Lotta Continua
Francisco Silvera
Enfosadores (I)
El año 2026 ha empezado de forma tumultuosa con la intervención militar estadounidense en Venezuela y el secuestro de su jefe de Estado, Nicolás Maduro, que ha sido trasladado a los Estados Unidos.
Aunque se ha escrito y dicho mucho sobre el futuro de Venezuela, coincido con el grupo de analistas que ponen de manifiesto las enormes incertidumbres presentes que impiden adelantar un diagnostico siquiera aproximado del escenario futuro. El tiempo irá aclarando algunas dudas sobre aspectos claves de la situación, por ejemplo, si ha mediado algún tipo de negociación previa con la cúpula de poder venezolana que haya allanado el camino a la acción militar. Sin embargo, los hechos nos presentan un buen conjunto de certezas.
Algunas son conclusiones claras derivadas de los hechos, otras provienen de un reconocimiento expreso por parte de los Estados Unidos. La primera y evidente es que la acción militar americana es un acto contrario al derecho internacional y viola principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas.
En segundo lugar, la detención de Maduro carece de fuerza jurídica, es ilegal y no hay ninguna base ni fundamento legal serio para ser juzgado fuera de su país. Todo parece indicar que no va a tener un juicio justo sino un simulacro de procedimiento cuya sentencia ya ha sido dictada desde la Casa Blanca. Me alegraría muchísimo estar equivocado sobre ello porque sería reconocer que todavía funciona algo del antiguo Estado de Derecho americano ferozmente demolido por Trump y sus secuaces en un año.
Muy ingenuos han sido los que inicialmente pensaron que la acción militar derrocaría una dictadura y supondría el inicio de un proceso democratizador en el país. Trump se ha encargado de aclararlo muy pronto: su principal objetivo es el petróleo y los recursos naturales de Venezuela. Prefiere contar con la cúpula chavista que con la oposición democrática presuntamente ganadora de las últimas elecciones en Venezuela.
En definitiva, la intervención militar americana ha confirmado que la sociedad internacional reglada regida por un orden, aunque imperfecto, basado en el derecho internacional ha desaparecido. El nuevo orden internacional está basado en el poder de la fuerza. Y, a su vez, la fuerza que provenga de los Estados Unidos, en la codicia y arrogancia de un narcisista.
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