Análisis

carmen pérez

Universidad de Sevilla

Euríbor, salarios, hipotecas y depósitos

Acostumbrados desde julio de 2022 a escuchar prácticamente todos los meses que el Euríbor sube y sube, ahora parece que esta escalada ha llegado a su fin, y en las últimas semanas se está moviendo en torno al 4%, décima arriba, décima abajo. La contención de la inflación y, consecuentemente, el distinto tono con el que se ha pronunciado el BCE en sus últimas reuniones junto con la pausa decretada en la última, están provocando este estancamiento. Lo que todavía no se ve claro es cuándo empezará el camino inverso: para que el Euríbor experimente descensos significativos tendrá que empezar el banco central a bajar los tipos.

A favor de que esto se produzca en el primer trimestre de 2024 están los datos del IPC de la zona euro, que cayó al 2,9% en octubre y se espera que en noviembre haya seguido disminuyendo, las señales de debilidad de la economía y la contracción del crédito que viene produciéndose. En contra, y es la mayor de las preocupaciones del BCE, la fortaleza del mercado de trabajo y su efecto asociado, el aumento de los salarios.

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, advertía este mismo lunes, en su comparecencia ante el Parlamento europeo, que todavía es pronto para cantar victoria en la lucha contra la inflación. Su evolución a medio plazo sigue rodeada de mucha incertidumbre, y señalaba que las presiones salariales dentro de la Eurozona son ahora la fuerza inflacionista que más hay que vigilar, aunque la atribuye a “efectos de ponerse al día”, relacionadas con la inflación pasada, y no a una espiral inflacionista. Actualmente el paro de la zona euro marca mínimos históricos, el 6,4%, y los salarios están creciendo cerca del 5%.

Todo está por ver. En economía, los efectos nunca se producen en un único sentido. Así, como la inflación está cayendo, los ingresos reales de los hogares y la demanda de exportaciones de la zona del euro se recuperan, actuando en contra de conducir la inflación al objetivo del 2%. Y, además, dependerá de la evolución de los conflictos geopolíticos, que en cualquier momento pueden agravarse o extenderse, y desatar de nuevo el alza de los precios energéticos.

Los hipotecados y endeudados a tipo variable ven con alivio este, por el momento, estancamiento del Euríbor, aunque todavía tardarán en sentir cómo disminuyen sus pagos. Tras años y años de tipos por los suelos, ven con horror tener que dedicar 200 o 300 euros al mes al pago de intereses. El que ha podido, y aprovechando la medida gubernamental de eliminar las comisiones, se ha lanzado a amortizar anticipadamente para evitar que la cuota se disparara.

Los depositantes, sin embargo, han asistido a este periodo, al menos en España, sin beneficiarse de obtener una remuneración, a pesar del reclamo constante a la banca por parte de los gobiernos y del mismo BCE para que la subida tipos funcionara tanto para préstamos como para depósitos. Pero, inundados de liquidez por las líneas de financiación superconvenientes que les puso el BCE cuando la crisis del Covid-19, los bancos españoles no han tenido que competir por los ahorros. Esas líneas están llegando a su fin, pero, vaya, justo en el momento que la tendencia cambia.

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