En tránsito
Eduardo Jordá
Una extraña fascinación
Es difícil entender la fascinación que nuestra izquierda –y sobre todo, nuestra extrema izquierda– siente por el régimen iraní de los ayatolás y sus sucursales armadas en Gaza (Hamas) y en el Líbano (Hezbolá). Es cierto que esta guerra de Trump y Netanyahu contra Irán es un disparate que no va a traer nada bueno, pero convendría recordar que el régimen de los ayatolás, después de la revolución de 1979 contra el sha, exterminó a toda la izquierda laica y marxista, ejecutó a sus líderes y mandó al exilio a los pocos que sobrevivieron. Y si esto es así –y lo es–, ¿cómo es posible que nuestra izquierda más rupestre siga disculpando a los ayatolás con toda clase de supercherías intelectuales? Ah, amigos, esa es la pregunta del billón.
Ante todo, hay que recordar que nuestra izquierda tiene una relación tan conflictiva con el Estado de Derecho como lo ha tenido siempre la extrema derecha. Salvo el breve paréntesis del “eurocomunismo” de los años 60 y 70, que quizá se alargó hasta comienzos del siglo XXI, nuestra izquierda mayoritaria nunca ha aceptado las normas elementales de una democracia. Por supuesto que la izquierda –igual que la extrema derecha trumpiana– finge respetar esas normas, pero la pura verdad es que su único objetivo es socavarlas hasta conseguir que todas las instituciones del Estado estén a su servicio (la España de Pedro Sánchez se mueve en esa dirección). El modelo oscila entre la Argentina de los Kirchner y la Venezuela de Maduro. Y quien no quiera verlo es que no tiene ojos.
Por eso ocurre que todos los enemigos internacionales del Occidente liberal se convierten en aliados de nuestra izquierda. Cualquiera que haya seguido un poco la política exterior sabe que había un eje Rusia-Venezuela-Irán (y China) que intentaba torpedear en todo lo posible la existencia de las democracias liberales. Las bellas almas se escandalizan cuando oyen esto –no les gusta oír la verdad–, pero las cosas son así. Y ahí es donde aparecen los ayatolás, que forman parte de ese eje opuesto a todo lo que signifique Estado de Derecho y libre mercado. O sea que no lo duden: entre los ayatolás y Occidente, las almas bellas siempre preferirán a los ayatolás. Aunque luego, si un día llegara el caso, los ayatolás acabarían colgándolas a todas de una grúa.
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