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Tierra de palabras

Fases

Vivir con lo preciso implica vivirlo en todos los aspectos, no solo en la despensa y en los pequeños caprichos

Después de transitar por el estupor, la separación, la no acción, el cambio de costumbres, el temor, la adaptación, la rendición al teletrabajo y sus sistemas, el malestar físico sin tu médico de cabecera cerca y el emocional sin una caricia hecha de piel, el aprendizaje de guardar las distancias, la renuncia al abrazo y un sinfín de situaciones más que, sin duda, todos habremos compartido… después de haber transitado esto y mucho más que se quedó sin enumerar, he de reconocer que la evolución me cambió de fase.

Sabiendo que va para largo y que mi trabajo este verano se va a ver salpicado por las consecuencias de la pandemia, un nuevo aprendizaje se asoma a mis días: vivir con lo preciso. Y vivir con lo preciso implica vivirlo en todos los aspectos, no solo en la despensa y en los pequeños caprichos que surgieran.

Así que ahora vuelvo a mirar de otra forma los rincones de la casa donde se acumulan papeles, carpetas, revistas, recortes, apuntes y notas que desde hace quién sabe cuánto llevan allí medio muertos. Esas cosas que no me atrevo a coger por el simple hecho de que me descubran partes de mi pasado que arrincono para que no vuelvan, haciéndome creer que no molestan, ocupando el espacio que podría ocuparlo cosas nuevas o simplemente ocuparlo de vacío que tan bien sienta. Así que esta fase nueva tampoco es nada fácil porque los que me conocen saben que desapegarme me cuesta.

Hay una estantería que, junto a la que fue la cama de mi hija, asfixia al nuevo invitado que llega. En ella tengo lo que no quiero muy a la vista pero que, en el fondo de algún rincón, lo quiero. Lo saqué todo al salón y me volví loca, porque es la única forma para hacerlo, y comencé a tirarlo casi todo; cosas de las que pensé que nunca sería capaz de deshacerme, aunque a estas alturas nada me sorprende tanto, ya que tampoco creí que podría estar dos meses sin abrazar y besar a mi hija.

De entre la multitud de hojas sueltas, un precioso artículo de mi hermano en el que, siempre sabio, me daba una pauta para trascender en esta nueva fase: "Porque son los días los que nos abrazan, los que como faros nos hacen de guía (…) Estar vivo no es más que dejarse acunar por el abrazo prodigioso que nos dan los días…"

Supondrás que él, sí se salvó de la quema.

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