El matón

06 de marzo 2026 - 03:07

Notó clavársele la mirada de su hasta entonces colega cuando, al revolverse contra ese tipejo que le había tocado el culo y no las tetas porque se apartó a tiempo, le espetó sonoramente, tras una hostia: “¿Qué haces, gilipollas?”. En esa mirada había una mezcla de cobardía y reproche, porque el insultado era hijo del dueño del bar más grande del pueblo y aquello tenía dos consecuencias: ni les dejaría el local para la fiesta de fin de curso, ni les vendería las bebidas necesarias para hacerla en otro lado, sin olvidar una tercera: su padre, igual que él, era un matón porque tenía comprados a los civiles y distribuía toda la farlopa de la zona. Más de una vez habían dado palizas.

Por todo ello, la miró entre asustado y requiriente mientras el niñato rubio se iba y profería no sé qué de sus muertos y se paraba a hablar con otros dos compañeros alejados. Le dijo “¿Qué haces, tía? ¿Tú eres tonta o qué?”... “No le voy a dejar tocarme porque no me da la gana, quién coño es”. “Yo lo digo por tu bien; ya sabes”, “Me importa una mierda su padre... y la fiesta”.

“Oye, qué le has hecho a éste, que va frenético”, dijo uno de los recién llegados. “A mí, al preguntarle, me ha largado que me iba a enterar, ¿tú no sabes quién es el padre?”... Ella los miró con desprecio a los tres, capaces de perder toda la compostura por miedo e interés; pelotas, rastreros, mierdas sin orgullo. “Ese tío se corrió en la cara de Patri, sin que ella se lo esperara, y después se lo contó a todo el mundo, y encima le pegaron al padre cuando fue a reclamar que los dejaran tranquilos, ¿tú crees que yo me voy a dejar amedrentar?, ¿y después qué?, ¿pondréis el culo en fila?”. Hubo un silencio. Su colega, hasta entonces, habló: “... La Patri ¿qué hacía allí? Es una guarra, y de eso no tiene él la culpa”. El otro: “Si te arriesgas, te jodes. No me voy a jugar la fiesta de fin de curso porque hace un año se le fuera un poco la mano, aparte de ¿qué puedo ganar yo si me cogen los del padre?”.

No daba crédito, en vez de la defensa entre amigos asistía a la ignominia de ver cómo la reprendían por ser digna, traicionando a la Patri, que casi tuvo que irse del pueblo. “Ese tío y su familia son unos chulos, qué quieres ¿que me manosee las tetas para tú sentirte feliz? ¿Qué clase de degenerado eres?”, y le respondió el antiguo amigo: “Me pregunto por qué estabas tan cerca y si, por una vainada de estrecha nos vas a meter a todos en un lío”. “Nos vas a buscar una ruina”. Justo al lado de ellos paró el Mercedes.

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