Puente de la Constitución

Las horas más bajas del turismo rural

  • Alojamientos y establecimientos de la Sierra se enfrentan con desolación al puente de la Constitución. Sólo uno de los siete hoteles de Grazalema está abierto. El sector pide ayuda urgente ante la situación actual

Vista de la entrada del Hotel Peña de Arcos Vista de la entrada del Hotel Peña de Arcos

Vista de la entrada del Hotel Peña de Arcos / Ramón Aguilar

Tienen nombres y apellidos. Muchos son el relevo de las primeras familias que se atrevieron a abrir un negocio relacionado con el turismo en la Sierra cuando nadie daba dos duros por este destino rural. Y lo están pasando mal. Muy mal. Algunos se están comiendo los pocos ahorros que tienen tras un año imposible para sacar la cabeza por las restricciones de movilidad que acarrea la Covid-19 y el exponencial aumento de contagios en la Sierra. Otros han tenido que echar manos del banco con préstamos para poder ir tirando. Y los más han cerrado a cal y canto, de manera temporal, desde que se decretó hace un mes el cierre perimetral a pocos días del puente de Todos los Santos.

El mesón y hotel La Fonda, un histórico de Arcos, esta semana El mesón y hotel La Fonda, un histórico de Arcos, esta semana

El mesón y hotel La Fonda, un histórico de Arcos, esta semana / Ramón Aguilar

Como muestra un botón: de los siete hoteles con los que cuenta Grazalema, sólo uno permanece abierto para dar cobertura a trabajadores desplazados de fuera para realizar una actividad concreta. Tres de los bares que rodean a la plaza del Ayuntamiento de El Bosque tienen la persiana echada hasta nuevo aviso. Idéntica visión se repite en el tramo que va del Paseo a las calles Corredera y Boliche, en Arcos, con establecimientos hoteleros de mucho peso con las puertas cerradas. Una imagen muy alejada de lo que sería este otoño si el bicho no se hubiera cruzado en nuestras vidas ya que todos estos establecimientos estarían engrasando la maquinaria para abordar con llenos el próximo puente de la Constitución.

La terraza abierta del restaurante Casa Calvillo, en El Bosque La terraza abierta del restaurante Casa Calvillo, en El Bosque

La terraza abierta del restaurante Casa Calvillo, en El Bosque

Ésta es la crónica de un sector incipiente en la comarca que en los últimos años, ha empezado a despegar pero que, con la pandemia, anda metido en una encrucijada. Saben que no todos podrán salir de esta crisis sanitaria que los está desangrando. “En pueblos pequeños como El Bosque la hostelería vive de la gente de fuera. Y ahora es imposible. Estamos entre un 5% y un 10% de facturación gracias, sobre todo, a vecinos de aquí, que sé que vienen para echarnos una mano y es de agradecer. Tengo trabajadores que llevan 20 años conmigo y no los puedo despedir. Me da mucha pena todo lo que está pasando”, dice Antonio Horacio Calvillo Gómez, el dueño del restaurante y apartamentos Casa Calvillo, ubicado en la plaza bosqueña del Andén.

El suyo es uno de los primeros negocios turísticos de la zona, con más de 50 años de historia a sus espaldas. Antonio Horacio pone voz a la angustia y la incertidumbre de una actividad turística, que no sólo repercute en su propio bolsillo, sino que irradia sus efectos a la vida de los pueblos serranos. “Voy a aguantar hasta el 10 de diciembre y ver si se levanta el cierre perimetral o se da una solución a esto”, explica. Antonio Horacio cogió hace 20 años las riendas de esta venta que está a la entrada de El Bosque. Lo hizo de la mano de su padre, que forma parte de una estirpe de emprendedores locales, que abrió en su época la primera piscina y la primera discoteca de la localidad. Calvillo, como muchos otros, está tirando de los ahorros y de aplazamientos para poder hacerse cargo de todos los costes que suponen el mantenimiento del local, seguros sociales, pago de autónomos, sueldos de la plantilla y pago a proveedores. “No hemos recibido ayudas. Si se tomó la decisión del cierre perimetral tenían que haber tenido en cuenta a los pueblos pequeños y decirnos que teníamos facilidades de 30, 60 o 90 días de plazo sin recargos para poder volver a la normalidad”, apostilla.

A poca distancia Juan Francisco Angulo, uno de los socios que regenta desde hace tres años y tras un traspaso la popular Venta Julián, también en El Bosque, se las ve y se las desea para sacar adelante el negocio con siete trabajadores. Pero los números no cuadran. Hay que pagar el alquiler, los empleados, las provisiones. Y falta lo más importante: los visitantes de fuera, los turistas… Un día de esta semana ha servido 20 desayunos cuando lo ‘normal’ era dar entre 80 y 100.

