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ETA sigue en Algeciras

  • Ugaitz Errazkin ingresa en Botafuegos 29 años después del primer etarra

  • Diez presos de la extinta banda permanecen en la cárcel algecireña, la más alejada del País Vasco, en pleno debate sobre el acercamiento

El etarra José Miguel Gaztelu (tercero por la derecha), junto a familiares y amigos, sale de Botafuegos en octubre de 2017. El etarra José Miguel Gaztelu (tercero por la derecha), junto a familiares y amigos, sale de Botafuegos en octubre de 2017.

El etarra José Miguel Gaztelu (tercero por la derecha), junto a familiares y amigos, sale de Botafuegos en octubre de 2017. / E.S.

El 22 de octubre de 1984, Algeciras se preparaba para su gran noche de los Tosantos mientras digería los disgustos que le daba su equipo de fútbol. A 1.100 kilómetros, en la localidad guipuzcoana de Hernani, nacía Ugaitz Errazkin Telleria, un chaval que años después iba a dedicarse a actividades como colocar una bomba en el Juzgado de Tolosa, volar la Casa del Pueblo de Lazkao o dejar una ristra de artefactos explosivos en un repetidor en el monte Santa Bárbara de su pueblo para que cayera en la trampa la Ertzaintza. La Policía le relaciona además con la colocación de un coche-bomba en el campus de la Universidad de Navarra, cuya explosión causó 28 heridos y cuantiosos daños materiales. Pero Errazkin no se quedó ahí y supuestamente entró en el comando que asesinó en marzo de 2008 al concejal socialista de Mondragón (Guipúzcoa) Isaías Carrasco y al empresario Ignacio Uría, en Azpeitia en diciembre de ese mismo año. Desde marzo de 2009 estaba huido, poco antes de que fuera desarticulado el comando Asti, una célula legal (no fichada) a la que, siempre supuestamente, pertenecía. El 26 de junio de 2012, ocho meses después de que ETA anunciara que dejaba las pistolas, él iba armado cuando la Policía francesa lo detuvo en aquel país. Había dejado sus huellas en unos explosivos hallados en un zulo. Tras cumplir condena en Francia, el pasado 18 de abril fue entregado a España. Ingresó en la cárcel de Soto del Real, pero a principios de junio fue trasladado al centro penitenciario de Botafuegos, en la ciudad que se encuentra a casi 1.100 kilómetros de donde nació aquel día que el Algeciras comenzaba a precipitarse a la Segunda B mientras en el mercado se hacía acopio de frutos secos.

Desde la Piñera a Botafuegos, Ugaitz Errazkin es sólo el protagonista de un capítulo, el último, de la eterna presencia de etarras en las cárceles algecireñas. A escasa distancia de un Nuevo Mirador donde se sigue suspirando por los de blanco y rojo, aquel chaval de Hernani se ha encontrado con Mikel Arrieta Llopis, Unai Fano Aldasoro, Gorka Loran Lafourcade, Sergio Polo Escobes, Aurken Sola Campillo, Jon Igor Solana Matarran, German Urizar de Paz, Leire Etxeberria Simarro y Eider Perez Aristizabal. ETA ya no existe, pero algunos de los supuestos autores de sus crímenes recorren cada día las galerías de Botafuegos, como antes lo hicieron muchos otros.

Cuando Ugaitz Errazkin fue trasladado a Algeciras -ojo, la cárcel más lejana del País Vasco-, Fernando Grande-Marlaska acaba de tomar posesión como ministro de Interior. En esos días se conoció que el plan del Gobierno para acercar a cárceles próximas al País Vasco y Navarra a presos de ETA utilizará la información que sobre el grado de reinserción de los reclusos recabó el Ejecutivo de Mariano Rajoy en febrero, cuando negociaba en secreto con el Gobierno vasco un acercamiento. Cada caso se estudiará de manera individualizada, atendiendo a criterios como la edad o el estado de salud, entre otros. Pero está claro que sin hacer una sola concesión, como lo demuestra el traslado de Errazkin a Algeciras junto al del ex jefe de la banda Gorka Palacios, que ahora está en Murcia. Según publicó El Correo, que citaba a fuentes del Ministerio del Interior, tanto Palacios como Errazkin habían estado en centros de Madrid mientras estaban pendientes de gestiones judiciales en la Audiencia Nacional y que sus traslados a cárceles del sur peninsular responden a "motivos organizativos" de Instituciones Penitenciarias, que tiene la "potestad última" de designar el centro dónde se recluye a cada interno.

En Algeciras estuvo encarcelado José Miguel Gaztelu Otxandorena, uno de los integrantes del comando de ETA que mantuvo secuestrado al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara durante 532 días. También Iñaki Cañas Cartón, etarra condenado a 258 años de prisión, que se casó en 2009 entre sus muros con una idependentista gallega. En febrero fue excarcelado Karlos Cristóbal, uno de los tres miembros del comando Galicia que planeó asesinar en 1996 al entonces presidente de la Xunta y fundador del PP, Manuel Fraga. Fue en Algeciras, en agosto de 2006, donde José Ignacio de Juana Chaos comenzó una huelga de hambre. Aquí estuvo en tratamiento psiquiátrico el hombre que fue condenado a casi 3.000 años por su participación en 25 asesinatos. También estuvo en Algeciras el terrorista José Antonio López Ruiz, Kubati, miembro histórico de ETA cuyo nombre está ligado al de la exactivista María Dolores González Cataraín, Yoyes, a quien asesinó a sangre fría en presencia de su hijo, que era un niño pequeño, en 1986. En Algeciras cumplió los últimos años de su condena Javier Pagola, que participó en el atentado a Hipercor, o Inmaculada Noble, novia de De Juana Chaos e integrante del sanguinario Comando Madrid que sumó 325 años de cárcel por 23 asesinatos.

La historia de los presos de la banda terrorista ETA comienza en la vieja cárcel de la Piñera el 24 de agosto de 1989, cuando el Gobierno del PSOE puso en marcha la política de dispersión para presionar a la banda. Iñaki Azcárate Ramos -10 años y 6 meses de prisión por colaboración con banda armada-, Manuel José Madariaga Markoartu -18 años por tenencia ilícita de explosivos y colaboración con banda armada- y Aránzazu Carrera Carrera fueron los primeros internos etarras en llegar. De eso hace 29 años. Y sus compañeros por aquí siguen.

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