Aves de presa | Crítica Empoderando a la novia de Joker

Margot Robbie es la empoderada Harley Quinn en 'Aves de presa'. Margot Robbie es la empoderada Harley Quinn en 'Aves de presa'.

Margot Robbie es la empoderada Harley Quinn en 'Aves de presa'.

La voracidad del nuevo blockbuster franquiciado no conoce límites, y se puede permitir variaciones y derivas más o menos heterodoxas y supuestamente gamberras, pre-testadas siempre desde los despachos para el nuevo target millennial, de todas sus marcas principales.

Véase el caso DC: Batman, El escuadrón suicida (de la que esta película se dice spin-off), ese pretencioso y sobrevalorado Joker y, ahora, esta Aves de presa que da protagonismo a la novia despechada del guasón, Harley Quinn (Margot Robbie, hasta en la sopa), heroína de acción macarra y videoclipera dispuesta aquí a reivindicar junto a un colorido grupo multicultural de mujeres empoderadas, sus ovarios peleones, su doctorado en psicoanálisis y patadas voladoras, su maquillaje pálido y sus disparos de purpurina en un Gotham de callejones, fast-food y machirulos violentos (con Ewan McGregor a la cabeza del sadismo) a los que les he llegado el turno de sufrir en sus carnes las consecuencias de su largo historial de abusos patriarcales.

Dirige este pastiche posmoderno, ruidoso y pesadísimo la china Cathy Yan (Dead Pigs), a la que los guiños a Snyder (Sucker punch) o Tarantino (Kill Bill) le pillan con demasiadas precauciones, incorrección autorizada y botón de control parental. Dicen que Aves de presa ha superado ya a Joker en las valoraciones de los fans en plataformas como Rotten Tomatoes. Parece el signo de los tiempos: mediocridad pop y falso empoderamiento femenino revestidos de aura de prestigio y diagnóstico social. Tururú.