El sendero del río Majaceite, entre El Bosque y Benamahoma, desierto El sendero del río Majaceite, entre El Bosque y Benamahoma, desierto

El sendero del río Majaceite, entre El Bosque y Benamahoma, desierto / Ramón Aguilar

“Aquí, en El Bosque, nos está pasando a todos. O las administraciones hacen algo rápido o estamos abocados al cierre. El 98% de nuestra facturación proviene del público de fuera, de Jerez, de la Bahía, de la Costa… Tenemos que pagar el alquiler, el traspaso… Si esta venta fuera nuestra podríamos aguantar más, pero tenemos unas cargas para mantenerla, con alquiler y traspaso, y no queremos llegar a que la pelota de las deudas vaya a más. Así que rogamos un plan urgente para salvar la hostelería”, afirma Juan, que hace dos semanas se tuvo que acoger a un préstamo ICO para ‘salvar los muebles’. Él, junto a otros hosteleros, pide a la Junta que, al menos, se contemple una apertura perimetral dentro de la propia provincia.

“Entendemos lo complicado que es aunar salud y economía, pero hay que estudiar medidas que cumplan con las obligaciones sanitarias y que ayuden, también, a la hostelería. Nuestro sector está haciendo su labor por garantizar la higiene, las distancias, el aforo en los establecimientos”, afirma.

Mesas de un bar serrano cerrado Mesas de un bar serrano cerrado

Mesas de un bar serrano cerrado / Ramón Aguilar

Olga Galván Atienza lleva el hotel-restaurante Los Tadeos, en Zahara de la Sierra, un negocio familiar que tiene cerrado la parte del alojamiento a consecuencia del cierre perimetral, pero que ha decidido tirar para adelante los fines de semana con la restauración. “Echamos mano de reservas económicas. Y menos mal que el verano fue bueno. Mantuvimos el hotel al 60% de nuestra capacidad por responsabilidad para garantizar las medidas higiénico-sanitarias a nuestros clientes cuando podíamos abrir al completo y no lo hicimos”, asevera.

El hotel Los Tadeos, en Zahara de la Sierra, cerrado temporalmente, aunque abre el restaurante El hotel Los Tadeos, en Zahara de la Sierra, cerrado temporalmente, aunque abre el restaurante

El hotel Los Tadeos, en Zahara de la Sierra, cerrado temporalmente, aunque abre el restaurante

A ella como a otros tanto se le cayó en picado las reservas del puente de los Santos y las del puente de la Constitución, que ya tenía cerradas. Pero algunas de ellas no se las han anulado y se las han aplazado a la primavera de 2021. Un atisbo que da esperanzas dentro de la incertidumbre. “Los tres primeros meses de pandemia hicimos un Erte y abrimos a finales de junio. Vino el puente de octubre y nos alivió. Y después el cierre perimetral, que nos ha afectado muchísimo ya que estos meses son un gran empujón para el sector de la Sierra”, añade. Ante esto el Ayuntamiento de Zahara de la Sierra ha respondido con ayudas económicas a los afectados y geles y mascarillas para amortiguar las cargas.

Olga Galván no tira la toalla y cree que, a pesar de todo, la actividad turística remontará pese a que este próximo puente de la Constitución se queden otra vez en tierra de nadie. Y espera que la primavera del 2021 se pueda respirar un poco con la entrada de visitantes nacionales y sobre todo, de extranjeros, un segmento este último que busca actividades en la Sierra ligadas al parapente, el ciclismo y el turismo de naturaleza.

El hotel La Posada de las Cuevas, en Arcos, sigue abierto El hotel La Posada de las Cuevas, en Arcos, sigue abierto

El hotel La Posada de las Cuevas, en Arcos, sigue abierto / Ramón Aguilar

Como tampoco quieren claudicar ante un destino incierto Ezequiel Romero y Cristian Gallardo, otros dos jóvenes empresarios que dirigen desde hace cinco años el hotel Posada de las Cuevas, en Arcos. El suyo es de los pocos establecimientos que sigue abierto pese al control de la movilidad entre municipios, que ha desinflado la oferta. Su clientela, en estos momentos, se basa en personas que llegan a Arcos por motivos laborales. Ellos han tenido que echar manos para mantener las instalaciones y los gastos fijos y de personal con una reserva de dinero que tenían prevista para montar otro negocio de hostelería en el pueblo. Como otros afectados esperan que la vacuna y el levantamiento de las restricciones lleguen pronto para que se reflote el sector. Ojalá sea así.

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