Estos robots tan simpáticos dan miedo: China sí tiene un plan
Marlaska, eterno protagonista de polémicas
Las claves
El ministro del Interior se encuentra de nuevo ante una situación delicada: la denuncia por violación al ya ex número dos de la Policía Nacional
ES juez, juez además que tuvo prestigio, fundamentalmente cuando desde la Audiencia Nacional actuó de forma implacable, con todo el peso de la ley, contra ETA. De hecho, fue quien ordenó el ingreso en prisión de Arnaldo Otegi cuando un tribunal le condenó a seis años de prisión por pertenencia a banda terrorista. Por eso sorprendió, y dolió, que una vez nombrado ministro de Interior, no se opuso a que desde su Gobierno se hicieras concesiones a la banda Desde poner fin a la dispersión de los presos –que fueron conducidos a cárceles del País Vasco y Navarra–, a que se atendieran las exigencias del PNV de que ceder las competencias de prisiones al Gobierno vasco a cambio de seguir apoyando a Pedro Sánchez. Con las consecuencias beneficiosas para los presos conocidas por todos.
En su biografía como ministro quedarán apuntadas para siempre la pésima gestión de la entrada masiva de inmigrantes en Melilla saltando la valla, con escasez de efectivos policiales y gravísimos incidentes que provocaron más de 20 inmigrantes fallecidos. Se acusó al ministerio de desproporción en el uso de la fuerza y se recordó que los agentes destinados en Ceuta y Melilla llevaban mucho tiempo denunciando la falta de medios y de personal.
También en esos apuntes de fracasos se incluirá la muerte de dos guardias civiles en Barbate, arrollados por una narcolancha; un hecho que conmocionó a España y que evidenció que efectivamente el ministerio no estaba facilitando los medios necesarios en lugares calientes, de gran presión social y en el que actuaban bandas delictivas.
En el plano político, Marlaska actuó de forma ilegal, como corroboró posteriormente el Tribunal Supremo, al cesar al coronel de la Guardia Civil Pérez de los Cobos, jefe de la comandancia de Madrid, por negarse a informar al ministerio sobre unas investigaciones judiciales que se estaban realizando sobre la manifestación del 8-M que se celebró en Madrid, y se señalaba como origen de que se precipitaran los casos de Covid y la pandemia se expandiera tan rápidamente. El ministro, como juez, sabía perfectamente que la Policía judicial solo puede informar al juez, ni siquiera a una autoridad política. Pérez de los Cobos fue cesado y posteriormente el Supremo ordenó que fuera restituido en su cargo puesto que había actuado conforme a la ley.
Fernando Grande Marlaska se encuentra de nuevo ante una situación delicada: una agente de Policía acosada por el DAO José Ángel Gonzáldez que, según el relato que hizo la víctima en la denuncia que presentó ante un juzgado a principios de enero, la obligó a acudir a su domicilio haciendo uso de su autoridad y la agredió sexualmente. La víctima aportó una cinta muy explícita sobre lo ocurrido.
Ha estado de baja desde abril por problemas psicológicos y mentales causados por la agresión, diagnosticados por un equipo médico de la propia Policía. El caso se ha conocido ahora, Marlaska ha cesado al DAO y, en una reacción insólita cuando la oposición le ha exigido su dimisión, ha alegado que sólo la presentaría si lo solicitaba la víctima y añadía además que no se había sentido respaldada por el propio ministro.
¿Estaba al tanto el ministro?
Marlaska asegura que no ha tenido conocimiento de estos hechos hasta ahora.
Distintas fuentes policiales, que no ocultan su conmoción por los hechos, por la situación de una compañera no sólo violada –según su versión– sino presionada y coaccionada para aceptar puestos importantes para alejarla de Madrid, coinciden en que es difícil creer que el ministro no supiera algo que era motivo de cotilleos de pasillo desde hacía tiempo: la vida privada del DAO, la cantidad de traslados que solicitaban mujeres policías para poner fin a situaciones incómodas provocadas por el DAO, con faltas de respeto e intentos de mantener relaciones sexuales, y cómo nadie del círculo de González que conocían su acoso a la policía se preguntaban por la razón de que llevara tantos meses de baja médica.
El ministerio, cuenta uno de los policías consultados, más allá de un lugar de trabajo que cumple de forma impecable profesionalmente y con plena dedicación, es también un equipo en el que las relaciones son estrechas, de gran confianza, propias de quienes ejerce una profesión de riesgo, con mucha movilidad interna y cambios de destino, y es difícil por tanto ser ajeno a los problemas personales. Más aún cuando, en este caso, la víctima llevaba años de trabajo policial a sus espaldas, era conocida y algún compañero se ha interesado por su baja tan prolongada.
Marlaska, explican, al igual que los anteriores ministros, mantiene más relaciones con el DAO que con el director general de la Policía. Este último es un cargo político, que unos han ejercido con más eficacia que otros, pero el director operativo es quien conoce a fondo el trabajo que se realiza, entre otras razones porque es quien diseña y da el visto bueno a las operaciones que se ponen en marcha para cumplir el objetivo prioritario: garantizar la seguridad de los españoles.
Es impensable que en ese clima no haya llegado ningún tipo de señal de alarma al ministro. Excepto si el ministro prefiere no estar atento a las señales de alarma para no verse obligado a indagar o a tomar decisiones que un director, una autoridad, debe tomar ante hechos inquietantes de sus subordinados.
Marlaska, a su pesar, tiene un precedente en su ministerio de alguien que tomó una decisión drástica cuando le falló una persona de su máxima confianza, Antonio Asunción. Fue ministro con el Gobierno de Felipe González y, después de varios años de director de Instituciones Penitenciarias, donde realizó un trabajo que marcó un camino a seguir, logró su sueño político de ser nombrado ministro de Interior.
Cuando apenas llevaba seis meses, uno de sus principales colaboradores, Luis Roldán, director general de la Guardia Civil, se fugó de España al verse en peligro de acabar en prisión porque habían salido a la luz los delitos cometido.
En plena operación de detenerle cuando se le daba por refugiado en una casa que tenía su mujer en Mombuey, Zamora, y se había rodeado por la noche la finca, se conoció el engaño de Roldán, que se encontraba ya fuera de España. Al día siguiente, a las 09:00, Antonio Asunción presentaba su dimisión irrevocable a Felipe González.
Eran otros tiempos, otras formas de que asumir responsabilidades políticas. Otra forma de considerar cómo se debe servir al país cuando te han dado un cargo de Gobierno.
Marlaska ha buscado una fórmula para no dimitir que es una artimaña para evadir su responsabilidad: que la víctima le pida la dimisión. No se dimite porque alguien concreto lo solicite, sino por respeto a quien te ha nombrado y por respeto a los ciudadanos que esperan de sus autoridades que defiendan sus derechos y sus intereses, y no lo hacen.
En el mundo político no sanchista, en varias ocasiones en las que Fernando Grande Marlaska, juez –hay que insistir en ello– no ha estado a la altura de lo que se esperaba de él y apoyaba de forma incuestionable iniciativas del Gobierno que, años atrás, consideraba inadmisibles e incluso ilegales, se ha escuchado con frecuencia una posible explicación a la actitud del ministro: se tiene que hacer perdonar que, en tiempos pasados, fue vocal del Consejo General del Poder Judicial a propuesta del PP.
Solo él sabe si es verdad.
No hay comentarios