Cultura

Adiós a la renovadora de la danza

  • Pina Bausch, la coreógrafa que unió el teatro y la danza para explorar los secretos del alma, fallece a los 68 años de un cáncer · Bailó en España por última vez en 2008, en el 30 aniversario de 'Café Müller'

La alemana Pina Bausch (Solingen, 1940), una de las más grandes creadoras del siglo XX, falleció ayer a consecuencia de un cáncer fulminante diagnosticado hace tan sólo cinco días. La mujer que inauguró la corriente escénica del teatro-danza, de una enorme influencia entre actores y bailarines, pasó sus últimos días trabajando con su compañía en la Ópera de Wuppertal, donde era coreógrafa residente y desarrolló buena parte de su carrera.

Pina Bausch convirtió sus coreografías en obras de arte totales a la que incorporó recursos dramáticos, canto, pantomina, recitación y elementos como el agua y el barro. "Tuve que sacrificar mi propia danza para encontrar la forma de incluir en el movimiento los problemas de nuestro mundo", llegó a declarar, convencida de que la vida actual no podía ser bailada a la manera tradicional. Con su muerte, deja huérfana a una pléyade de creadores que la consideran su musa en todos los rincones del planeta. En España, país del que le apasionaba el flamenco y donde tenía muchos amigos, como Pedro Almodóvar -que le rindió homenaje en la cinta Hable con ella-, se la añorará tras haberse convertido en una presencia habitual en el Festival de Otoño de Madrid, que ella debía inaugurar el próximo 4 de noviembre. Andalucía pierde así la oportunidad de verla interpretar cualquiera de sus monumentales trabajos, un sueño que muchos bailarines y actores andaluces -como Manuela Nogales, Fernando Lima o Paco León- vieron cumplido el año pasado en el Liceo barcelonés, cuando Pina, con su espectral figura, se subió por última vez a los escenarios españoles para bailar afé Müller (1978), la breve pero intensa coreografía que cambió el curso de la historia de la danza. Como escribiera entonces la crítica de danza de Diario de Sevilla, Rosalía Gómez, con esta pieza viva y desoladora sobre un oprimente café, la artista indagó en la incomunicación contemporánea entre hombres y mujeres al tiempo que enfadó a los abonados del Liceo, que silbaron la propuesta. Un rechazo similar al que afrontó en sus inicios, cuando la radicalidad de trabajos como Barbazul (1977, adaptación de la ópera de Bela Bartok) provocaba los abucheos del público.

Pina Bausch tenía muchos planes. Entre ellos, realizar una película sobre su trabajo junto con su amigo el director de cine Wim Wenders, que ayer reconoció estar "desconsolado porque hayamos decidido llevar a la práctica nuestro viejo plan demasiado tarde". Wenders subrayó que el trabajo de Pina era algo "único" que "ha enriquecido y reflejado nuestro tiempo como pocos otros". También Almodóvar lloró ayer a la amiga que "me provocaba emociones muy diversas y me inspiraba siempre".

Entre sus obras más representativas se cuentan Ifigenia en Taúride, Orfeo y Eurídice (ambas de Gluck), Adagio. Cinco canciones de Gustav Mahler (1974), su Consagración de la primavera (1975, repuesta en 2008 en Barcelona), Los siete pecados capitales (1976, con música de Kurt Weil y textos de Bertolt Brecht), Café Müller (1978), Nelken (1982), Danzón (1995) y Masurca Fogo (1998). Sus trabajos combinaban músicas clásicas y populares. Amaba a Stravinski y a Tom Waits, uno de cuyos temas cerraba Nefés, la propuesta en torno al agua mostrada en 2006 en el Teatro de la Zarzuela y donde bailaba la madrileña Nazareth Panadero, integrante original de su compañía y una de sus más fieles discípulas.

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