Hoy hablaré de la preparación y el trabajo que conlleva realizar un concierto, desde el punto de vista de un músico. Cuando asistimos a uno de ellos como público no todo el mundo que se sienta en el patio de butacas sabe en realidad cómo se ha preparado todo.

Los compañeros músicos de las bandas, cuartetos, coros u orquestas sinfónicas, como en mi caso, conocemos los entresijos y todos los preparativos de un futuro concierto. La vida de cualquier grupo musical como los citados se realiza diariamente y en ello participan muchas personas, toda una familia musical y cada uno con una finalidad: completar el puzle del trabajo en equipo con el esfuerzo individual que se transforma en un grupo. Hoy espero de corazón que con este humilde artículo consiga que cuando os sentéis a escuchar un concierto veáis y valoréis la antesala de ese trabajo. La base principal de cualquier grupo es su escuela y la formación de sus componentes. Los propios músicos se instruyen musicalmente y se mantienen en forma con la técnica del instrumento. Ser músico es como ser un "atleta de élite", siempre tienes que estar entrenando. Cada músico tiene que preparar su papel con su voz, que llamamos particella estudiando los pasajes más comprometidos desde el punto de vista técnico; y eso conlleva muchas horas para conseguir el resultado hasta que salga perfectamente. Marcar los matices, que son las señales que nos indican cuándo hay que tocar forte, es decir, con mayor intensidad, o piano, con menor intensidad; pero esto sonaría demasiado a libro técnico si no contamos con la parte psicológica y humana. Muchas veces, cuando te pones solo delante de una partitura para estudiarla, tienes que deshacerte de los miedos y las dificultades o encajar de la mejor manera el estado anímico que ese día tengas por los problemas cotidianos. El compañerismo y la psicología del director son cruciales para crear ese ambiente que nos dé esos resultados esperados. Una vez que ya está estudiado de forma individual, la otra parte es tocar en grupo con el resto de los compañeros bajo un criterio común de la interpretación, que se unifica a través del director. Cuando este baja la batuta, comienza la interpretación y creación en grupo de las distintas tensiones que se desarrollan en la obra musical, con la finalidad de llevar el sentimiento de la propia obra al público. Y, así, conseguir que la persona que nos escucha, que no tienen por qué tener formación musical, sea capaz de apreciar esas tensiones y fraseos que le harán sentir y emocionarse con todo ese trabajo que todos los músicos han forjado previamente. Cuando esa persona que escucha se emociona, se crea la magia de la música. Y es entonces cuando el trabajo en equipo de todos los músicos da sus frutos.

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