luis garcía gil. escritor

"Marisol era un personaje muy potente, muy moderno; un icono pop"

  • El autor gaditano firma en 'Marisol Pepa Flores: Corazón rebelde' una exhaustiva indagación en las claves de la carrera musical de la artista, sin eludir todo los demás factores que le rodearon

El escritor Luis García Gil con su libro sobre la figura de Marisol. El escritor Luis García Gil con su libro sobre la figura de Marisol.

El escritor Luis García Gil con su libro sobre la figura de Marisol. / lourdes de vicente

Luis García Gil es poeta, pero también un escritor que se ha especializado en indagar en las obras de los cantautores. Serrat, Aute, Ruibal y Yupanqui, entre otros, han sido objetivo de su pulcra mirada. Ahora le toca el turno a Marisol, aquella estrella musical a veces vapuleada por la vida y en la que el autor (Cádiz, 1974), en Marisol. Pepa Flores. Corazón rebelde (Milenio), profundiza sin eludir ninguna arista.

-¿Por qué la figura de Marisol? ¿Había algún vacío que llenar?

-A veces las cosas surgen por la maravillosa complicidad con el editor, en este caso Javier de Castro, de Milenio, que es muy marisoliano. Marisol suponía para mí adentrarme en un territorio pop y además me apasionaba el personaje. Era un reto tocar un personaje alejado de lo que puede ser la trascendencia de los cantautores, entre comillas, porque Marisol ha tenido una trascendencia como icono pop tan grande como la de aquellos.

-¿Entonces no conocía a fondo el personaje?

-Lo conocía superficialmente pero sí había escuchado muchas de sus canciones y había visto muchas de sus películas.

-¿Tenía algún disco suyo?

-Sí, sí. Mi discoteca es muy variada... Tenía discos sobre todo de la Marisol crepuscular discográficamente hablando: el último que hizo con canciones de Aute, otro disco que hizo con el propio Aute y Caco Senante, otro más, titulado Galería de perpetuas...

-De la Marisol niña, menos.

-Sí, menos. Y luego tenía una referencia, que es la que reivindico en el libro, de la Marisol de finales de los 60 y principios de los 70, cuando graba el Corazón contento o cuando graba con Serrat Tu nombre me sabe a yerba. Digamos que es un personaje que musicalmente me interesaba, pero no estaba entre mis preferencias antes de escribir este libro.

-¿Cómo se acercó entonces a la figura de Marisol?

-Con máximo respeto. Yo conocía bien su dimensión pública sensacionalista, su vida azarosa, complicada, con muchos avatares, el tema de la familia Goyanes... Quieras o no, hasta quien no ha escuchado nada de Marisol sabe que es un personaje con cierto morbo y que ha sido muy referenciado en revistas del corazón y programas de la cochambre televisiva. Su primer matrimonio, de conveniencia con el hijo de Goyanes, su segunda relación con Gades... A la Marisol del papel couché la conocía. Pero lo que tuve muy claro desde el principio es que tenía que ser riguroso e intentar hacer prevalecer su dimensión musical, incluso por encima de la cinematográfica. Más allá de lo sociológico, su vida y sus avatares tenían que estar presentes pero sin ningún tipo de acento escabroso. El respeto a su figura era fundamental. Evidentemente tienes que basarte en las fuentes, utilizar cuantas puedas, eso es primordial, pero luego hay que interpretar todo eso. Y yo me siento escritor, una persona que como poeta le da a la palabra un valor muy importante. Con Marisol se podía construir un ensayo con su punto novelesco y evocador. Es un personaje potente, un icono pop, un personaje muy moderno.

-El que capítulo que dedica a su alianza artística con Juan Pardo es muy periodístico.

-Juan Pardo es muy importante para ella. Es otro músico de categoría extraordinaria, también muy despreciado en este país. La gente se acuerda de él, pero quizás no se le da la importancia que tuvo en los años 60 y principios de los 70, no sólo como cantante, como intérprete o autor de canciones, sino también como productor. Juan Pardo ha sido una figura muy relevante y su generosidad es digna de ser resaltada porque me ayudó mucho. No sólo le hizo muchas canciones a Marisol, sino que tiene una amistad muy intensa con ella. La conectó, a través de Juan y Junior, con el mundo del pop. De repente aparece el Dúo Dinámico, que es importante en la renovación de la música popular española a la hora de introducir nuevos ritmos, y tenemos una Marisol yeyé que acaba experimentando una evolución musical que es la que trata de analizar el libro.

-Dado que nadie puede escapar de la época en la que le toca vivir, ¿cómo ha enfocado la parte política de Marisol, su declarada condición de comunista después de haber triunfado artísticamente en plena dictadura?

