Historia del Campo de Gibaltar

Castellar: arqueología romana y musulmana

  • Los restos de la Edad del Bronce sirvieron de base a un asentamiento de época romana y posteriormente, cercano al recinto, continuaron habitados en tiempos de al-Ándalus

Dibujos de fragmentos de un ataifor y de una redoma de cerámica nazarí del siglo XV hallados en el interior de la villa por el arqueólogo Manuel Sotomayor en 1977.

Dibujos de fragmentos de un ataifor y de una redoma de cerámica nazarí del siglo XV hallados en el interior de la villa por el arqueólogo Manuel Sotomayor en 1977.

Los restos de una ocupación de la Edad del Bronce y de época ibérica, recuperados en el solar de la villa por el arqueólogo Manuel Sotomayor en el año 1979, sirvieron de base a un asentamiento de época romana, bien documentado, no solo, en el solar del castillo, sino en otros lugares del término municipal que continuaron habitados durante los siglos en que la zona formó parte de al-Ándalus.

Arqueología romana

En 1671 se descubrió, por diligencia de don Juan Antonio Moreno, Vicario y Gobernador de Castellar, en la Almoraima, cerca del río Guadarranque, una basa de estatua de mármol blanco con la siguiente inscripción:

Q • CORNELIO • F • GAL • SENECIONI ANNIANO • COS • PROCOS PONTI • ET • BITHYNIAE CURATORY • VIAE • APPIAE LEGATO • LEGIONIS • VII GEMINAE • FELICIS • CURATORI VIAE • LATINAE • PRAETORI • TRIBUNO PLEBIS • QVAESTORI • VRBANO SACERDOTI • HERCVLIS

Cuya traducción es la que sigue: A Quinto Cornelio Seneción Aniano, hijo de Quinto, de la tribu Galería, cónsul, procónsul del Ponto y de Bitynia, inspector de la vía Apia, legado de la Legión VII Gémina Félix, inspector de la vía latina, pretor, tribuno de la plebe, cuestor urbano, sacerdote de Hércules.

El tal Quinto Seneción Anniano ostentaba una serie de cargos muy relevantes, tanto civiles como militares, los cuales aparecen mencionados en la inscripción por orden de importancia. Este personaje debía de tener alguna relación directa con las tierras de Castellar, probablemente alguna villa que le pertenecía o asentamiento militar a su cargo donde se le erigió el monumento cuyo pedestal se descubrió en la Almoraima en el siglo XVIII, cuya ubicación actual se desconoce.

Manuel Sotomayor halló, en las excavaciones que realizó en el Castillo, un fragmento de borde de tégula romana. Se hallaba a una profundidad que correspondía bien a su época, y él cree que puede considerarse como resto de un nivel que quedó deshecho durante la ocupación musulmana. También recuperó una moneda romana muy deteriorada de época Flavia.

Dos monedas bajoimperiales halladas en la villa de Cotilla en 1979 acuñadas durante los reinados de los emperadores Valente (328–378 d. de C.) y Honorio (393–423 d. de C.). Dos monedas bajoimperiales halladas en la villa de Cotilla en 1979 acuñadas durante los reinados de los emperadores Valente (328–378 d. de C.) y Honorio (393–423 d. de C.).

Dos monedas bajoimperiales halladas en la villa de Cotilla en 1979 acuñadas durante los reinados de los emperadores Valente (328–378 d. de C.) y Honorio (393–423 d. de C.).

En la Dehesa de Cotilla, a unos 5 kilómetros del nuevo pueblo de Castellar, en la ladera de una colina que viene a morir en la margen derecha del río Guadarranque, se ha localizado una villa romana de notable extensión. La existencia de una vivienda rústica con diversas dependencias y la aparición de tres silos excavados en el terreno, restos de habitaciones, algunas monedas (dos de ellas, acuñadas durante los reinados de Valente y Honorio) y abundante cerámica de tosca factura, más algunos trozos de terra sigillata clara evidencian la ocupación del lugar, al menos durante el Bajo Imperio.

Fragmento de “terra sigillata” hallado en el yacimiento romano situado en la orilla izquierda del río Horgarganta, entre las carreteras A-405 y CA-513 Fragmento de “terra sigillata” hallado en el yacimiento romano situado en la orilla izquierda del río Horgarganta, entre las carreteras A-405 y CA-513

Fragmento de “terra sigillata” hallado en el yacimiento romano situado en la orilla izquierda del río Horgarganta, entre las carreteras A-405 y CA-513

Los restos de ánforas, por su factura, se puede asegurar que fueron fabricadas en los hornos romanos del Rinconcillo, según opinión del arqueólogo Manuel Sotomayor y de Pedro Rodríguez Oliva. Con posterioridad al hallazgo, fue visitado, prospectado y publicado sucintamente por Isidro Lorenzo Sevilla. Restos más dispersos de otra vivienda rústica se han encontrado en un otero situado a unos quinientos metros de la antigua estación de ferrocarril de Castellar, junto al río Hozgarganta. En Matillas, muy cerca del poblado del Olivar del Molino, en la cima de un cerro, se localizó una necrópolis con un conjunto de tumbas de inhumación en cistas trapezoidales formadas por pequeñas lajas verticales, sin cubierta visible, probablemente de cronología tardorromana. 

