Un café con Paula

La familia, el sistema para construir nuestra identidad

  • La terapia de familia permite solucionar conflictos en las relaciones o ayudar a la mejora de uno de los miembros

  • Las necesidades de cada integrante cambian según su edad

Una familia espera para cruzar en una calle. Una familia espera para cruzar en una calle.

Una familia espera para cruzar en una calle. / Agencias

Dentro de la psicología existen diferentes orientaciones desde las que vemos el origen de los problemas y la búsqueda de soluciones. Cada psicólogo tiene su propio marco de referencia a nivel teórico desde el que se posiciona y trabaja, sin embargo, a pesar de ser algo primordial tenerlo, hoy sabemos que lo más importante para que una terapia avance es el vínculo terapéutico, que no es más que la relación que establecemos con el paciente.

Así de importantes son las relaciones con los demás, que hasta la relación que creamos con el psicólogo es el predictor de mayor peso en la evolución de la terapia. Por eso, quiero dar a conocer de forma cercana y asequible qué es la terapia sistémica y en qué puede ayudarnos en nuestro día a día, ya que es la orientación psicológica que estudia las relaciones.

Aunque su nombre pueda parecernos raro de primeras, sistémica significa basada en sistemas, y, ¿Qué es un sistema? Un grupo, en este caso de personas, en el que sus miembros interactúan mutuamente. Así, podemos entender que la pareja y la familia, por ejemplo, son un sistema. Y cuando establecemos estas relaciones creamos reglas, límites, roles de cada miembro… y eso nos identifica como grupo o sistema con el que nos sentimos reconocidos y al que pertenecemos. Por ende, el ser humano no existe “solo en el mundo”, pertenece a diferentes sistemas. Esto hace que sea muy importante un marco de conceptualización relacional-sistémico, nos ayudará a entender los sucesos de forma más completa.

Desde la sistémica no es tan importante si la persona tiene un diagnóstico concreto o una patología, si no ver qué papel juega cada miembro de su sistema en que se mantengan los síntomas, y cómo podríamos realizar cambios dentro del sistema que ayuden a mejorar tanto las relaciones como el malestar del paciente en sí. De hecho, se ve al paciente como paciente identificado o portador del síntoma, pero comprendiendo que es la manifestación de un síntoma del propio sistema, es decir, un malestar compartido al que todos pueden aportar algo para sanarlo.

Desde esta perspectiva, se trabaja en terapia de familia, para solucionar conflictos en las relaciones o ayudar a la mejora de uno de los miembros del sistema, en terapia individual, en la que la familia puede acudir a echar una mano o simplemente no venir pero igualmente se tiene en cuenta el contexto en el que vive la persona para plantear su tratamiento, en terapia infanto-juvenil, importantísimo este prisma para poder ayudar a los padres a gestionar aquello que le ocurre a su hijo, según la edad y la cuestión, las sesiones irán dirigidas a los padres, a ambos o al hijo en mayor medida, y en terapia de pareja, en las que se trabajaran aquellas cuestiones de la relación que necesitemos mejorar.

En muchas ocasiones los sistemas, las familias, tenemos una manera de llevar las cosas, de relacionarnos y de convivir. Seguro que el momento en el que aparecen son formas útiles de hacerlo, pero lo más probable es que a medida que va pasando el tiempo sean formas de hacer las cosas que van quedando obsoletas, sin embargo, el ser humano, es un ser de costumbres, y en muchas ocasiones la vida va evolucionando, pero nos cuesta hacer esa adaptación a nuevos patrones de conducta y de relación. Por ejemplo; con 2 añitos bañamos a un hijo, pero cuando tiene 10 el niño tiene otras necesidades de independencia y aún más a sus 15, lo normal es que nos vayamos adaptando a esas necesidades y cambiando la manera de hacer, eso es lo que se llama en sistémica crisis, cualquier situación en la que el sistema necesita un cambio. Las familias pasan por muchas crisis, de hecho, todo el ciclo vital está lleno de crisis y cambios, sin embargo, si no conseguimos gestionarlos o cambiar, ahí es donde comienza la problemática y donde en muchos casos es necesaria la ayuda exterior, una visión objetiva que plantee esos cambios necesarios para que el sistema subsista y se convierta en su versión mejorada.

En resumen, la sistémica es una orientación psicológica y terapéutica, desde la que podemos ayudar a avanzar en momentos de crisis a cualquier sistema familiar, pero también a cualquier persona de forma individual, ya que todos formamos parte de diferentes sistemas que nos afectan e influyen.

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