Aviso naranja

07 de febrero 2026 - 03:07

La Junta de Andalucía ha rectificado esta semana la polémica decisión que adoptó siete días antes al no suspender las clases en los centros educativos de las zonas en las que la Agencia Estatal de Meteorología había activado el aviso naranja por viento o lluvia. Este hecho causó un profundo malestar entre muchos padres y madres que, viendo lo que se venía encima, decidieron dejar a sus hijos en casa. Quienes lo hicieron fue, básicamente, por causa de fuerza mayor, al no tener con quién dejarlos.

La consejera de Educación, María del Carmen Castillo, salió al paso al día siguiente con unas declaraciones que venían a calificarnos poco menos de alarmistas a los padres que decidimos no llevar a nuestros hijos al colegio. “Si cada vez que hay una alerta naranja por viento o por fenómenos costeros hay que cerrar centros educativos, todos los días cerraríamos centros educativos”, dijo.

En este punto puedo estar de acuerdo, porque no es lo mismo un aviso naranja por lluvias intensas en una franja horaria concreta –como ocurrió hace unos meses, cuando se suspendieron las clases un día en el que finalmente apenas llovió– que uno por viento superior a los 100 kilómetros por hora, unido a chubascos persistentes que acabaron intensificándose, hasta el punto de activarse el nivel naranja a media mañana, como ocurrió en el Campo de Gibraltar.

La situación ese día con el paso de la borrasca Kristin fue caótica, con árboles, farolas y carteles derribados por la fuerza del viento –si hubiera pasado algo a la hora de entrada de los colegios, ¿a quién le pediríamos cuentas?–, y con centros educativos en los que hubo que achicar agua debido a goteras y filtraciones provocadas por una situación excepcional.

Las declaraciones de la consejera siguieron señalando a unos padres que parecían haber perdido los papeles por pedir la suspensión de las clases. “Si llueve a la hora de entrada del cole, es molesto, y si hace viento, también lo es al bajar a los niños del coche, pero no había riesgo”, llegó a decir un día después de que algunos padres recibieran en iPasen mensajes sugiriendo recoger a sus hijos antes de la hora de salida porque en ciertos centros no daban abasto achicando agua.

Siete días después, el criterio de la Junta fue totalmente distinto, con la suspensión de las clases en todos los municipios con aviso naranja. En esta ocasión sí imperó el sentido común porque en muchas zonas la situación ha sido muy complicada –y lo sigue siendo– y así no se ha puesto en peligro ni a alumnos ni a docentes.

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