Feria de La Línea

Las tómbolas y puestos de la Feria, tradición de padres a hijos

  • Estos negocios pasan de generación en generación en muchos casos. Son parte fundamental de la Velada y Fiestas pero sufren en gran medida los efectos de la crisis

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Todos los linenses se han comprado algo en los puestos de ropa o complementos, han jugado de pequeños a los patitos o han llevado a sus hijos a jugar al tiro al blanco, pero no todos han tenido la oportunidad de conocer la historia que se encuentra detrás de cada puesto o cada tómbola.

Casi todos los feriantes han nacido y crecido en la Feria, aunque hay algunos que se casaron hace años con feriantes y ahora se encargan de los puestos o los cacharros.

"Somos mucha gente y muchas familias, uno puede tener un puesto pero su hermano está con un cacharro", explica el propietario de una tómbola de marcar goles.

Así, según otra feriante, "si tienes el dinero suficiente, cuando tus hijos crecen y llega la hora de que se encarguen de los puestos puedes negociar con otro feriante para comprarle otro puesto o una atracción".

La mayoría de los feriantes tienen clientes de toda la vida. "Tengo incluso clientes que venían de pequeños con los padres y que ahora vienen de mayores con los hijos".

Otra mujer, que lleva una tómbola de patitos con su familia, asegura que "incluso vienen clientes del mismo año con los niños, que quieren repetir en los patitos porque les hace ilusión y les das juego de manera que no sea solamente una compra, sino que es como un concurso".

Por otra parte, casi todos en las tómbolas coinciden en que lo que los clientes más se llevan son "los peluches, sobre todo el de la serpiente gigante, aunque también los de Dora Exploradora y Bob Esponja".

Otra de las encargadas comenta que "las niñas se están llevando mucho ahora los cojines de las Monsterhigh, que son de este año".

En los puestos , por otro lado, admiten que casi siempre se llevan las cosas más baratas. La crisis se nota en todas partes y que no haya dinero les ha afectado muchísimo. "Los cacharros, las tómbolas y los puestos son como un artículo de lujo, no una necesidad, así que la gente viene cuando puede gastarse algo. Lo primero es cubrir tus necesidades, y luego tus caprichos", dice un propietario.

Asimismo, otra feriante, que lleva una tómbola de animales con su marido, declara que "nosotros seguimos pagando los mismos impuestos y las mismas tasas", mientras que el propietario de un puesto de artículos de rock admite que "las ventas se han reducido un 30% o más".

También hay gente que reconoce que no se vende nada, por lo menos en los puestos, ya que "con la crisis la gente prefiere gastarse el dinero en los cacharros que en comprar ropa y detalles".

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