Marido golpista

28 de febrero 2026 - 03:08

Esta España alcahueta y tan necesitada de verdad andaba ya salivando como un perro ante la inminente desclasificación de los documentos sobre el 23F. Digo que sufría mi país porque llevaba mucho tiempo revolcándose en el fango y regurgitando bulos, y llorando por los ataques a Óscar Puente y pendiente de si Sánchez había comido. Frente a algo así, nada como ver el agua cristalina de la información en bruto manar de las fuentes primarias. La extrema izquierda tal vez esperaba descubrir un desatino del Rey, una duda sospechosa en sus conversaciones que indicase que ese día estuvo a favor del golpe hasta que le tocó estar en contra.

Estaba toda la atención, digo, en las comunicaciones de la Zarzuela y en si en el golpe participaron o no los servicios de inteligencia, y algo más se ha concretado, como la indiscutible tenacidad de Juan Carlos I en su defensa la democracia o que en el Cesid había más traidores de los que resultaron, pero lo demás estaba ya todo dicho. Sin embargo, justo cuando la extrema izquierda se lamentaba por el ejemplo de la Corona y los cotillas y conspiradores veían que no había nada que rascar aparece una mujer, Carmen, que con sus llamadas aquella madrugada nos cuenta la historia de un matrimonio dentro de la historia de España.

Es una mujer desesperada que tiene catado a su marido y entre la preocupación y el enfado le dice a Herminia que es “un tonto” y “un desgraciao”, y a su hijo que, como siempre, su padre “está haciendo el primo”, y que maldice “este asco de España y de Ejército”, que “lo ha dejao tirao como una colilla”. Carmen sabe de las tendencias golpistas de Antonio Tejero (“siempre está igual”) y de sus afectos ciegos (“tanto amor a la Patria…”) como nuestras mujeres están al tanto de nuestros vicios. En ese “siempre igual” está aquella que le suelta a la amiga que su marido ha vuelto a cambiar de moto por quinta vez y en ese “es un tonto y un desgraciao”, esa otra que a su hermana le dice que de nuevo ha pagado de más por no revisar la cuenta del restaurante.

El armazón del 23F constituye el mito fundacional de la democracia y de sus entrañas hemos aprendido y extraído muchas cosas. La última es que, si algún día se nos ocurre dar un golpe de Estado por amor a la patria, siempre estará nuestra mujer para decirnos que en realidad estamos haciendo el gilipollas.

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