José Martínez Olmos

Una mejor gestión sanitaria

Salud sin fronteras

Conviene trabajar para encontrar los consensos y reformas necesarias

21 de abril 2024 - 00:45

Conseguir que los recursos sanitarios puedan ofrecer el mejor resultado en salud de una forma eficiente es una de las claves para asegurar sostenibilidad en la sanidad pública. No se trata de gastar menos sino de gastar bien. Y eso requiere saber y poder hacer una mejor gestión sanitaria en relación a cómo se hace hoy.

Las prestaciones del Estado de Bienestar están sufriendo una fuerte tensión debido a las crecientes y cambiantes demandas y necesidades que se requieren en un contexto de envejecimiento poblacional. Desde hace unos años y a lo largo de los próximos 25, el número de personas mayores de 65 años (y mayores de 80 y de 90) experimentará un crecimiento impresionante.

Estas prestaciones, tales como las pensiones, la sanidad o los servicios sociales y de atención a la dependencia tendrán que afrontar este importante incremento de población mayor que, en el caso de los servicios sanitarios, conlleva pluripatologia y polimedicación con el probable incremento de necesidades de recursos. Al igual que en pensiones y servicios sociales, que también requerirán más recursos.

Es en este contexto en el que la gestión de las diferentes áreas del Estado de Bienestar va a requerir de nuevas estrategias ya que es previsible un escenario en el que se exija adecuada capacidad de gestionar los recursos públicos siempre escasos en una situación de competencia entre esas áreas del bienestar para captar los fondos que hagan posible atender las necesidades crecientes.

Pero si nos centramos en la gestión sanitaria, este es un campo que tiene importantes áreas de mejora y para ello convendría trabajar seriamente para encontrar los consensos necesarios y aplicar reformas que permitan disponer de las adecuadas herramientas de gestión al tiempo que asegurar disponer de los mejores gestores que deberían estar acreditados y evaluados en un proceso de profesionalización de la gestión que ofreciera garantías.

Habría que debatir también sobre el tipo de organización sanitaria que se necesita para asegurar que se captan a los mejores profesionales, se les ofrece autonomía de gestión y se plantea una retribución digna y un sistema de incentivos en función de resultados que acabe con el café para todos a la hora de las retribuciones.

Explorar y recorrer el camino hacia una gestión más efectiva y eficiente en sanidad debe hacernos reflexionar sobre la base de considerar que los actuales modelos de gestión no son los adecuados. Tampoco lo son los procedimientos de captación y de medición de resultados de los directivos sanitarios. En estas áreas hay fallos e insuficiencias estructurales que en numerosas ocasiones condicionan no disponer de mejores resultados en salud y en eficiencia.

El modelo de funcionarios cuyos sueldos son iguales y en demasiadas ocasiones alejados de la producción, la salud o el bienestar de los pacientes, puede tener su tiempo final más cerca que lejos. Puede ser oportuno aprovechar la experiencia y la capacidad de pronosticar el futuro demográfico y sus implicaciones en la sostenibilidad para avanzar en las reformas que puedan hacer posible la mejor efectividad y eficiencia en el objetivo de calidad, excelencia y sostenibilidad de nuestro sistema público de salud universal.

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