuáramos, ¿se liberarían las familias autóctonas? Pensemos en esas barriadas degradadas, todavía llenas de analfabetismo, pensemos en costumbres como exponer la virginidad de las novias (sin descartar el vestido blanco y el velo). Para prohibir una tradición hay que pensar un poco; primero, no se puede prohibir algo a una parte de la población y no a otra, eso es racismo; segundo, ¿y si al prohibir en vez de evitar el daño lo agravamos? Nuestras vírgenes procesionan con el pelo cubierto cuando no con algo parecido a un khimar, que sólo deja al descubierto la cara.

Yo he impartido clases a dos monjas en un instituto público, jamás se me ocurrió que no pudieran entrar en clase ni tuvimos ninguna clase de conflicto; si prohibimos el hijab, ¿incluye los anticuados pañuelos negros de nuestras abuelas viudas?, ¿la prohibición de circular imágenes que transmitan a las niñas como modelo de pureza la virginidad, como si eso tuviera algún significado? ¿Podrían entrar en los juzgados nuestras monjas? Qué ganas de complicar y qué ganas de señalar como sepulcros blanqueados llenos de podredumbre la paja en el ojo ajeno, sin percatarse de la viga en el propio, lanzando la primera piedra por creerse libres de pecado. El racismo es una exaltación de la naturaleza, o sea, el Dios de unos cuantos ignorantes.

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