España

Podemos se tambalea

  • Aguas revueltas. La guerra larvada en la formación morada vive un nuevo capítulo en su quinto aniversario por la alianza de Errejón con Carmena en Madrid que agudiza la fractura con Iglesias

Errejón e Iglesias, en un Pleno en el Congreso en febrero de 2017. Errejón e Iglesias, en un Pleno en el Congreso en febrero de 2017.

Errejón e Iglesias, en un Pleno en el Congreso en febrero de 2017. / Emilio Naranjo / Efe

EL 17 de enero de 2014, un grupo de jóvenes que se habían conocido en la facultad de Políticas de la Complutense anunciaban la creación de Podemos, que poco después se convertía en partido político. Cuando pretendían conmemorar el quinto aniversario de esa fecha, ha saltado por los aires.

A Pablo Iglesias, inactivo desde por su baja de maternidad, se le tambalea el suelo político que pisa. El día del aniversario recibía un mensaje de Errejón en el que anunciaba que su lista a la Comunidad de Madrid se presentaría bajo el nombre Más Madrid, igual que Manuela Carmena, y a las pocas horas, cuando la noticia era ya de dominio público, Iglesias respondía en una carta que Podemos presentaría una lista alternativa a la de Errejón para el Gobierno madrileño. En declaraciones posteriores lo consideró expulsado de la formación, mientras Errejón afirmó que seguía perteneciendo al partido que creó. Era la guerra.

Guerra larvada desde hacía meses, y que llega a Podemos en el peor momento, cuando faltan cuatro meses para unas elecciones cruciales y cuando sus socios, las llamadas confluencias, se han ido alejando del proyecto a lo largo de estos cinco años, hasta el punto de que en las elecciones de mayo casi todos ellos se presentarán con sus propias siglas y en muchos casos compitiendo con el partido que había sido su socio.

Proceso de desenganche

De los cinco fundadores, Pablo Iglesias, Carolina Bescansa, ïñigo Errejón, Juan Carlos Monedero y Luis Alegre, sólo el primero se sienta hoy en un despacho de la sede del partido en la calle Princesa. Los demás se quedado por el camino. Alegre fue el primero en alejarse, Monedero mantiene una situación ambigua sin ruptura pero sin ocupar cargos, Bescansa y Errejón han acabado mal al cuestionar la manera en la que Iglesias impone su criterio.

La primera firmó su acta de defunción al escribir un documento en el que exponía su visión sobre cuál debía ser el planteamiento futuro de Podemos, nada que ver con el diseñado por Iglesias para mantener su férreo control. Apartada y consciente de que no formaría parte de unas nuevas listas al Congreso, se presentó a las primarias en Galicia... y perdió. En cuanto finalice la legislatura se reintegrará a sus clases en la universidad.

Errejón, el amigo del alma de Iglesias y ex brazo derecho, empezó a distanciarse del líder hace dos años, harto de su egocentrismo y de que tomara decisiones sin consultar. Nunca ocultó Errejón su disconformidad con el pacto electoral que hizo Iglesias con IU, que además no tuvo el resultado esperado. Era tanto el malestar de Errejón que en Vistalegre II, congreso en el que el partido tenía que elegir nueva ejecutiva, presentó una candidatura rival a la de Iglesias. Se midieron en primarias... y ganó el secretario general, aunque el ex portavoz parlamentario tuvo un respaldo considerable que llevó a Iglesias a anunciar que lo presentaría candidato al Gobierno regional de Madrid en mayo del 2019, haciendo tándem con Manuela Carmena, que optará nuevamente por la Alcaldía.

Hasta ahí todo más o menos controlado, aunque el distanciamiento se convirtió en un abismo que disimulaban en público pero no en privado. Iglesias cumplió su promesa y apoyó la candidatura de Errejón, pero las aguas bajaban muy turbias: el líder de Podemos en Madrid, el controvertido Ramón Espinar, hombre que detesta a Errejón, no paró de ponerle zancadillas, pero en contrapartida éste se aproximó a Carmena, una mujer que desde es alcaldesa se separó del partido aunque no fuera militante. 

Sintiéndose fuerte como regidora, hace más de un mes anunció que incorporaba a su lista a la media docena de concejales de Podemos que habían formado parte de su equipo, de manera que no necesitaban pasar por el proceso de primarias.

Si se suma que Espinar intentó meter mano en la lista que pretendía formar Errejón, que además debían incrustar a miembros de IU, se comprende que éste decidiera tirar por la calle de en medio y anunciara el día del quinto aniversario de Podemos que su lista se presentaría con el nombre Más Madrid. Es decir, que dejaba plantados a Podemos, a Iglesias, a Espinar y a Garzón, el líder de IU. Es decir, que estaba harto de aguantar y que se arrimaba a Carmena para presentar las listas al Ayuntamiento y al Gobierno madrileños.

La egolatría de iglesias

Los problemas para Iglesias no son sólo con los fundadores. Ha cometido errores que han irritado a dirigentes y militantes pero también a políticos de otros partidos que cuentan que Iglesias es un personaje de trato complicado porque está tan pagado de sí mismo que provoca situaciones inadmisibles.

Todos recuerdan la rueda de prensa que convocó cuando Pedro Sánchez fue recibido por el Rey en las consultas para proponer presidente del Gobierno, e Iglesias anunció que en un Ejecutivo de coalición con el PSOE él tendría la Vicepresidencia, el CNI, Defensa, RTVE y Justicia. Para ir abriendo boca.

Desde el PSOE varias voces han expresado su malestar porque Iglesias se atribuía funciones que nadie le había dado, como cuando se entrevistó con los independentistas en prisión, y explicó después que lo había hecho porque Sánchez le pidió su mediación, lo que Moncloa desmintió categóricamente y además provocó un visible alejamiento entre ambos, agravado cuando Iglesias puso en cuestión los PGE.

Un dirigente que ha tenido bastante trato con Iglesias contó no hace mucho tiempo que no era una persona fiable, porque siempre que llama lo hace para para presumir después de que hablado con Fulano con Mengano, que tiene excelente relación con ellos, que puede utilizar esa relación para mediar en lo que haga falta... y se crea una aureola de conseguidor que no corresponde con la realidad.

Si actúa así con dirigentes de otros partidos, qué no hará con sus subordinados en Podemos. Con cualquiera con los que se hable se quejan de lo mismo: no consulta, no comparte, no cambia impresiones. Impone sus decisiones. Hace caso omiso a las normas del partido, entre ellas la que obliga a renunciar al escaño tras dos legislaturas. Cuando él y su novia compraron el chalé en Galapagar, con una importante hipoteca, en el partido se dieron cuenta de que ni él ni Irene Montero se habían planteado que no recibirían eternamente los salarios de diputados.

Esa actitud de imposición, además de provocar rupturas, ha derivado en fracturas en las confluencias. Ni Compromís ni las Mareas quieren ir a las próximas elecciones bajo el paraguas podemita sino con sus propias siglas. En Barcelona, Colau y En Comú han diluido la marca Podemos; en Andalucía, Teresa Rodríguez ha introducido el nombre Adelante Andalucía, y en Madrid, Carmena está imponiendo su lista y el nombre Más Madrid... al que se suma Errejón.

La respuesta de Iglesias ha sido contundente: Podemos presentará otra lista, a ver quién puede más. Pero el problema no es quién pega con más contundencia, sino hacer una reflexión sobre qué pasa en Podemos para que no puedan celebrar siquiera su quinto aniversario.

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