Como decíamos ayer
José Antonio Ortega
¿Qué es la vida sino un repetirse?
Cuando el ángel maligno no tiene nada más digno en lo que dedicar sus ratos de ocio, con el extremo apendicular extermina coleópteros en el espacio etéreo. Traducido a román paladino significa (lo habrán entendido ya) que cuando el diablo no tiene nada que hacer, con el rabo mata moscas. Y así es como parece estar la exministra de Pedro Sánchez (cuota podemita) Belarra. Si yo fuera Pepe Chamizo diría “esta chica”, que es como él se refirió hace años a Susana Díaz, siendo aún presidenta de la Junta de Andalucía, después de que él dejara de ser -tras casi 18 años en el cargo- defensor del pueblo andaluz.
A Ione Belarra resulta que no le ha parecido bien que Llámamejuanma haya encarnado al rey Baltasar en la cabalgata de Sevilla, organizada por el Ateneo de la capital de Andalucía. Y todo porque se ha tiznado –¿cómo definirlo si no?– de negro. ¡Pero es que el legendario Baltasar era negro! Hay bocachanclas que sostienen que hay que eliminar al rey Baltasar de la cabalgata por “racista, ofensivo y deshumanizante”. Y quienes defienden que para que Sus Majestades los Reyes Magos sean claramente inclusivos los encarnen mujeres, de forma que veamos desfilar el 5 de enero por la tarde por nuestras calles a Melchora, Gaspara y Baltasara. Creo que ya ha ocurrido con alguna de Sus Majestades en determinadas localidades españolas. ¿Se pintará de negro la mujer que encarne a Baltasara? ¿O se escogerá a una mujer de piel negra para darle más dosis de verosimilitud a Su Majestad negra?
El PSOE ha criticado que el actual presidente de la Junta haya representado a Baltasar en la cabalgata de Sevilla. Pero José Rodríguez de la Borbolla (presidente de la Junta de Andalucía entre 1984 y 1990) fue Baltasar el 5 de enero de 1987, año de nacimiento de Ione Belarra Urteaga. Y Juan Espadas, que quiso ser presidente de la Junta sin conseguirlo, también fue rey mago negro.
A Ione Belarra, que no es palestina, le gusta usar la kufiya palestina. Y ha dicho que ser negro no es un disfraz. ¡Ha descubierto la pólvora! La kufiya tampoco es un disfraz y ella, cuando toca, se la pone. Es verdad que una cosa no tiene nada que ver con la otra. Pero para esta ocasión tocaba pintarse de negro si eres de tez blanca. Lo que le ocurre a la políticamente intrascendente Belarra es que tenía que decir algo baladí para estar “en el candelabro”.
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