Un café con Paula

La zona de confort

  • Preferimos mantenernos incómodos en nuestra comodidad que atrevernos a perseguir nuestros sueños por si acaso nunca llegamos a cumplirlos

La zona de confort. La zona de confort.

La zona de confort.

A lo largo de nuestra vida pasamos por muchos momentos en los que no sabemos cómo avanzar, nos bloqueamos o simplemente nos dejamos llevar por la corriente y la rutina del día a día, sin plantearnos si estamos viviendo como realmente queremos. En estos momentos solemos estar anclados en nuestra zona de confort, esta zona no es más que mantenernos estáticos y estables en los que no se asume ningún riesgo.

En muchas ocasiones, quedarnos en nuestra zona de confort implica también comportamientos de evitación, se trata de una pasividad que nos hace sentirnos seguros y con todo bajo control. Realmente no sentimos bienestar, sino ausencia de emociones negativas como incertidumbre o inseguridad por estar transitando entornos desconocidos. Evitamos nuevas experiencias y deseos por miedo a avanzar y fracasar. Es decir, preferimos mantenernos incómodos en nuestra comodidad que atrevernos a perseguir nuestros sueños por si acaso nunca llegamos a cumplirlos.

En nuestra sociedad es una actitud reforzada y común, de hecho, nos enseñan desde pequeñitos a esforzarnos, para más tarde conformarnos y aguantar. El refranero popular nunca miente sobre cómo es una cultura y en la nuestra encontramos joyas como “Más vale malo conocido que bueno por conocer”, “Virgencita que me dejen como estoy” o “Más vale pájaro en mano que ciento volando”. Refranes que desde que somos pequeños oímos una y otra vez, pero, ¿de verdad es mejor quedarse con algo que nos hace daño o quedarnos con un pequeño logro que nos hace infelices?

En estas expresiones nos estamos perdiendo parte de la belleza de la vida, conocer nuevas sensaciones y oportunidades nuevas, sin embargo, también podríamos fijarnos en otros refranes como “Cuando una puerta de cierra otra se abre” o “El que no se embarca no se marea”. Esto es algo que aprendí de mi abuelo, que aunque no creo que conociera la zona de confort ya tenía una ligera idea de que correr riesgos podía ser beneficioso, puede que el mareo sea un pequeño efecto colateral de montar en barco pero si no montamos nunca podremos ver la grandiosidad del mar.

Pero, ¿cómo salimos de esa zona cómoda y sorteamos nuestros miedos? Muchas personas quieren hacerlo, pero si algo tiene el miedo, es que nos bloquea y paraliza.

Lo primero es saber que para salir de la zona de confort es primordial tener una motivación para ello, debes querer cambiar algo. Coge papel y boli, pues nuestras emociones y deseos si no se plasman se disipan en pensamientos.

Empieza a escribir, ¿algo de tu vida te molesta o no te gusta? Si tu respuesta es sí, ya sabes que debes salir de tu zona de comodidad.

¿Qué es lo que quieres cambiar? ¿Por qué y para qué? Es decir, tienes que tener una gran motivación para superar esos miedos y enfrentarte a la incertidumbre que produce salir de tu zona confortable. ¿Cuál es mi talento, mi deseo o mi pasión? Salir de la zona también tiene que ver con hacer lo que realmente te gusta, ya sea música, arte o punto de cruz.

Confiar en ti. Y confiar en ti no significa tener una gran autoestima que nos hace superhéroes, sino que a pesar de las inseguridades te das la oportunidad de quitar todas las etiquetas negativas y centrarte en ese talento que tienes. Por ejemplo, yo suelo ser despistada y siempre he tenido esa fama, pero, ¿y si me centro en que lo soy porque también tengo capacidad multitarea y en mi mente siempre hay multitud de ideas? Seguro que es mucho más positivo para que me atreva a salir de mi comodidad confiando en mí.

Practica mindfulness, el centrarte en el aquí y el ahora acogiendo los cambios que vengan, olvidando el futuro y por tanto el miedo a la inestabilidad.

Detecta y escribe tus excusas. Tendemos a defendernos excusándonos, buscando “pero” e “y si” que nos anclan a esa zona de falsa comodidad.

Deja de quejarte. Entre las excusas y las quejas tenemos una mezcla perfecta para postergar lo que queremos hacer. Escribe tus quejas durante una semana. Vas a ver un gran listado de ellas y te darás cuenta de toda la energía que te restan. Al lado de cada queja escribe una frase alternativa positiva, dale la vuelta a la tortilla. Practica durante una semana no caer en la queja y centrarte en el listado de alternativas positivas que creaste. ¿Qué semana tuviste más energía? Probablemente la segunda, y si no fue así significa que estás tan arraigado a esa zona que necesitas seguir practicando.

Salir de la zona de confort no es fácil, de hecho es incómodo, y sentimos inseguridad, pero siguiendo con los refranes, “el que no arriesga no gana” y para ampliar tu horizonte y poder tener un crecimiento personal enriquecedor que te haga sentir vivo y libre es necesario afrontar ciertos riesgos y la posibilidad de equivocarse.

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