Desde el exilio
Enrique Mesa
Una Europa a dos velocidades
Hace unos días sabíamos que Alemania había propuesto a Francia, Italia, España, Polonia y Países Bajos la creación del E6. Una especie de grupo selecto dentro de la Unión Europea, cuyo objetivo último era avanzar en la integración de forma más rápida. Esta propuesta es una respuesta a los retos globales a los que se enfrenta la Unión: entre un aliado que cada vez parece más un enemigo, Estados Unidos; una especie de socio cuyas intenciones son inciertas, China; y un enemigo que amenaza con invadir Europa en cuanto el paraguas estadounidense decaiga.
La idea de una Europa a dos velocidades no es nueva y, en realidad, ya ocurre; incluso podríamos hablar de tres velocidades. Por un lado, están los 27 miembros de la Unión, por otro los 21 miembros de la Eurozona, aquellos que compartimos la política monetaria y el euro; y por otro, aquellos que forman parte del espacio Schengen, en el cual se incluyen países que no forman parte de los dos grupos anteriores como Islandia, Liechtenstein, Noruega o Suiza.
Por tanto, volvemos a encontrarnos en una situación similar a la que Europa se enfrentó a finales del siglo pasado tras la aprobación del Tratado de Maastricht en 1992 y la creación del euro y de los opt-outs, es decir, aquellos países que quedarían fuera de la moneda única. Como ocurrió entonces, el peso de las economías hizo que la entrada en el euro fuera escalada; en 1999 entraron los países miembros de la Unión; por entonces, con excepción de Grecia, que lo hizo en 2001. Desde entonces, nueve países más han entrado en el euro, el último de ellos, Bulgaria, este pasado enero de 2026.
Al igual que ocurrió a finales del siglo XX, los cambios generan debates y una mayor integración suscita rechazo al tener que renunciar a una soberanía nacional en pos de una soberanía comunitaria. Sin embargo, como ocurrió entonces, que un grupo de países avance a una velocidad diferente parece ser la única forma de que la Unión avance hacia un estado federal europeo. Esperemos que los poderes comunitarios también avancen para reflejar las sensibilidades de los diferentes países.
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