Malos tiempos para la paz

El futuro de la UE no puede depender de Trump y de Putin ni éstos reemplazar la voluntad de los ciudadanos europeos

Donald Trump. / Bonnie Cash / Efe
Manuel Chaves

La intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela representa un ataque a la soberanía de un país; también ha creado en muchas personas la certeza de que algo grave que afecta a la paz mundial está ocurriendo. De pronto, nos damos cuenta de que ya no podemos confiar en las alianzas que garantizaban nuestra seguridad y convivencia claves de un orden internacional basado en reglas compartidas. Los conflictos que han tenido lugar a lo largo de este siglo –Ucrania, Gaza, Irán, Venezuela y otros– así como las amenazas a estados –Canadá, Dinamarca, Colombia, Cuba, etc.– por parte de Washington acercan a un mundo en el que las grandes potencias –EEUU, China, Rusia– se arrogan el derecho a dominar a estados mas pequeños y a invadir territorios cuando les convengan.

Los autócratas –Trump, Putin, Xi Jinping– que lideran las grandes potencias buscan configurar un nuevo “orden mundial” en el que priorizan sus intereses fundamentales con plena libertad de acción en otros estados. El multilateralismo y sus instituciones y el derecho internacional han dejado de tener importancia en el nuevo orden. Los hombres "fuertes" quieren repartirse el mundo en zonas de influencia sometiendo a otros países a sus intereses. Parece que el sistema de naciones entra en un "orden anárquico" que responde a la relación de fuerzas entre los estados. Después de la intervención en Venezuela, Putin y Xi Jinping, en sus ambiciones territoriales, pueden considerar que están "legitimados" para actuar de la misma forma que Trump. La consecuencia más grave de esta situación es la quiebra de la seguridad global y la posibilidad del conflicto militar. Hace unos meses, Condoleezza Rice señalaba que "el problema mayor de seguridad en el panorama actual es el conflicto militar directo entre grandes potencias" como consecuencia de las reivindicaciones territoriales al configurar las zonas de influencia (Taiwán y el Mar del Sur en el caso de China y la franja oriental de Europa en el caso de Rusia).

Evitar un conflicto mundial desde el final de la II Guerra Mundial (1945) ha sido posible gracias a las norma internacionales y a los sistemas de alianzas entre estados sin restar importancia al papel de la disuasión militar y nuclear entre EEUU y Rusia. Desde su fundación en 1949, la Alianza Atlántica ha garantizado la seguridad colectiva de la mayoría de los países europeos, muchos de ellos integrados en la UE. Pero cuando Trump, el presidente de los EEUU, la nación que lidera la OTAN, desprecia a la Alianza, no se compromete con el Tratado que la regula; se declara en contra de la UE y de todo los que ésta representa, la conclusión es que la Alianza como sistema de seguridad global puede entrar en una situación crítica. Para Trump la expansión militar, territorial y económica del poder estadounidense es la base de su estrategia de seguridad: la "paz por la fuerza", como la denomina.

La amenaza de Trump de una intervención militar en Groenlandia es la manifestación mas escandalosa de su desprecio hacia los países que han sido aliados de EEUU. Hace unos días Josep Borrell dijo que "los EEUU ya no cuentan con nosotros los europeos. Ya no son nuestros aliados". Borrell plantea una pregunta clave: "¿Qué haremos si los marines desembarcan en Groenlandia?". Es decir, ¿que van a hacer los países europeos y la UE si un país europeo, en este caso Dinamarca, es atacado por el país que lidera la alianza de la que son miembros? Evidentemente, es difícil responder a esta pregunta a la que un día tendremos que contestar.

En mi opinión, la UE se enfrenta en la actualidad a una cuestión existencial. La UE tiene que gestionar su seguridad y defensa con sus propios medios y recursos. Su autonomía estratégica requiere recursos pero también mayores competencias en las políticas de seguridad y defensa que están en manos de los países miembros. El tiempo apremia y la UE debe asegurar la unidad o las mayorías reforzadas de sus miembros para alcanzar dicho objetivo. Tiene potencial económico para ello. La UE como bloque comercial es la segunda economía del mundo y su PIB global es superior al de China y diez veces superior al de Rusia. En el sistema de naciones la garantía del derecho internacional, la democracia y el respeto a los derechos humanos dependen en gran medida de la acción de la UE. Como declaró el presidente del Consejo Europeo, el futuro de Europa y de la UE no pueden depender de Trump y de Putin ni éstos pueden reemplazar la voluntad de los ciudadanos europeos.

Manuel Chaves es ex presidente de la Junta de Andalucía

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