El patrón de la 'Salvamar Arcturus' se jubila: "Me llevo un cuaderno de bitácora lleno de vivencias en mi corazón"
José María Caballero Márquez defiende que sido todo un honor pertenecer a una institución dedicada a salvar vidas en la mar y a velar por la seguridad marítima
José María Caballero Márquez, patrón de la embarcación Salvamar Arcturus de Salvamento Marítimo, acaba de alcanzar su jubilación tras quince años dedicado al rescate de personas y la atención en el mar. Esta es la carta de despedida que entregó a sus compañeros y que la entidad comparte con la sociedad, a modo de reflexión sobre la labor que se desempeña a diario, a través de Europa Sur.
Queridos compañeros y compañeras:
Tras más de quince años de singladura en Salvamento Marítimo, ha llegado el momento de arriar velas, cerrar mi cuaderno de bitácora y acabar esta etapa de mi vida para empezar otra a partir del 1 de marzo dejando paso a las nuevas generaciones. Y esa, mis queridos/as compañeros/as, es mi jubilación.
Aún recuerdo y añoro aquellos años noventa en los que divagaba por la Cruz Roja del Mar, sin rumbo fijo, con ojos de anhelo y desde el puerto de Tarifa contemplaba la llegada de los barcos naranjas: el Punta Service, el Punta Mayor, la Salvamar Dos, la Salvamar Algeciras... Sus cascos brillaban al sol como flotantes promesas, en mi interior iban creciendo y creciendo las ganas de formar parte algún día de una de aquellas tripulaciones. A veces me imaginaba, como si fuera un niño, manejando el timón y salvando las embestidas de los oleajes al rescate de algo o de alguien. Reconozco que, como dice el refrán, “no es oro todo lo que reluce” pero perseveré sin rendirme ni un solo día y con constancia y ahínco finalmente mi objetivo arribó a buen puerto: pude pertenecer a la tan anhelada tripulación de Salvamento Marítimo.
Ha sido todo un honor pertenecer a esta institución dedicada a salvar vidas en la mar y a velar por la seguridad marítima tanto en el Estrecho como en la cobertura de zonas SAR.
Me siento profundamente afortunado y orgulloso de haber aportado mi humilde granito de arena, hombro con hombro, codo con codo, con todos/as vosotros/as, a una labor tan necesaria como silenciosa.
Recuerdo que hubo noches largas, sin apenas dormir, de esas en las que la madrugá pesa más que la propia fuerza del mar. Noches en las que el silencio solo lo rompía el viento y el golpear del casco contra las olas y la oscuridad. En más de una ocasión nos tocó adentrarnos en las aguas del Estrecho, ese mar fronterizo que, como un vientre antiguo y desgarrado, no dejaba ni deja desafortunadamente, de parir historias humanas.
Allí aprendimos que el rescate no siempre tiene el mismo final. A veces fueron manos que se aferraban a la vida con una fuerza conmovedora: una niña, un niño, un bebé, una mujer embarazada... Otras, por desgracia, cuerpos silenciosos que el agua devolvía con dolor y sin aliento. Cada uno de ellos llevaba un nombre, un sueño, una esperanza perdida a la deriva cual barco sin vela y sin timón cruzando en la noche. Y cada uno dejó en todos nosotros/as, una huella imborrable.
Fueron momentos muy duros, imposibles de explicar del todo. No me salen las palabras para poder expresar todo el dolor que se grabaron a fuego en mi alma y en mi corazón. Noches oscuras y silenciosas en las que el frío cala más en el alma que en la piel. Pero incluso en esa oscuridad, supimos que nuestra presencia era necesaria para poder ofrecer una oportunidad, para devolver un abrazo, o simplemente para dar dignidad y respeto a quien el mar ya no pudo sostener.
Porque el Estrecho no solo separa tierras, también une destinos, y nosotros/as fuimos testigos, y parte importante de esa lucha constante entre la vida y la inmensidad.
Me llevo un cuaderno de bitácora lleno de vivencias en mi corazón, aprendizajes forjados en mareas tranquilas y en temporales inciertos, y sobre todo, el recuerdo imborrable del compañerismo y la entrega de un equipo humano extraordinario tanto a los que seguirán estando, como a los que se jubilaron, de los cuales guardo en mí, gratos recuerdos. En los días claros y en las noches más difíciles siempre encontré compromiso, profesionalidad y ese apoyo mutuo que nos define y nos sostiene.
Gracias por la confianza, por el trabajo compartido y por cada instante vivido. Os deseo siempre buena mar, horizontes despejados y el mayor de los éxitos en cada nueva travesía que emprendáis para siempre arribar a buen puerto todos y todas sanos y salvo.
Saludos.
José María Caballero Márquez
Patrón de la Salvamar Arcturus de Salvamento Marítimo
Temas relacionados
No hay comentarios