Algeciras CF - Linares Deportivo | La crónica El Algeciras, querer y no poder (0-0)

  • El equipo de Salva Ballesta, muy justito de fuerzas, iguala ante un rival más entero que le maniata

  • Los albirrojos siguen cuartos, ahora a un punto del tercero, el San Fernando, a falta de una jornada

  • La afición se lamenta de la ocasión perdida en la despedida de temporada del Nuevo Mirador

Yelko Pino controla el balón en el Algeciras-Linares.

Yelko Pino controla el balón en el Algeciras-Linares. / M. C. I. C.

Tener el sueño al alcance, a un solo gol y ver como cambia de manos sin poder hacer nada. El Algeciras CF dejó escapar una oportunidad de oro para recuperar la tercera plaza. El equipo albirrojo empató sin goles con el Linares Deportivo en su despedida de temporada del Nuevo Mirador. Los de Salva Ballesta estuvieron maniatados e impotentes ante un equipo mucho más fuerte a día de hoy, más fresco, un bloque de hormigón armado que lo tiene de cara para acabar como campeón de campeones del grupo IV. Lo mejor es que, a pesar de todo, el Algeciras sigue con opciones de alcanzar el playoff de ascenso en la última jornada: necesita vencer en Murcia al UCAM -que aún puede ser primero- y que el San Fernando no gane en Sevilla al Betis Deportivo en un mano a mano por el codiciadísimo tercer billete para el sueño de LaLiga SmartBank.

Hay vida y hay esperanza, y hasta el rabo... ya se sabe, pero el Algeciras ha llegado muy justito de fuerzas y de ideas al último tirón de la segunda fase. El partido que estaba llamado a ser una especie de homenaje entre equipo y afición no acabó con buen sabor de boca. Hubo recibimiento a la plantilla, aplausos antes, durante y después, y el aliento que nunca falta desde el cemento de los 800 incondicionales que sin el bicho de por medio habrían sido miles. Sin embargo, todo este calor no fue suficiente para que el Algeciras lograse derribar a un Linares sin fisuras, una escuadra inteligente y trabajadísima que no hace alardes pero tampoco los necesita. Los azulillos, que ya ganaron en Linarejos por su intensidad, estuvieron más cerca de la victoria que los rojiblancos en el Nuevo Mirador, al menos por ocasiones.

El Algeciras, demasiado impreciso al principio, se empecinó en intentar hacer algo que el Linares no le permitía. Los de Ballesta se ahogaron en su propio terreno tratando de jugar el balón ante una presión altísima. Con muchos hombres acumulados atrás y los de ataque descolgados arriba, se hizo un vacío en el centro del campo que convirtió el primer tiempo en una dictadura de los azulillos.

Ballesta formó un once reconocible en un plantel que ya no está para revoluciones. Volvió Dani Espejo y entró Yelko Pino. Son muchos los algeciristas que se van a quedar con la sensación de que apenas se ha visto al gallego con continuidad este curso. El resto, lo que queda en un vestuario exhausto aunque hay gente joven con muy pocos minutos.

Los primeros compases del Algeciras fueron rematadamente malos. El Linares no marcó de milagro ante la indecisión de un equipo que parecía un flan y no era capaz de salir con el balón y se resistía a hacerlo en largo. Esa asfixia dio pie a algún que otro susto y a un disparo de Toni García que casi aprovecha un regalo de Vallejo.

Los de casa tardaron en asomarse al balcón contrario. Hasta el minuto 19 no hilaron una acción rápida en la que Almenara disparó blandito a los guantes de Razak. Esos chispazos con toques rápidos es lo que al Algeciras le ha venido funcionando, pero si no hay chispa... Complicado.

El dominio visitante aplomó un primer tiempo en el que hubo poco que destacar salvo por un disparo con peligro de Toni García desde fuera del área que despejó Vallejo y otro chut del extremo de nuevo replicado por el meta algecirista, con el rechace fuera por poco en botas de Sanchidrián. ¿Y el Algeciras? El Algeciras se pasó los primeros 45 minutos corriendo para atrás.

Los azulillos dan un larguero y sufren un gol anulado en el rechace

Tras el descanso, Salva metió al primero de los tres cambios que hizo. El míster no es de gastar las cinco sustituciones a pesar de algunos van en reserva. Reapareció Raúl Hernández y el Algeciras trató de llegar a base de corazón más que de otra cosa. El rival siguió a lo suyo y estuvo a punto de marcar tras un chutazo de Julio Gracia que escupió el larguero. De hecho el Linares marcó en el rechace que cazó Marc Mas pero el árbitro anuló por fuera de juego a instancias de su asistente. Corría el minuto 56 y el Mirador veía como sus guerreros querían pero no podían.

Las intentonas más atrevidas del Algeciras llegaron por la banda izquierda, la mejor con un centro de Llinares que Canillas no acertó a rematar. Muy poquito del ariete malagueño en punta de lanza. Mas dio otro susto con un cabezazo que casi se le escurre a Vallejo de las manos y poco más en una recta final en la que la afición achuchó para dar ese empujoncito final.

Conscientes de que el Betis Deportivo perdía por dos goles en Sanlúcar y de que la tercera plaza estaba a tiro de victoria, el algecirismo se desgañitó en unos últimos compases estériles. Que la segunda fase era un premio para disfrutar, que sí, que ya se ha dicho hasta la saciedad, pero cuesta ver tan cerca un playoff a Segunda A y no alcanzarlo por centímetros.

Todavía queda una oportunidad más y el fútbol ya ha demostrado que cualquier cosa es posible. El algecirismo, seguro, creerá una vez más de aquí al domingo. ¿Lo hará el equipo? En siete días, la respuesta.

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