A medio kilómetro de la Casa-Convento de la Almoraima se descubrieron en 1979 varias sepulturas formadas por losas de piedra muy toscas, y en la ladera de la colina que rodea lo que fue la antigua Venta del Agua del Quejigo (hoy desaparecida) se excavaron varias sepulturas construidas con ladrillos y tejas y cubiertas con losas de piedra que en un primer momento se catalogaron como de época bajo imperial, aunque al haber aparecido en el mismo lugar, en los años cincuenta, una lápida funeraria con inscripción fechada en época visigoda, ha llevado a revisar la datación cronológica del yacimiento que debió estar relacionado con la cercana Venta del Agua del Quejigo

Arqueología musulmana

En lo referente a los restos musulmanes anteriores al período nazarí–meriní hallados en la fortaleza y sus alrededores, son escasos; si bien no cabe duda que una investigación arqueológica sistematizada aportaría preciosos datos sobre el "hisn" o castillo de Castellar de la Alta Edad Media, bien documentado en la crónica del historiador cordobés Ibn Hayyán. De época califal se conserva una moneda de plata perforada para ser utilizada como aderezo.

Será a partir de mediados del siglo XIII cuando Castellar se convierta en uno de los más sobresalientes y estratégicos enclaves de la cadena defensiva granadina en la frontera sudoccidental del reino nazarí. Sus murallas, que habían pasado por mil avatares en tiempos emirales y califales, serán remodeladas añadiéndoseles toda una serie de elementos arquitectónicos por los nazaríes, meriníes y, luego, castellanos con el fin de fortalecer su ya de por sí magnífica e inexpugnable posición.

En los períodos en que las treguas firmadas con Castilla permitían unas relaciones normalizadas con el reino vecino, la población que habitaba el término de Castellar se distribuía entre los vecinos que moraban en el interior de la fortaleza y aquellos que vivían dispersos en alquerías o aldeas en el resto del término. Buena prueba de ello son los numerosos fragmentos cerámicos recogidos en lugares alejados del castillo y de su recinto urbano, siendo la ya citada villa romana de Cotilla (reocupada en época musulmana) uno de los lugares que mejores y más abundantes restos nos ha proporcionado.

Se han recogido en su solar trozos de cerámica de buena calidad adornados con trazos geométricos en negro o vidriados en verde. Este hecho demuestra que sobre los niveles de ocupación romana se establecieron, en época musulmana, moradores que la habitaron durante varios siglos hasta que tuvieron que abandonarla, probablemente cuando el peligro de la frontera castellana se aproximó a los valles del Guadarranque y del Hozgarganta a mediados del siglo XIV.

Dibujos de fragmentos de un ataifor y de una redoma de cerámica nazarí del siglo XV hallados en el interior de la villa por el arqueólogo Manuel Sotomayor en 1977. Dibujos de fragmentos de un ataifor y de una redoma de cerámica nazarí del siglo XV hallados en el interior de la villa por el arqueólogo Manuel Sotomayor en 1977.

Dibujos de fragmentos de un ataifor y de una redoma de cerámica nazarí del siglo XV hallados en el interior de la villa por el arqueólogo Manuel Sotomayor en 1977.

En la citada excavación realizada por Manuel Sotomayor en dos puntos de la villa-fortaleza, se recuperaron numerosos restos cerámicos de época musulmana, casi todos ellos con una cronología situada entre los siglos XIII y XV y una filiación nazarí o meriní. En su mayor parte se trataba de fragmentos de cerámica nazarí vidriada (526 fragmentos en el nivel IV-a, 1.333 en el nivel IV-b y 140 en el IV-c).

Estela funeraria de cerámica estampillada hallada en los entornos del Castillo en los años sesenta. (Sólo se conserva el disco). Estela funeraria de cerámica estampillada hallada en los entornos del Castillo en los años sesenta. (Sólo se conserva el disco).

Estela funeraria de cerámica estampillada hallada en los entornos del Castillo en los años sesenta. (Sólo se conserva el disco).

En una brecha situada entre dos grandes lajas de piedra, al pie de la muralla, se localizó en los años sesenta una estela funeraria de cerámica estampillada datada en la segunda mitad del siglo XIII o principios del XIV. Conserva únicamente el disco, careciendo de la peana y de las protuberancias laterales ('orejas') típicas de ese tipo de estelas. La decoración consiste en un motivo centrado estampillado compuesto por una estrella de ocho puntas cortada por una línea polilobulada que encierra una flor hexapétala. Hoy se halla en el Museo Municipal de Algeciras.

Sin embargo, el yacimiento arqueológico de época medieval más relevante de los localizados en el término de Castellar -al margen de la villa-fortaleza- es el hallado en el Olivar del Molino, situado en el curso medio del río Hozgarganta. Abarca una colina que se extiende desde el cortijo de Matillas hasta el cerro de Barcilla, ocupando una superficie aproximada de 10 Ha. Lo forman los restos de un poblado o alquería de notable extensión en el que se han localizado vestigios de antiguas viviendas muy arrasadas y de un muro, en su parte oeste, que pudo ser el tramo arruinado de un recinto defensivo. También se han hallado restos de estructuras hidráulicas.

En varias partes del yacimiento, prospectado por un equipo dirigido por Isidro Lorenzo Sevilla, se ha recogido abundante material cerámico de clara adscripción musulmana (fragmentos de cazuelas, ollas, ataifores vidriados en melado y con decoración interior en manganeso, jarritas con decoración a la cuerda seca y con vedrío melado o verde, etc.) Según la técnica utilizada en la decoración y la tipología de las formas se podría tratar de tipos cerámicos de los siglos XII o XIII (almorávide o almohade-meriní). Sería una de las muchas alquerías que existieron en el término de Castellar durante la etapa musulmana y que quedaron despobladas, como se ha referido con anterioridad, cuando la frontera castellana se acercó a los valles de los ríos Guadarranque y Hozgarganta y la vida fuera de los recintos amurallados se tornó extremadamente peligrosa.

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