París-(Algeciras)-Dakar

04 de enero 2026 - 03:09

En 1977 el piloto francés Thierry Sabine estuvo perdido durante cinco días con su moto en el inmenso desierto del Teneré en Libia. Salvado in extremis de morir entre las arenas, el aventurero regresó a Francia fascinado por la belleza de aquellos paisajes en los que había estado a punto de perder la vida y consideró su peripecia como una experiencia digna de ser reproducida en una competición internacional.

Así, en 1979, empezó una reunión de pilotos aficionados con vehículos todo terreno y sin apenas organización que, coincidiendo con el final del año, partían de París con la aspiración de llegar –indemnes– a Dakar, la capital de Senegal. Sin embargo, lo que comenzó siendo una aventura, fue rápidamente evolucionando hasta convertirse en el rally internacional más famoso del mundo con una sofisticada infraestructura para coordinar el movimiento de miles de personas entre participantes, asistencia y organización a través de los inhóspitos parajes africanos.

En 1986, con el París-Dakar convertido en la prueba estrella del automovilismo mundial, su creador, Thierry Sabine, falleció al estrellarse un helicóptero de la organización. Este suceso, junto a la noticia de la desaparición de Mark Thatcher (hijo de Margaret Thatcher) durante seis días en la edición de 1982, potenciaron la prueba fuera del ámbito deportivo dándole aún más relevancia.

Por una cuestión meramente geográfica, el París-Dakar tenía el obligado final de su etapa europea en el puerto de Algeciras, punto de agrupamiento para que los vehículos participantes y los que servían de apoyo técnico o hacían funciones logísticas, embarcaran en los ferris de Ceuta o Tánger para arribar a tierras africanas, donde de verdad empezaba la competición. Los pasos elevados sobre la autovía de Málaga se llenaban de gente para presenciar el paso de los coches y el puerto se convertía en una fiesta para los aficionados que paseaban sin restricciones entre coches, motos y camiones. En cierta manera el París-Dakar era el reverso de la Operación Paso del Estrecho que, en aquella época, suponía el hacinamiento durante julio y agosto en el Llano Amarillo de una profusión de desvencijados coches y furgonetas de marroquíes que desde Francia volvían a pasar las vacaciones en su tierra. Lamentablemente, cuestiones políticas obligaron a cambiar el recorrido y Algeciras perdió el privilegio de ser ese punto estratégico.

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