-Importante, claro. El libro, para huir de la mera recopilación de datos, trata de analizar a Marisol, y analizar a Marisol es analizar la historia del país. Eso también es muy apasionante. Los cambios de Marisol son los del propio país. Años 60, el desarrollismo, ese franquismo que quiere ser más aperturista, la niña prodigio, luego en el 65-66 la llegada de una canción como El cochecito, y todo eso, esa evolución, se ve ya en las películas de Marisol. Se podía juntar un número muy flamenco y, de pronto, entra una canción que podía ser en inglés, y entonces irrumpe lo pop y hasta lo psicodélico. En un determinado momento, ella va ya buscando su identidad perdida, que es Pepa Flores. Realmente no rehúye de Marisol pero, como mujer, cuando se habla de mujer explotada, ella misma ha tratado de quitarle tremendismo a la cosa. Lo pasa mal, pero lo pasa mal porque la infancia se la quitan y la adolescencia también la pierde. Umbral, por ejemplo, exageró mucho, cargó las tintas, incluso quiso hacerle un libro a Marisol... Yo pienso que no conviene convertir a Marisol en un personaje de folletín.

-¿Qué otros personajes, además de Juan Pardo, fueron importantes en su evolución?

-Su encuentro con Serrat creo que es muy importante, fue alguien que le pudo influir en su toma de conciencia. Luego, por supuesto, Gades, que resulta crucial. Se habla mucho de que Gades la anula, que pasa a ser militante, pero yo creo que esa rebeldía ya está en el personaje, en las entrevistas que hace, en su manera de ver el mundo, incluso en los ataques que ella hace a la censura del cine español, es muy valiente. Quiere rodar en Europa, le encantaría hacer películas con Bergman, con Joseph Losey, y ella maneja muy bien las claves del cine europeo aunque al final no se concreta nada de lo que quiere hacer y termina rodando películas muy malas. Perdimos a una actriz que podía haber sido estupenda, aunque luego en Los días del pasado con Camus y en Mariana Pineda sí que pudo defender buenos papeles. Después, en la Transición, se convierte en un icono del comunismo, ella con el puño en alto. Y para mucha gente eso...

-Ahí está el rifirrafe con Maruja Torres, que aparece en el libro...

-Le atacan mucho cuando la ven con el puño en alto... Pero hay entrevistas del 73, 74, donde ya se intuía un cambio claro. Ella fue muy maltratada por el poder de la industria del cine, toda esa manera de explotarla desde el punto de vista comercial y artístico... Al final, ella tenía cuentas pendientes con ese mundo.

-¿Esa es la causa de su retirada prematura?

-El hartazgo tiene que ver, sí. Por ejemplo, cuando graba un disco como Galería de perpetuas, las críticas no son malas pero tampoco se le valora ese cambio de registro que hizo. Cuando canta en directo, las críticas son muy hirientes, no se valora tampoco su propuesta musical. Mariana Pineda fue una serie también con mucha controversia. También pesó mucho la exposición al fuego que había tenido desde pequeñita. Cuando abre una tienda de antigüedades en Málaga, dice que se quiere dedicar a sus hijas, Gades va girando y ella está en un segundo plano: está anunciando su retirada futura. Luego, todos esos enfrentamientos, que si Maruja Torres, que si Umbral metiendo el dedo en la llaga... Termina cansada y se retira en silencio. No ha vuelto a hacer nada, ni entrevistas ni nada.

-Es muy curiosa la parte en la que recuerda la grabación del programa de televisión que hacía Valerio Lazarov, 360 grados en torno a...

-Fue un programa fundamental en la propia iconografía del personaje, que en aquel momento empezaba a hacer canciones más comprometidas. Ese programa lo hicieron cuatro o cinco artistas, no más, y permitían en una hora y pico dar una dimensión real del personaje, que hablaba a la cámara y se reivindicaba. Ella, además, lo hace de una manera muy graciosa porque se hace una especie de alter ego, sale su veta de actriz. Hay cosas un poco kitsch, como ese Porrompompero nipón que graba en la Torre de Puntales de Cádiz. Y ahí estaba Fernando Fernández, uno de los mejores fotógrafos gaditanos, el último testigo de los años 60-70 con un material fotográfico potente de la ciudad. Para el libro me cedió unas fotos que son únicas, inéditas.

-Una curiosidad: el poema final.

-A mí me gusta reivindicarme como poeta. Es mi primera vocación. Y después de haber ahondado dos años en el personaje de Marisol, de terminar conmocionado por su fuerza, de haberme incluso enamorado de sus distintas facetas, pues me salió escribir ese poema. Le comenté al editor que podía ser una forma más emotiva de cerrar el libro, de hacer una visión de la Pepa Flores ya en su retiro. Es casi como una liberación final después de tanta documentación. Una mirada personal más lírica, como el último acto de respeto y reverencia que tiene el libro hacia Marisol, Pepa Flores.

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