Más diálogo y menos banderas

28 de febrero 2026 - 03:08

Siempre que he tenido ocasión, desde que empecé a escribir en la prensa comarcal, me he manifestado en favor del entendimiento y la cooperación entre todas las partes implicadas en la cuestión de Gibraltar y, aunque hace mucho que no me pronuncio sobre el tema, mi postura no ha cambiado un ápice al respecto. Por tanto, me alegro un montón de que haya, por fin, un acuerdo sobre el Peñón entre la Unión Europea, España y Reino Unido con el beneplácito mayoritario de las autoridades locales de uno y otro lado de la verja, mal que les pese a algunos. Una solución que se hacía necesaria tras la prolongada incertidumbre generada por el Brexit.

Soy un convencido de que el diálogo es la vía más eficiente, digna y honorable para superar los conflictos humanos de toda índole, y más aún los de carácter político. Sobre todo en estos tiempos que corren en los que ideologías reaccionarias vuelven a campar a sus anchas por doquier, pero especialmente en este nuestro primer mundo, donde ya andamos más que sobrados de patriotas de pacotilla. Así pues, en lo que se refiere a este de Gibraltar, no iba a hacer yo –nunca lo he hecho– una singular excepción.

Comprendo las dudas que el alcance de este acuerdo pueda provocar en colectivos sociales y sectores económicos muy determinados de las poblaciones afectadas con su entrada en vigor, pero estoy seguro de que la eliminación de la frontera, el libre tránsito de personas y mercancías y el uso conjunto del aeropuerto, entre otras disposiciones, no sólo van a reportar más ventajas que inconvenientes, sino que se convertirán en un revulsivo para el desarrollo del Campo de Gibraltar.

Lo que no comprendo es que se pueda estar en contra de una medida que antepone el interés general, por el que están obligados a velar todos los poderes públicos, frente a cualquier otro tipo de interés. Y que, además, redundará en beneficio de la mayoría de los ciudadanos, independientemente de su lugar de residencia y de su nacionalidad.

No es la primera vez que lo digo, y probablemente no sea esta la última. En pleno siglo XXI, ¿qué diantres importa una banderita más o una banderita menos a la entrada de la Roca cuando lo verdaderamente importante es que haya una buena y duradera convivencia y unas relaciones fluidas entre llanitos y campogibraltareños?

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