El día de la marmota

Hay partidos metidos en bucles, a lo Bill Murray, que andan perdiendo periódicamente la memoria

Seguro que recuerdan la película del mismo título, aunque aquí lo cambiaron por el de Atrapados en el tiempo. Estrenada en 1993, la protagonizaba Bill Murray quien daba vida a un meteorólogo, muy mala gente, encargado de retransmitir para la tele una fiesta local en torno a Phil, una marmota que cada año, a medio camino entre el final del invierno y el principio de la primavera, predecía el tiempo que iba a hacer. Por razones que no recuerdo, veíamos al meteorólogo atrapado en un bucle de tiempo que le obligaba a repetir, el mismo día, una y otra vez, hasta que lograba romper el extraño e infernal hechizo. La traigo a colación porque éstas últimas semanas el escenario político de nuestro país, con sus repetidas idas y venidas –léase: argumentos y actuaciones, de unos y de otros, en torno a los votos necesarios para la investidura –, me ha recordado a la vieja película. Hay partidos metidos en bucles, a lo Bill Murray, que andan perdiendo periódicamente la memoria. Y en esto andábamos cuando, de las brumas del tiempo, salió Aznar y mandó callar. Bueno, más que callar, llamó a levantarse contra quienes, a su juicio, van a terminar –esta vez sí, seguro, palabrita– con España. Acabáramos. Otro con la memoria en bucle. Hace unos días, el director adjunto de La Vanguardia, Enric Juliana, recordaba que llevamos más de veinte años oyendo semejantes argumentos por parte de la derecha. Y apuntaba cómo, en la siempre tensa relación con Cataluña, se ha ido de repetición en repetición de cesiones y acuerdos, que parecen no estar en la memoria de algunos. Toda la razón. Contaba , Juliana, cómo siendo presidente del gobierno Aznar, Pujol consiguió que, entre otras cosas, el entonces gobierno del PP, con Mayor Oreja al frente de Interior, se cargara de un plumazo a los gobernadores civiles, no sólo los de Cataluña, sino a los de toda España (para los más jóvenes: los gobernadores civiles de entonces, eran una auténtica institución con mando en plaza) y también que retirara de Cataluña a la Guardia Civil de Tráfico, sustituida desde entonces por los mossos de escuadra. Así, del tirón, sin anestesia ni nada. Y, añadía, con su mijita de guasa catalana: “y entonces nadie dijo ni pío” Tal cual. Ahora se rasgan las vestiduras y profetizan las siete plagas por acuerdos de gobierno todavía inexistentes y una amnistía que no está aprobada. Pues eso, que se les perdió la marmota, digo la memoria. Disiento de tan negativos augures: nadie va a destrozar a España. La vía institucional seguirá su marcha, y veremos… En peores plazas hemos toreado los españoles.

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