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Un café con Paula

Paula Igartua

Psicóloga

La influencia de la crianza en la salud mental futura

Se trata de buscar un equilibrio entre dar protección y ofrecer autonomía, para que los niños se sientan seguros experimentando el mundo

Una madre juega con sus dos niñas. Una madre juega con sus dos niñas.

Una madre juega con sus dos niñas. / Erasmo Ffenoy

Todos los padres desean lo mejor para sus hijos. En consulta veo a menudo muchas familias muy diferentes entre sí, pero todas tienen algo en común, el deseo de ayudar a sus hijos e hijas a ser adultos sanos y felices.

Sin embargo, la felicidad de nuestros hijos en la edad adulta no dependerá directamente de nosotros. Existen muchos factores que escapan a nuestro control. Un objetivo más realista podría ser centrarnos en poder establecer en la actualidad un vínculo lo más seguro y sano posible. Si conseguimos formar un apego seguro en la relación con nuestros hijos, en la edad adulta será más probable que sepan gestionar sus propias emociones, que tengan herramientas de afrontamiento, que se quieran más… es decir, a la larga experimentarán un mayor bienestar psicológico.

Para ello, serán importantes dos cosas. Uno, estar disponibles de forma regular, los niños necesitan sentir que son nuestra prioridad, sentir nuestro cariño, escuchar que los queremos, jugar juntos… y necesitan que lo hagamos de forma constante y esperable. Y dos, que podamos entender, validar y cubrir sus necesidades, no sólo físicas, sino también emocionales, por ejemplo, calmar su llanto si se ha caído o calmarles cuando tienen una rabieta. Puede ayudarnos mucho pensar que detrás de cada conducta “negativa” de un niño hay una necesidad que no estamos viendo. En resumen, se trata de buscar un equilibrio entre dar protección y ofrecer autonomía, para que se sientan seguros experimentando el mundo.

Sin embargo, nuestro amor por ellos y el deseo de que sean siempre felices, nos lleva muchas veces a sobreprotegerlos y preocuparnos en exceso. Un ejemplo sería acudir corriendo o muy asustados cuando se caen, o intentar evitarles emociones negativas dándoles demasiada autonomía, diciéndoles “no pasa nada” o “no llores”.  Esto hace que en ocasiones sintamos saturación, frustración e impotencia, lo que nos deja tan exhaustos que nos dedicamos a sobrevivir en la paternidad sin tener un objetivo claro en su educación.

Si esto ocurre en ocasiones, no pasa nada, es normal, ningún padre es perfecto ni un superhéroe. No debemos sentirnos mal por ello. Sin embargo, cuando esto ocurre de forma asidua y se vuelve algo normal, no se cumplen los requisitos para una relación con base segura.

¿Qué pasará entonces en la edad adulta? En ambos casos, una baja autoestima e inseguridad. Y de forma más concreta, los adultos con padres que fueron muy preocupadizos o disponibles de forma irregular, suelen ser muy emocionales, padecer ansiedad e incertidumbre y están más expuestos a entrar en relaciones de dependencia emocional. Por otro lado, adultos con padres que evitaron mucho las emociones, entenderán poco lo que sienten, tenderán a centrarse más en los pensamientos, por ello, es posible que tengan ansiedad, pero la expresarán a través del cuerpo: dolores de barriga, de cabeza, alergias cutáneas… Además, estarán más expuestos a la dependencia a cualquier sustancia, ya que el gran efecto de las drogas es evadirnos de nuestros problemas, evitarlos.

Por otro lado, estos apegos más inseguros tienen más probabilidades de padecer trastornos psicológicos como depresión, ansiedad o trastornos de personalidad.

Hasta hace poco se planteaba la idea de que los trastornos mentales se debían exclusivamente a factores biológicos. Sin embargo, hoy se sabe que muchos de los problemas de salud mental en la edad adulta están relacionados con todo lo que vivimos en la infancia.

Es importante que los padres puedan mirarse a sí mismos, y ver cuáles pueden ser sus heridas infantiles para poder sanarlas y ser capaces de cubrir las necesidades de sus hijos de forma más plena. Al final todos repetimos los patrones que aprendimos de relación cuando éramos pequeños, por eso necesitamos sanar como hijos, para cuidar como padres.

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